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Germán Coppini, el alma de los años 80

Una nueva biografía profundiza en el carácter lírico y poliédrico del cantante de los legendarios “Golpes Bajos” y “Siniestro Total”

Germán Coopini

Germán Coopini

Tras cuarenta años de sombra, España abría las ventanas y dejaba pasar, al fin, la luz y el aire. El olor a moho se disipaba y la música, la pintura, la fotografía y Madriz, con z, se abrieron paso entre los cimientos de un país en el que el tiempo parecía que se había parado. Eran tiempos de cambio, con la cultura como ariete y la libertad como fin. Se consiguió. Y el tiempo demostró que no fuimos nunca tan libres como en aquella época.

“Golpes Bajos” irrumpió en la escena musical del Madrid de los 80 desde Vigo una ciudad, como tantas otras, asolada por el paro y los conflictos sociales derivados de una salvaje reconversión industrial. Su paso fue efímero pero tan intenso que bien podríamos decir que sin ellos no se entendería la música española de los años 80. El poeta Antonio Marín Albalate recupera para nosotros gracias a su último libro “Germán Coppini. Colecciono moscas” (E. Milenio) la memoria del líder carismático de la formación viguesa.

A la Movida se llegó desde muchos caminos. Uno de ellos fue el de la protesta social, la rebelión a través de la música: “Aunque había alguna gente pija en los entresijos de aquel movimiento de modernos lo cierto es que supieron estar en las calles con la gente y ayudaron mucho a la expansión de lo que daría en llamarse la Edad de Oro del pop español. La mitificada Movida madrileña era más estética que otra cosa, muchos grupos vacíos de contenido se apuntaron a ello. La rebelión más social se dio en los grupos de la zona de Euskadi, que estaban más en la onda punk rock, recordemos a ‘Las Vulpes’, ‘Kortatu’, ‘Eskorbuto’, ‘Barricada’…”.

Germán Coppini emerge a la superficie vestido de punk y de la mano de “Siniestro Total”, una formación con canciones irreverentes y letras imposibles que hoy, probablemente, le traerían más de un problema en esta sociedad tan artificialmente escandalizada. Aunque suene raro, el trayecto que hay desde “Ayatollah no me toques la pirola” hasta. “Malos tiempos para la lírica” es más corto de lo que en un principio parece: “Ese primer Germán Coppini, el de ‘Siniestro Total’, tuvo necesariamente que pasar por el punk para descubrir que realmente lo que le apasionaba era componer y cantar letras más llenas de lirismo como las de ‘Golpes’. Con este grupo desarrolló plenamente su potencial creativo”.

Retrato de Germán Coppini para la portada del libro de Antonio Marín Albalate.

Una camisa, la del punk, que le venía estrecha. Y Germán se harta: se harta de los conciertos rodeados de un público más bien violento y tras el botellazo recibido en el escenario de la sala Zeleste de Barcelona, decide poner fin a aquella historia, ponerse en contacto con Teo Cardalda, al que había conocido en el instituto, y poner en marcha “Golpes Bajos”, acompañados por Pablo Novoa y Luis García para cerrar el cuarteto: “‘Golpes Bajos’ fue un grupo con una corta trayectoria pero sin el que no se entiende la música de los años 80. Irrumpieron en el panorama musical de la época de una manera inusitada. A todos nos sorprendieron aquellas canciones tan llenas de contenido. Muchos poetas de reconocido prestigio, como sería el caso de Blanca Andreu, los citaban. Al margen de su acertada estética, impactaron por la frescura de su música y el contenido de sus canciones.

Y el resto ya es historia, almacenada para el recuerdo escondida bajo los surcos de un LP (“A santa compaña”, Nuevos Medios, 1984) dos mini lp’s (“Golpes Bajos”. Nuevos Medios, 1983) y “Devocionario”. Nuevos Medios.1985) y un puñado de singles, maxisingles y hasta dos recopilatorios. Un paso fugaz, el éxito incontestable bajo el paraguas de la formación y la caída en el olvido al iniciar su etapa en solitario. Es posible que quisiera refugiarse de la fama. O, quizá, la fama no le quiso más a él: “Cuando ‘Golpes’ se disuelven, Coppini parece que no termina de arrancar del todo en sus inicios como solista. Es algo muy injusto porque dejó un legado de muy buenos discos. Él era tímido por naturaleza y creo que se refugió de la fama. No tuvo mucha suerte con su andadura en solitario, quizá porque siempre estaba en continuo proceso de experimentación y nunca siguió las modas del momento”.

Comprometido, solidario, prácticamente incapaz de rechazar cualquier proyecto que le propusieran, se significó como una figura políticamente comprometida, de izquierda, republicano. Un país que no supo cerrar bien las heridas del pasado quizá no digirió que se señalara tanto. Y ya se sabe con qué facilidad se cierran puertas según a quien si no actúa según como: “Es posible que su conciencia de persona de izquierdas contribuyera a cerrarle puertas. Pero eso a él no le importaba mucho. Si hubiese que resumir en pocas palabras su trayectoria serían canción y compromiso. Germán fue verdadero en todo, en su vida, en su obra y en su manera de estar en el mundo luchando contra la injusticia.... Por eso, entre otras cosas, se le echa tanto de menos”.

Era un infatigable creador. Hasta el último momento, ya hospitalizado, seguía trabajando

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“Germán Coppini. Colecciono moscas” es algo más que un libro biográfico. Es un recorrido que nos lleva desde la movida política hasta la cultural, desde los recuerdos de infancia y adolescencia que del cantante guarda su hermana Cristina, de sus dotes literarias, de sus dotes de pintor, de su amplia cultura, de “Malos tiempos para la lírica” pero también de “El ladrón de Bagdad”, desde “Coco y los del 1500” y “Mari Cruz Soriano y los que afinan su piano” hasta “Cinco poemas y una canción para después de la lluvia”: a Germán uno puede acercarse desde muchos ángulos. Desde el lado tanto musical y desde el literario. Hacía unos dibujos geniales y escribía textos que andan por ahí, dispersos en revistas como “Litoral”, por ejemplo. Junto a Jorge San Román publicó el libro “Duelos y quebrantos. Cuentos Escabrosos del Gran Miracoloso” que sería prologado por el gran Paul Naschy.

En lo musical, dado que los discos primeros andan descatalogados, hay que recurrir a Lemuria Music, un sello independiente que distribuye Warner. Lemuria, bajo la dirección de Pablo Lacárcel, se ha encargado de reeditar todo el material de Coppini y de publicar lo nuevo. Póstumamente saldrían los discos “Semper Audax (2014) y “Quimera” (2016). Y seguro que saldrán más porque dejó mucho material inédito. Era un infatigable creador. Hasta el último momento, ya hospitalizado, seguía trabajando.

El poeta Luis García Gil prologa este libro imprescindible para los amantes de Coppini y para los que aspiren a ello, porque “Coppini no ha muerto. Coppini está en estas páginas. Vive en el cálido abrazo de quienes le han querido, de quienes se han sentido conmovidos por su cancionero pop y por una personalidad que siempre estuvo presente en la escena musical pese a que el éxito–ese caprichoso y endiablado ente– no siempre le acompañara. Queda, eso sí, su poesía y su talante en medio del naufragio de un tiempo de cenizas. Memoria eterna a Germán Coppini”.

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