Suscríbete

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

Teresa Troncoso: El cadáver atrapado en las redes

Teresa Troncoso, vecina de Nigrán de 43 años, fue hallada muerta en 2009 en la ría de Ares, con su cuerpo enredado en los aparejos de un pesquero

Teresa Troncoso: El cadáver atrapado en las redes

Teresa Troncoso, vecina de Nigrán de 43 años, fue hallada muerta en 2009 en la ría de Ares, con su cuerpo enredado en los aparejos de un pesquero. Desaparecida dos meses antes, presentaba una decena de cuchilladas y una cuerda que indicaba que la habían arrojado al mar con un lastre. Un ferrolano con el que tuvo una hija llegó a ingresar en prisión, pero pese a la “tremenda sospecha” el caso se archivó: ni una sola prueba objetiva lo incriminaba.

La jornada de trabajo estaba siendo tranquila en la ría de Ares, al norte de la provincia de A Coruña. La mañana del 13 de enero de 2009 el pesquero Cayonesa II, con base en Ferrol, faenaba sin sobresaltos sobre un mar por fortuna apacible, sin las amenazas ni los peligros propios de un Atlántico invernal. Los marineros ya solo pensaban en acabar, subir las redes y calcular el negocio que harían con la pesca al tocar puerto. Y a casa. Pero ese propósito se quebraría de forma abrupta por un giro trágico del destino.

A milla y media de la costa de Punta Coitelada, los tripulantes subirían a cubierta un bulto que, según se sabría después, alguien se había afanado en sepultar en el fondo del mar. Enredado entre los aparejos había un cadáver en muy avanzado estado de descomposición. Tanto, que en realidad ya era casi un esqueleto. Nada más verlo, los pescadores supieron que el cuerpo llevaba mucho tiempo sumergido en el agua.

Zona de la ría de Ares donde fue hallado el cuerpo de la víctima. FdV

¿A quién pertenecía ese cadáver? ¿Cómo había acabado allí? ¿Hombre o mujer? ¿Un ahogado de forma fortuita o la víctima de un crimen? ¿Accidente, suicidio, asesinato? Las preguntas empezaron a acumularse una vez los restos humanos fueron llevados a tierra. La Guardia Civil y el primer juzgado que asumió el caso, el de guardia en Ferrol, iniciaron la investigación en busca de respuestas. La primera: poner nombre y rostro al cadáver atrapado en el aparejo.

La embarcación “Cayonesa II”, con base en Ferrol, encontró los restos humanos mientras faenaba

La labor de los médicos forenses resultó vital. Hubo que esperar varios días por el resultado de las pruebas genéticas, unos exámenes científicos definitivos cuando se trata de dar nombre y apellidos. Pero desde el principio se tuvo una clara sospecha, casi la evidencia, de a quién podría pertenecer el cadáver. Y esa persona era María Teresa Troncoso Comesaña, una vecina de Nigrán de 43 años y madre de cuatro hijos, que había desaparecido dos meses antes, el 8 de noviembre de 2008. Una medalla que conservaba, con sus iniciales, ya arrojó luz en el primer reconocimiento. El ADN ratificaría la identificación. Era ella.

María Teresa Troncoso, en una foto de meses antes de su desaparcición

María Teresa Troncoso, en una foto de meses antes de su desaparcición FdV

Una hipótesis ganó pronto fuerza: era una muerte violenta

Una hipótesis fue ganando fuerza desde el primer minuto: muerte violenta. Las marcas en la ropa que conservaba el cuerpo esqueletizado, entre otras evidencias, así lo apuntaban. Los estudios antropológicos realizados por los forenses -no fue posible hacer una autopsia “ortodoxa” por la pésima conservación del cadáver- lo confirmaron. Tere, como la llamaban sus cercanos, no había sufrido ningún inesperado accidente en el mar. Tampoco se había arrojado por su propia voluntad al agua. La realidad era más cruda. La habían matado. Por el estado del cuerpo, seguramente coincidiendo con las fechas en que fue vista por última vez. Segunda pregunta contestada: homicidio o asesinato. Y sanguinario.

Porque el cadáver presentaba una decena de puñaladas asestadas “con un arma blanca tipo cuchillo de monte”, según consta en la causa. La cuerda que la víctima tenía alrededor del tronco evidenciaba que, tras las cuchilladas, fue arrojada al mar con un lastre para evitar que saliera a flote. Y el asesino hubiera logrado su macabro propósito, si no fuese porque las redes de un pesquero impidieron que el fatal destino de la mujer quedase, al igual que sus restos, oculto en las oscuras aguas del Atlántico.

El arma blanca tipo “cuchillo de monte” usada en el crimen nunca se halló

Desvelada la identidad y la causa de la muerte, surgía un tercer interrogante, en realidad la gran pregunta: ¿cómo pudo acabar el cuerpo a casi 200 kilómetros de distancia de la localidad donde vivía y se empleaba en una empresa de limpieza? Pese a ser natural del Val Miñor, lo cierto es que Ferrolterra había estado muy presente en la vida de María Teresa. En esa comarca había trabajado años antes como camarera. Allí también conoció a José, un vecino de Cabanas con quien tuvo una relación sentimental de la que nació una niña, de apenas 3 años cuando su madre fue asesinada. Tras el nacimiento de la pequeña, la pareja se separó y ella acabaría regresando a su vivienda materna de Nigrán.

Un momento del traslado del cuerpo de la mujer tras ser rescatado del mar. FdV

Tras la ruptura, y pese a la distancia física que los separaba, los problemas con su ex se acumularon, casi siempre ligados a la situación de la niña. “Se llevaban mal; hasta el verano pasado ella siempre hablaba de los problemas por las visitas a la pequeña”, comentaron dos compañeras de trabajo de Tere tras descubrirse que había sido víctima de un homicidio. Una vecina de la mujer ahondaría en este asunto, también en los días posteriores al hallazgo del cadáver, al relatar como “un par de años antes” el hombre se quedó a dormir en su coche cerca de la casa de ella. “Decía que no le dejaba ver a la niña. Nosotros hablábamos con él y le dábamos café para que se calentase”, contó. “Tere adoraba a su niña, era muy buena y lo pasó mal, realmente mal; él no la dejaba en paz”, confirmaron personas que la conocían.

La víctima tenía problemas con su expareja en relación con la niña de tres años en común

Un juzgado había dictaminado sobre la relación de los padres con la menor. La custodia le fue otorgada a ella, pero se aprobó un régimen de visitas a favor de José, que debía pasar una pensión mensual de alimentos. Curiosamente, la relación mejoró algo, o eso parecía, en los meses previos a la desaparición. “De repente hubo un acercamiento, hablaba de él de forma menos tensa”, aseguraron las mismas compañeras de trabajo que habían referido las disputas anteriores. La investigación judicial tuvo en cuenta esta cuestión. Así, en un informe redactado por la Fiscalía se puede leer que, aunque se desconocía la relación “real” entre ellos, en los meses previos a la tragedia “parecía que habían arreglado sus diferencias”.

Una preocupante ausencia que se prolongaba demasiado

Pero no nos adelantemos en el tiempo. Todavía hay que dar respuesta a otra cuestión capital: ¿en qué circunstancias desapareció Teresa? Hay que remontarse a dos meses antes de la aparición de su cuerpo en Ares. El viernes 7 de noviembre de 2008 ella acudió al punto de encuentro de la Travesía de Vigo, en la ciudad olívica, en donde solía entregar la niña a su ex para que pasase los fines de semana y el resto de períodos asignados. Al día siguiente Tere fue a trabajar a un complejo deportivo donde limpiaba. Allí fue vista por última vez. Desde entonces, desaparecida. Literalmente. Sin rastro de ella.

El domingo José regresó al centro para devolver a su hija a su antigua compañera sentimental, pero como llegada la hora de cierre no apareció, él regresó a Ferrol con la niña, según relataría a familiares de su expareja una semana después, cuando le preguntaron por Teresa. Y es que la familia creía que Tere estaba con él. Pero no era así. La preocupación por la ausencia injustificada de la mujer se disparó cuando sus allegados descubrieron que el coche que ella utilizaba permanecía abandonado junto a uno de los accesos a la autopista AP-9 en Vigo, en la avenida de Buenos Aires.

El coche de ella apareció abandonado cerca de la AP-9 en Vigo una semana después de desaparecer

Aquello no pintaba bien. La familia presentó la denuncia de desaparición. Las semanas transcurrían sin noticias. Las navidades de 2008 fueron muy tristes. Sin la menor sospecha de qué había ocurrido. Nadie sabía nada. De repente Tere se había esfumado. La ausencia de novedades, la falta de pistas, los desesperaba. ¿Pero qué había pasado?, era la pregunta que machaconamente se hacían una y otra vez y que nadie era capaz de responder… Hasta la mañana del 13 de enero, cuando los marineros del Cayonesa II hallaron su cadáver arrastrado por su aparejo en la bocana de la ría de Ares.

Pronto hubo un arresto: el exnovio de la mujer y padre de su hija más pequeña

Confirmado el crimen, no hubo que esperar demasiado tiempo a la primera y única detención. El 26 de enero, la Guardia Civil arrestó en su casa de Cabanas a José, la expareja de Tere y padre de la pequeña que había motivado discusiones entre ellos. Los agentes agotaron las 72 horas de plazo máximo de arresto antes de pasarlo a disposición de la titular del Juzgado de Instrucción número 1 de Ferrol. El municipio de residencia del detenido estaba muy cerca del lugar desde donde se habría arrojado el cadáver al mar. Él negó su participación en el crimen. Era inocente, alegó. Pero sus argumentos no convencieron a la magistrada, que decretó su ingreso en prisión provisional sin fianza al atribuirle la presunta autoría de un delito de homicidio. El Tribunal Superior de Xustiza de Galicia (TSXG) informaba entonces de que la mujer asesinada no había presentado ninguna denuncia por maltrato contra el ya imputado por su desaparición y muerte.

Arrancaba una complicada instrucción, al tiempo que de forma paralela a José se le acumulaban los problemas judiciales. Porque en el registro que la Guardia Civil hizo en su vivienda habían encontrado, en su ordenador material, presuntamente pedófilo. Esto suponía otro delito y una nueva causa que, con el paso del tiempo, llevó a la Fiscalía a pedir que fuese condenado a 6 años de prisión por presunta corrupción de menores. O a 3 años por supuestos abusos sexuales. Estas peticiones cayeron en saco roto: el juicio celebrado en la primavera de 2011 en la Sección Quinta de la Audiencia Provincial de Pontevedra, con sede en Vigo, derivaría en una sentencia absolutoria.

La Fiscalía consideraba que había una “tremenda sospecha” y “fuertes indicios” contra el imputado

Pero esa es otra historia. Volvamos al crimen. ¿Qué había contra este hombre? Un informe de julio de 2011 de la Fiscalía, en el que ya agotada la investigación se solicitaba el archivo provisional de la causa contra él, enumeraba los “fuertes” indicios. Era un relatorio de los motivos por los que el Ministerio Público consideraba que sobre José pesaba una “tremenda sospecha”. Las indagaciones se encaminaron “directamente” a él por ser la última persona “conocida” que vio a María Teresa con vida. Y es que, según acabaría admitiendo el hombre, pues al principio lo ocultó, el fin de semana en que la mujer desapareció sí estuvieron juntos.

El cuerpo de Teresa fue encontrado por un pesquero que faenaba en aguas de la caomarca de Ferrol FdV

“Yo estaba con nuestra hija porque esos días me correspondía; Teresa me pidió que la llevara en coche desde Vigo a A Coruña, como hice otras veces. Quería venirse a una casa que tengo en Cabanas, pero yo le había dicho que no. La dejé en A Coruña y cuando me fui estaba bien. Y no la volví a ver”, afirmaría en aquella época en declaraciones a FARO. En anteriores ocasiones había trascendido que aquella noche del sábado 8 de noviembre, antes de dejarla según su versión en A Coruña, también estuvieron tomando copas en la zona de Pontedeume.

¿Qué más pesaba sobre José? La fiscal relató en su escrito que la pareja seguía viéndose y compartía fines de semana pese a los problemas judiciales por el régimen de visitas de la hija. También apuntaba que el cadáver apareció en la ría de Ares, “cerca de la localidad” del imputado. Y que pese a que el hombre negó tener barco, se descubrió que “tenía a su disposición” el de su hermano, una embarcación que había limpiado “dos días después de la desaparición”. Pero la fiscal fue más allá al constatar que prácticamente coincidiendo con la desaparición de Tere, su expareja había comenzado a arreglar los papeles para escolarizar a su hija en Pontedeume. Y, por último, reflejó que José había dejado de ingresar la pensión de alimentos a la que estaba obligado. Y a ese sumatorio de elementos, la acusación pública añadía las “clarísimas” contradicciones… Pero no resultó suficiente.

La causa llegó a un callejón sin resultados en las pruebas criminalísticas y de ADN

Porque la investigación naufragó. Frente a todos los datos sospechosos, a todos esos supuestos indicios de culpabilidad, no apareció “ni una sola prueba directa u objetiva de clase alguna” que permitiese imputarle la muerte, tras una instrucción compleja y no exenta, según las diligencias, de “dificultades”. Por ejemplo, ¿cuál habría sido el móvil?

Sin más frentes por donde continuar las pesquisas, la acusación concluyó que no se podía asumir “como cierto o probable” ningún motivo que llevase al hombre a matar a su ex, dado que los problemas que habían tenido antaño parecían “haberse arreglado” en los meses previos a la desaparición de Teresa.

Además, nunca se logró hallar el arma homicida, una prueba clave. La cuerda con la que se ató el cuerpo para lanzarlo al mar no era de la misma clase de las del barco del hermano del imputado. Y otra cuestión fundamental: ni una sola de las pruebas de criminalística y ADN practicadas inculpaban al ferrolano. Aunque la víctima había perdido mucha sangre, no se halló “rastro alguno” ni en los vehículos del sospechoso ni en la embarcación de su hermano, “en la que supuestamente trasladó (a la mujer) para echarla en alta mar”. Un cuchillo de pesca submarina incautado en el registro de su casa tampoco se correspondía con las heridas de la fallecida. Lo dicho, ni una sola prueba sólida, determinante. Nada.

Los investigadores no hallaron rastro alguno de sangre en el barco donde se creía que había trasladado el cuerpo

Las pesquisas judiciales, incluidos interrogatorios al sospechoso y un sinfín diligencias, concluyeron en el archivo provisional del procedimiento. Antes de quedar definitivamente exonerado de todo cargo, a finales de 2011, José ya había obtenido la libertad provisional, concretamente el 2 de octubre de 2009, después de abonar una fianza de 6.000 euros y pasar más de ocho meses en prisión. El auto de excarcelación lo dictaría ya el Juzgado de Violencia sobre la Mujer de Vigo, porque el tribunal ferrolano que había iniciado las pesquisas decidió inhibirse.

La defensa alegó que su cliente no tenía conocimientos para fondear un cadáver

“Las sospechas apuntaban a mi cliente porque fue la última persona que la vio y porque él y la víctima tenían problemas en relación con la niña”, afirma en la actualidad Víctor Bouzas, el abogado coruñés que se hizo cargo de la defensa de José. Durante la investigación este letrado hizo hincapié en que si el hombre no dijo inicialmente que había estado con la desaparecida el fin de semana en que se le perdió la pista, algo que después sí acabó admitiendo, se debió a que no quería que la que era su mujer entonces supiese que estaba en contacto con ella. “Él nunca creyó que esa ocultación le acarrearía ocho meses de prisión preventiva”, afirmaba el jurista en aquella época en los juzgados de Vigo.

Junto al hecho de que ninguna prueba objetiva lo incriminaba, el penalista insistía en que su representado, que se dedicaba a la serigrafía, no tenía conocimientos de “fondeo” como para hundir un cadáver en plena ría. “El cuerpo estaba a 44 metros de profundidad”, explicó. Y su estrategia también tuvo al “botellón” como protagonista. Porque aquella noche del 8 de noviembre de 2008 en que se sospecha que fue el crimen era sábado. La teoría que sostenía la acusación es que el hombre habría llevado el cuerpo a los pantalanes de Pontedeume, para subirlo a continuación al barco y adentrarse en la ría para arrojarlo al mar. “Comprobamos que aquella noche había marea baja y que además se celebraba un botellón; ¿nadie habría visto a una persona arrastrando un bulto hasta una embarcación?”, argumentaba el jurista entonces.

“Yo no fui la última persona en verla con vida; esa persona fue quien la mató”, se defendía él

Hoy el letrado vuelve a remarcar estas y otras cuestiones sobre las pesquisas. A su juicio, la línea de investigación que se abrió con el ferrolano fue errada. Porque, afirma, había otra persona “sospechosa”, alguien que estaba “obsesionado” con Teresa. “Y ese era el personaje a seguir”, concluye. José, cuando la instrucción judicial contra él aún estaba abierta, decía también, frente a las fuertes sospechas de la Fiscalía, que se equivocaban con él.

“Me acusan porque soy su expareja y porque teníamos una hija. Y porque sostienen que fui la última persona en verla con vida. Pero no es cierto. La última persona que la vio con vida es quien la mató. Yo no tenía motivos para hacerlo porque en ese momento tenía buena relación con ella”, explicaba cuando ya estaba libre, pero aún no se había dado carpetazo judicial al caso. Eso ocurriría un año después. Pese a la suma de indicios, concluyó la Fiscalía, éstos no eran lo “suficientemente contundentes” como para desechar de forma completa “otra hipótesis”, como sostenía la defensa. Así que el juzgado de Vigo, tras no presentar ninguna parte acusación contra el hombre, dictó el sobreseimiento provisional.

Desde entonces no hubo avances en la investigación. Con el archivo provisional de la causa, los interrogantes en torno a lo que le ocurrió a Tere aquel fin de semana de 2008, hace prácticamente una década, continúan dolorosamente abiertos.

PERFIL

Una mujer “buena” y “confiada”

María Teresa Troncoso Comesaña era natural de Nigrán, en la comarca del Val Miñor. Pero la vida la había llevado también a residir en Vigo o en la comarca de Ferrol, hasta que regresó de nuevo a su localidad natal. Cuando desapareció y fue víctima de un crimen que aún espera Justicia tenía 43 años y cuatro hijos: dos jóvenes que ya superaban entonces la veintena, una chica adolescente y una pequeña de apenas tres años, la que tuvo de su relación con el hombre que después estaría imputado por su homicidio.

María Teresa Troncoso Comesaña

María Teresa Troncoso Comesaña

“Era muy buena persona, siempre dispuesta a echar una mano, habladora…”, cuentan personas que la conocían. Cuando se supo que el cuerpo hallado en la ría de Ares aquel enero de 2009 era el de ella, familiares, amigos y compañeros de trabajo experimentaron una mezcla de dolor, consternación e indignación. Destacaban la “bondad” de la víctima. Tenía “exceso de confianza” en la gente que la rodeaba. “Tere era muy buena e ingenua, una chica maravillosa. Pudo tener una vida un poco desordenada hace años, pero mucha gente la tiene y no pasa nada”, contaba una amiga íntima. Para otra persona cercana, el único defecto de Tere fue “enamorarse de quien no debía”, en relación al ferrolano detenido en relación con el crimen. Y es que pese a que el caso se archivó y el hombre ha quedado libre de todo cargo, personas que tenían contacto con ella confiesan que incluso antes del hallazgo del cadáver, justo tras la misteriosa desaparición de la mujer, ya “pensaron en él”.

Compartir el artículo

stats