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El crimen desesperado

Tres crímenes les voy a contar, todos reales y absurdos. ¿Se atreven con ellos?

María Oruña, en una imagen reciente // Ricardo Grobas

María Oruña, en una imagen reciente // Ricardo Grobas

¿Sabían ustedes que un subcampeón de Wimbledon asesinó, descuartizó e introdujo a una venerable viuda sueca en un baúl, que después intentó enviar desde Marsella a Londres en tren? Por fortuna, el personal de la estación se dio cuenta de que no era precisamente normal que un arcón de viaje oliese de forma tan desagradable. Lo de que chorrease sangre tampoco les debió parecer apropiado.

Corría el año 1907, y el escándalo fue de extraordinarias dimensiones. ¿Cómo era posible que Vere Thomas Saint Leges Goold fuese el asesino en este drama? Había sido subcampeón de Wimbledon en 1879; venía de una buena familia irlandesa, era apuesto y educado. Su historia, acaso, pudiera interesarnos por la asombrosa capacidad del ser humano para degradarse, para perder el honor y la dignidad. Tras su logro en Wimbledon, Vere no consiguió grandes victorias, y terminó su carrera deportiva apenas pasados cinco años, cayendo en el alcoholismo y la drogadicción. Conoció a Marie Giraundin, que regentaba una casa de modas de dudosa reputación, pues algunos decían que funcionaba de tapadera para negocios más carnales. La joven ya había dejado en el camino a dos maridos, fallecidos en circunstancias poco claras, pero eso no pareció importar a Vere.

La pareja se casó y vivió de forma ostentosa y extravagante, dando grandes fiestas. Como era de suponer, el jolgorio se fue acabando a la par que lo hacía el dinero, y terminaron por marcharse a Canadá, dejando atrás algunas deudas. A su regreso a Europa, a Marie se le ocurrió la gran jugada: ¿por qué no se iban al Casino de Montecarlo, a probar fortuna? Ella consideraba disponer de un método de juego infalible, que les haría salir de allí como los grandes señores que siempre habían debido ser. Sin embargo, carecían de dinero para las apuestas. Ya en Montecarlo, embaucaron a Enma Levin -sí, la que terminó dentro del baúl- para que les prestase una gran cantidad económica. ¡El método de juego de Marie era infalible!

Como se imaginarán, el método resultó un desastre, y perdieron todo lo que apostaron. Pidieron más dinero a la acaudalada viuda, pero esta decidió abandonar Montecarlo, entre otros motivos porque una de sus amigas íntimas, Madame Castellazzi, la había ya prevenido duramente sobre la pareja, incluso en público. Lo demás ya se lo imaginarán, pues en el cuarto de la viuda, que después no aparecía por ninguna parte, encontraron mucha sangre, un martillo y una sierra. Vere aseguró que había sido su esposa, aunque a la víctima la hubiesen descuartizado entre ambos. Que si celos, que si ella amenazó con tal cosa, que si la otra dijo lo contrario? Como si importase, como si pudiese existir algún argumento que justificase ningún crimen. El matrimonio fue condenado, y Vere terminó suicidándose en 1907 en la colonia tropical de la Isla del Diablo a donde había sido enviado para cumplir su cadena perpetua. Marie, murió en 1914 en la cárcel de Montepellier. Su infalible método los había llevado al abismo.

Nos quedan dos crímenes por desgranar. Otro día, si quieren, se los cuento.

[CONTINUARÁ]

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