30 de julio de 2019
30.07.2019
Entrevista

Roger Daltrey: "Siempre me han irritado las modas del rock"

El cantante de The Who narra en 'Mi historia' la saga de la banda más ruidosa, destructiva, violenta y enorme de los 60 ingleses

30.07.2019 | 15:14
Roger Daltrey, fotografiado en Nueva York en abril del 2018

Dios te bendiga, Roger Daltrey. Los fans de The Who le debemos mucho a su cantante y 'frontman'. Es inevitable sospechar que, en manos de Pete Townshend (compositor absoluto y alma artística), The Who se hubiesen convertido en un experimento de arte indigesto. Y no hace falta decir que liderados por Keith Moon se habrían matado (literalmente) a los pocos meses.

Daltrey era el terrenal, el organizado, el maduro, la personificación de la ética proleta. Quien se ocupaba del show y también de las finanzas (y la furgoneta). Quien les tiró a los otros tres las anfetaminas por el retrete y le partió la napia a Townshend cuando este se puso estupendo. Daltrey convirtió la banda en su razón para vivir, asegurando así su longeva carrera. Estas memorias que publica Libros del Kultrum, tituladas 'Mi historia' y subtituladas 'Gracias os sean dadas, Mr. Kibblewhite' (por el director que le echó del instituto) combinan candidez, humor y sinceridad para relatar en primera persona la historia de la mejor banda de rock'n'roll de los sesenta (digan lo que digan los stonianos).

Eras el proleta oficial del grupo, por decirlo claro.
Sí. Pete y John [Entwistle] eran de clase media. Keith [Moon] era currela, como yo. Pete venía del entorno de las escuelas de arte. Si la banda se iba a la mierda, podía retomar sus estudios y seguir fumando porros. Yo no tenía donde caerme muerto. Keith era como yo, no terminó sus estudios. Peor incluso que yo, de hecho, porque él siquiera entró a secundaria.

En el libro tocas cómo se reflejaba la clase social de cada uno en la banda.
Eso se podía ver en el ritual de destrucción de guitarras de Pete [Townshend]. Para mí era un gran golpe emocional. No podía evitar recordar lo duro que tuve que trabajar para comprarme mi primera guitarra. Y, más atrás aún, la inventiva que tuve que desarrollar para fabricarme una, cuando no tenía medios para adquirir una de verdad. En los años sesenta, las guitarras valían una pequeña fortuna. Pete hacía pedazos una Rickenbacker en cada concierto. Por otro lado, aquel ritual nos estaba proporcionando una notoriedad impagable.

Vuestros choques de personalidad eran célebres.
Éramos gente completamente distinta pero, a la vez, nuestras funciones dentro de la banda también lo eran. Yo era el mayor y el fundador, y fui el primero en sacarme el carnet de conducir. Era yo quien les llevaba de un concierto a otro, así que adquirí una responsabilidad añadida. Me convertí en la figura paterna del grupo. O materna [ríe]. No creo que los demás sintiesen esa responsabilidad. Se emborrachaban, tomaban pastillas, iban fumados, pero yo tenía que conducir de vuelta. Mi ética de trabajo nos distanció desde el principio. No es que ellos fuesen vagos. Es solo que su papel era más relajado.Ya que hablamos de clase social, yo tuve que adquirir responsabilidades muy temprano. A los quince me expulsaron del colegio. Dos meses después era el chico del té en una fábrica de Acton. Otro mes, y ya fabricaba los sándwiches yo mismo para sacarme unas perras. Siempre he sido un pequeño emprendedor [ríe].

Una de las cosas que me atrajeron desde el principio de The Who era la violencia latente. En el libro afirmas que heredasteis esa ira de la generación anterior.
En efecto. Nuestros padres vivieron la segunda guerra mundial, todos sus esfuerzos se concentraban en superar la guerra y no desmoronarse. Esa gente vivió el blitz, entre otras cosas, estuvo en los campos de batalla de Francia. Pero cuando regresaron no empezaron a comunicarse. Nadie les trató por psicosis de guerra. Mi generación creció en mitad del silencio, y eso nos hizo adolescentes increíblemente frustrados, y luego enfadados. Tuvimos que abrirnos un camino, de otro modo íbamos a ser tragados en la montaña de mediocridad que nos parecían sus vidas.

La banda parecía vivir en un estado de tensión constante.
Esa tensión se multiplicó por mil cuando entró Keith Moon. Solíamos decir que nuestra música debía tener "impulso". Queríamos que nuestra audiencia atravesara el suelo a patadas. Cuando tocábamos, destrozábamos (literalmente) nuestra música para nuestro público. Los imaginábamos como nuestro enemigo. Un ejército enemigo (de hombres, porque siempre había muchos más hombres que mujeres) que debíamos atravesar a golpes para poder escapar. Cuando terminaba el concierto nos los habíamos metido en el bolsillo.

Pete Townshend solía decir que The Who hacían música anti-adultos.
Todos pensábamos lo mismo. Era anti-padres y anti-clase media. Estábamos hartos de su silencio. Estábamos hartos de su mundo en blanco y negro. Inglaterra a finales de los 50 y principios de los 60 era un mundo sin color, muy gris. La gente olvida que acabábamos de salir del racionamiento. De alimentos, de ropa€ Queríamos vivir en otro mundo. Uno mejor.

Nik Cohn siempre dice que el gran secreto del Swinging London (o Londres marchoso) es que tenía muy poca marcha.
Me da igual lo que diga Cohn, yo creo que Londres sí que fue "swinging", lo que pasa es que la cosa no empezó hacia 1964. Fue cuando el movimiento mod empezó a tomar fuerza en Londres. A partir de ese año la atmosfera cambió, se volvió todo mucho más fresco y nuevo. Las cosas empezaron a parecer posibles.

Afirmas que Townshend se convirtió en un "verdadero mod", pero él siempre ha dicho que se sirvió de los mods para crear una voz y conseguir una audiencia fiel.
Si no fue mod, al menos fue mucho más mod de lo que yo he logrado ser nunca [ríe]. A mí nunca me salió muy bien todo eso. Para empezar, no se puede ser mod con el pelo rizado [ríe].

Dicho esto, ibas muy pintón, incluso habías sido sastre. Eso es bastante mod.
Me encantaba la buena ropa, eso es verdad. Y la moda. Pero no me gustaba ese rollo que llevaban los mods de perder el culo por ella. Me gustaba inventar mi estilo, estuviese o no en boga. Siempre me han irritado las modas. Todo ese asunto del Rock'n'Roll Hall ofFame me pone enfermo. En su día odié el modo en que el rock estaba generando su propio uniforme. El otro día estuve viendo videos del Download Festival y todos los grupos vestían exactamente igual. [ríe]. La camiseta hecha polvo, la melena, el cuero€ Los solos de guitarra sonaban todos iguales; lo mismo con los gritos de los cantantes. Me pareció un festival de segundones. Y me dije: ¿qué cojones ha pasado aquí? Siempre me he opuesto a eso. Lo veo como un tipo de muerte. Una muerte muy poco imaginativa.

Comparas vuestra adopción del rollo mod con el modo en que Dean Martin se aferró a su imagen de bebedor.
Sí. Dean Martin solía llevar vasos llenos de zumo de manzana. Era su guiño, su toque personal. Para nosotros, lo mod era una forma de resaltar entre la multitud. Tuvimos la suerte de conectar con esa fuente de energía que surgía del sur de Londres. Tuvimos la suerte de que decidieran adoptarnos. Mucha suerte.

En el libro citas la fecha exacta en que os divorciasteis del culto: el 3 de diciembre de 1965.
En esa fecha dimos nuestro último concierto en el Goldhawk Road Social Club, que era un templo mod y el sitio donde habíamos sido banda residente durante mucho tiempo. Crecimos allí. Pero llegó un momento en que trascendimos todo aquello. Ya desde el principio lo nuestro era algo distinto, no solo del estilo Motown que les gustaba a los mods, sino del resto de pop del momento. Lo que hacíamos nosotros era más maduro, menos amable. Y en 1965 ya no éramos adolescentes. Yo ya tenía veintiún años. Íbamos en otra dirección. Cuando hicimos 'Tommy' yo ya tenía 25, y para cuando llegaron 'Who's next' y 'Quadrophenia' era un treintañero. Para cuando llegó 'The Who by numbers' nos hallábamos de lleno en la crisis de la mediana edad, casados y con hijos. Nuestros anhelos y necesidades y preocupaciones eran completamente distintas que cuando empezamos.

Afirmas que Townshend se convirtió en un "verdadero mod", pero él siempre ha dicho que se sirvió de los mods para crear una voz y conseguir una audiencia fiel.
Si no fue mod, al menos fue mucho más mod de lo que yo he logrado ser nunca [ríe]. A mí nunca me salió muy bien todo eso. Para empezar, no se puede ser mod con el pelo rizado [ríe].

Dicho esto, ibas muy pintón, incluso habías sido sastre. Eso es bastante mod.
Me encantaba la buena ropa, eso es verdad. Y la moda. Pero no me gustaba ese rollo que llevaban los mods de perder el culo por ella. Me gustaba inventar mi estilo, estuviese o no en boga. Siempre me han irritado las modas. Todo ese asunto del Rock'n'Roll Hall ofFame me pone enfermo. En su día odié el modo en que el rock estaba generando su propio uniforme. El otro día estuve viendo videos del Download Festival y todos los grupos vestían exactamente igual. [ríe]. La camiseta hecha polvo, la melena, el cuero€ Los solos de guitarra sonaban todos iguales; lo mismo con los gritos de los cantantes. Me pareció un festival de segundones. Y me dije: ¿qué cojones ha pasado aquí? Siempre me he opuesto a eso. Lo veo como un tipo de muerte. Una muerte muy poco imaginativa.

Comparas vuestra adopción del rollo mod con el modo en que Dean Martin se aferró a su imagen de bebedor.
Sí. Dean Martin solía llevar vasos llenos de zumo de manzana. Era su guiño, su toque personal. Para nosotros, lo mod era una forma de resaltar entre la multitud. Tuvimos la suerte de conectar con esa fuente de energía que surgía del sur de Londres. Tuvimos la suerte de que decidieran adoptarnos. Mucha suerte.

En el libro citas la fecha exacta en que os divorciasteis del culto: el 3 de diciembre de 1965.
En esa fecha dimos nuestro último concierto en el Goldhawk Road Social Club, que era un templo mod y el sitio donde habíamos sido banda residente durante mucho tiempo. Crecimos allí. Pero llegó un momento en que trascendimos todo aquello. Ya desde el principio lo nuestro era algo distinto, no solo del estilo Motown que les gustaba a los mods, sino del resto de pop del momento. Lo que hacíamos nosotros era más maduro, menos amable. Y en 1965 ya no éramos adolescentes. Yo ya tenía veintiún años. Íbamos en otra dirección. Cuando hicimos 'Tommy' yo ya tenía 25, y para cuando llegaron 'Who's next' y 'Quadrophenia' era un treintañero. Para cuando llegó 'The Who by numbers' nos hallábamos de lleno en la crisis de la mediana edad, casados y con hijos. Nuestros anhelos y necesidades y preocupaciones eran completamente distintas que cuando empezamos.

A veces imagino como serían The Who si hubiese faltado uno de los dos. Sin ti la banda se habria inclinado hacia los desvaríos 'arty' de Pete, pero sin él tu quizás no habrías abandonado la senda del R&B musculoso.
Es como la cuestión de si fue primero el huevo o la gallina [ríe]. The Who no habrían existido sin Pete, y no habrían existido sin mí, y por añadidura no creo que hubiesen sido lo mismo sin John o Keith. La combinación de los cuatro era una química mágica. Funcionaba. Yo era el cantante de la banda y casi nunca los veía; ellos estaban a mis espaldas. Lo que recibía de ellos era una sensación. La primera vez que escuché el sonido aquel que Pete le sacaba a la Rickenbacker supe que era especial. No puedes poner o quitar miembros de The Who. No sería lo mismo.

Keith Moon ha pasado a la historia por ser un cachondo, pero en el libro nos recuerdas los hoteles destrozados, el petardo que casi deja sordo a Pete, la violencia de género, las curdas babosas€ Suena insufrible.
Keith Moon podría ser el tipo más increíblemente maravilloso del mundo, y al poco ratoser absolutamente horrible. En un lapso de treinta minutos [ríe]. A la vez, no podías evitar quererle. Era como un niño dañado. Tenía algo. Una cualidad mágica que hacía que le perdonaras todos sus fallos.

Debían de resultar de lo más molestos, todos esos redobles a traición.
Pues no. Todo lo contrario. Siempre era excitante. Te mantenía en guardia.

Una de las grandes omisiones del libro es 'Quadrophenia'. Me sorprendió que no hablaras de ella.
Me encantan las canciones, y como pieza musical es fantástica en muchos momentos, pero nunca la sentí mía del modo en que sentí 'Tommy'. 'Quadrophenia' es en gran parte un proyecto de Pete. Su visión. Pete cree aún que es su obra definitiva, su mejor trabajo, pero la verdad es que yo no estoy de acuerdo. Creo que Tommy es más coherente. 'Quadrophenia' tiene muchos agujeros. Para empezar, la historia (ese fin de semana en la vida de un mod llamado Jimmy) no tiene mucho que ver con la música. Me parece rimbombante. Las recientes producciones de 'Quadrophenia' no hacen sino empeorar ese aspecto, como la última versión de música clásica. A mi parecer, convertir ese disco en una pieza puramente sinfónica es un gran error de juicio. No puedes arrancarle el rock a 'Quadrophenia'. Es un sinsentido. Puedes añadirle una orquesta a una banda de rock'n'roll, pero no puedes dejar la orquesta sola. Es una tontería. Aún me parece un misterio por qué alguien quería escuchar algo así. Pete está obsesionado con convertir 'Quadrophenia' en el éxito artístico que fue 'Tommy', pero simplemente no están a la misma altura.

Al hablar de finales de los 70 no tocas un fenómeno que tuviste que percibir por narices: el punk rock. Como representante de la generación anterior, ¿te pareció maravilloso o una sensacional mierda?
Las dos cosas [ríe]. Me pareció una mierda y genial al mismo tiempo. Nosotros llevábamos dando el callo unos trece años, y nos pareció fantástico ver nacer a una nueva generación inventando su propio rollo. Me encantaban los Sex Pistols, TheDamned y, naturalmente, The Clash. Pero a la vez en esa generación había un montón de grupos de mierda.

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