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Vida en las pallozas

Declarado Paisaje Pintoresco y Conjunto Histórico Artístico, Piornedo, en Os Ancares lucenses, muestra la arquitectura más distintiva de este pueblo de alta montaña

Vista de Piornedo. // turismo.gal

Dentro del Parque Natural de la Serra dos Ancares -Reserva Nacional y Espacio Natural Protegido-, Cervantes es el concello más grande de la comarca, con 21 parroquias y numerosos núcleos de población que muestran todo un legado patrimonial. Identificativas de este impresionante conjunto montañoso son las pallozas, auténticos museos de cómo era la vida en la montaña desde tiempo casi inmemorial. Piornedo, en la parroquia de Donís, es la aldea que atesora un mayor número de construcciones circulares, perfectos ejemplos de armonía entre hombre y naturaleza.

Las viviendas redondas eran habituales en Galicia en la época de los castros. Las pallozas parecen ser testigos de esa época prerromana que han sobrevivido al tiempo. Piornedo no es la única localidad en la que quedan este tipo de moradas, pero sí la más famosa y una de la que atrae más turistas. En sus museos etnográficos es posible retroceder a los tiempos en los que no había luz, y personas y animales convivían en casas seculares capaces de mantener una temperatura estable de 20 grados a pesar de los rigores del invierno.

En la Casa do Sesto -una de las pallozas que ejerce de museo- todo está como lo dejó la familia que habitó en ella hasta la década de los setenta. Permanece abierta al público desde 1989 y, como el resto, es un auténtico tesoro cultural. Todas responden a una tipología similar: estructura circular, con paredes de piedra y techo de centeno. Con una parte para el ganado y otra para las personas. Con los espacios destinados a dormitorios, lareira, horno y cuadras. Viviendas que debían ser autosuficientes en los duros inviernos de la montaña. La cocina era el lugar más importante de la casa, toda la vida giraba alrededor del fuego. A la lumbre del hogar se comía, se contaban cuentos y dichos, se hilaba o se cantaba, según la época del año.

Otro elemento indispensable era el telar, necesario para hacer la ropa de toda la familia, lo mismo que el horno para cocer pan. El de la Casa do Sesto es de gran capacidad, ya que caben treinta panes y bolas.

La aldea cuenta con un total de 14 pallozas, además de alpendres, hórreos o cortizos. En lo alto del pueblo se encuentra una pequeña ermita dedicada a San Lorenzo. En todo el término abundan las capillas de montaña, entre las que destacan Santo Tomé de Cancelada -que aún conserva su sabor medieval- o Santiago de Cereixido.

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