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Viajera solidaria con sangre gallega

La fotógrafa, escritora e "instagramer" Cristina Maruri destina todo lo que gana con su creatividad a fines solidarios - Su inclinación humanista nació en su primera juventud en Vigo

Viajera solidaria con sangre gallega

Viajera solidaria con sangre gallega

Pasó buena parte de su niñez y adolescencia en Vigo, donde vive parte de su familia: padres, hermano y sobrinos. Estudió en los colegios vigueses de Carmelitas y Jesuitas y su abuela paterna era gallega. Cristina Maruri ya es muy conocida en su tierra vasca, en Andalucía y en el universo de Instagram, donde tiene más de 18.000 seguidores (su perfil es bahiadelaplata), pero quiere que se le conozca también en Galicia como fotógrafa, escritora y viajera solidaria. La bilbaína, que trabaja como asesora jurídica para un importante grupo industrial, dedica todo su talento artístico a ayudar a los más desfavorecidos de los países a los que viaja, como Etiopía, Vietnam, Nepal, India, Filipinas o Sri Lanka, su último destino. "Ahora quiero ir a Arabia Saudí, adonde hasta hace unos meses las mujeres no podían viajar solas", comenta a FARO. "Quiero ser de las primeras, hacer fotos y mostrar cómo viven las mujeres en ese país con falta de derechos".

Ella misma se costea sus viajes, siempre en solitario, y los aprovecha para meditar y para entregar personalmente la ayuda a aquellos que más lo necesitan.También colabora con organizaciones como Oxfam o Manos Unidas. "Animo a todo el mundo a dar a las ONG -precisa-, he estado con las hermanas de la caridad en Gondar, Etiopía. Allí cinco monjitas atienden a 300 disminuidos". En ese lugar del cuerno de África vivió lo que más le ha impactado en sus viajes. Allí las hermanas de la caridad de Teresa de Calcuta cuidan a medio centenar de enfermos psíquicos, algunos mutilados, los más olvidados entre los olvidados. La escena era tan tremenda que el guía no quiso entrar en el barracón. "Los enfermos me tocaban como si fuera Jesucristo. Nadie iba nunca a verlos, y lo único que querían sentir era humanidad y calor. Me puse a llorar".

En India acudió también a focos de pobreza extrema, donde la gente muere en las calles, y en Manila visitó los suburbios y el tristemente célebre "cementerio de los vivos" donde los que no tienen nada malviven entre las tumbas. Preguntada sobre su seguridad, explica que es "osada pero no insensata": "Siempre contacto con agencias locales, es más barato y conocen mejor el país. En Manila fui a los suburbios con tres guardaespaldas". Pese al riesgo y la desolación, vale la pena. "En Manila, con un euro y medio di de comer 10 raciones de arroz hervido", recuerda.

Recauda dinero y recoge material escolar y móviles viejos. Cualquier ayuda, por escasa que sea, hace milagros en estos lugares: con un euro se vacuna a un niño. Con treinta se alimenta a una familia en Etiopía un mes. Por eso destina todo lo que gana por su actividad artística a fines solidarios. Ha publicado dos libros, "Todas mis fotos hablan de ti", que publicita como "la primera novela basada en Instagram", y "Los poemas de nadia" (Vitruvio). Tiene escritos otros cuatro, y ahora expone en Bilbao sus fotografías. A esas imágenes les añade un eslogan y las amplía a pósters que pone a la venta en su blog, cristinamaruri.com, con la ayuda del diseñador Giovani Vargas, de la empresa Softbages SL. Embajadora de la ONG Fair Saturday (una réplica solidaria al "black friday" que pretende mejorar el mundo a través del arte y la cultura), cuenta también con donaciones privadas y el apoyo de las instituciones.

Vocación viguesa

Uno de sus lemas es que "en el libro de la vida, el corazón siempre escribe el mejor guion". Dice que esta "inclinación humanista" la tiene desde niña, cuando estudiaba en un colegio religioso de Vigo. "Les llevaba las bolsas a las monjas carmelitas hasta su casa", cuenta. "Esa protección al débil la he llevado siempre. Me saca de mis casilllas el abuso del fuerte sobre el débil, la discriminación".

Cuando Cristina Maruri tenía 10 años, su padre, ingeniero, decidió que la familia se instalase en Vigo porque le parecía un buen lugar para que se criaran sus hijos. Aquí vivió hasta la mayoría de edad. "Mi hermano estudiaba en Jesuitas -cuenta- e íbamos a Los Abetos (Nigrán). La vida nos llevó luego a México y a otros lugares, pero Vigo es una ciudad que lo tiene todo: las Cíes, belleza, gastronomía? y todo el mundo es bien recibido. Nadie se siente nunca extraño en Vigo". Por eso quiere exponer sus fotografías en Vigo, participar en alguna charla literaria o realizar aquí cualquier actividad con apoyo institucional, y destinar los beneficios a una ONG viguesa o gallega. "Tengo sangre gallega y Vigo nos acogió con mucho cariño, pasamos unos años deliciosos". Aquí, en Vigo, Cristina Maruri quiere cerrar su círculo vital como viajera solidaria.

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