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El hombre que limpió roca a roca los 30 km de costa entre Baiona y A Guarda

Pablo Casal finaliza su reto de retirar los plásticos del pedregoso litoral donde no llega ninguna máquina ni administración. Le ha llevado 5 años y más disgustos que satisfacciones: «síntome orgulloso de facelo pero esto ten que ser un tema de moita xente»

Pablo Casal, con basura retirada, en Camposancos (A Guarda).

Jose Lores

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Val Miñor

Varias veces al año se organizan jornadas voluntarias de limpieza en las playas, pero ¿que ocurre con la basura que se acumula en las zonas rocosas de la costa? Pues que se amontona hasta que acaba de nuevo en el mar «convertida en microplásticos que os peixes van comer e que nós acabaremos comendo tamén», explica Pablo Casal, el vecino de Gondomar que acaba de poner fin a su reto de limpiar el pedregoso litoral entre Baiona y A Guarda. Treinta kilómetros por carretera que son muchos más cuando se recorren en zigzag para llegar hasta la rompiente saltando de piedra en piedra y toneladas de residuos en cientos de sacos que no ha llegado a contabilizar.

Descoloridas y deformadas botellas de productos que ya no están en el mercado desde hace décadas, como la lejía «Mar» que se fabricaba en Vigo en los setenta, atestiguan la antigüedad de los residuos que se acumulaban antes del paso de este voluntario que decidió aportar su grano de arena a una cuestión que considera «de saúde pública». «Non o digo eu, dío a ciencia, non é ningunha broma. Hai estudos que demostran que os microplásticos están no noso organismo e no dos animais que comemos, non se pode esperar máis, hai que tomar cartas no asunto», advierte.

Por eso lanza un SOS tanto a las administraciones como a la sociedad civil. A unas para que sensibilicen y tomen medidas y a la otra para que tome conciencia. «Non podemos estar esperando sempre polas institucións. A sociedade civil organizada pode activar mecanismos na procura da mellora da calidade de vida das persoas e do territorio. Asociacións de todo tipo, clubes deportivos...Temos un planeta común e fanse moi poucas cousas pensando en traballar polo común», incide.

Casal, en plena faena en la rocosa costa de Baiona a A Guarda.

Casal, en plena faena en la rocosa costa de Baiona a A Guarda. / Jose Lores

Comprometido con las causas ambientales desde hace décadas en iniciativas como el Proxecto Ríos de la asociación ecologista Adega en la comarca miñorana o la publicación de cortometrajes y libros al respecto, él ha dedicado su tiempo libre estos últimos cinco años y cuatro meses a liberar el litoral más próximo de contaminantes. Comenzó en abril 2021, cuando se recuperaba del covid. «Tiña que estar só e en lugares superventilados», recuerda, y había participado poco antes en una limpieza grupal en la zona con la Asociación Naturalista Baixo Miño (Anabam). «Vendo a cantidade de lixo que había, emprendín esta historia, Fíxeno por sensibilizar, para que outras entidades e persoas se mollen», relata. Lo acompañaron en numerosas ocasiones Ángel Vilán, José Antonio Herranz, Carmen Villanueva y Rosa Comesaña, a quienes felicita y agradece la ayuda.

A lo largo de este lustro de dedicación se ha encontrado sobre todo restos de aparejos de pesca, «moitas boias antigas de porespán, que era o que máis me preocupaba porque se desfai con facilidade e esas boliñas cambian de cor, confúndense co medio e os peixes chegan a consumilas». Envases y plásticos de todos los tamaños, formas y colores y procedencias fueron a parar a sus sacos, trozos de redes, cuerdas y a veces hasta electrodomésticos. «Botellas de países asiáticos, pezas de bateas... Cheguei a atopar unha neveira, subina como puiden e avisei ao correspondente concello para que a retiraran nun camiño», repasa.

El tipo de desechos hallados también le despierta una reflexión: «ata que punto ven todo esto involuntariamente? Unha botella pode caer dun barco pero cando ves miles xa che dá que pensar. Ata que punto hai neglixencia?». Y también lo han llevado al enfado en muchas ocasiones, sobre todo cuando ha visto «lixo nas cunetas ou mesmo nas traseiras das casas». «Paréceme incrible que alguén teña a sorte de vivir xunto ao mar, que se aproveitou de que hai anos se deron as licencias como se deron, e teña o lixo ao pé da porta», manifiesta. O cuando se ha encontrado gente pescando o haciendo yoga rodeada de residuos y se ha marchado sin limpiar nada. «Se todas as persoas que se achegan ao mar levasen unha bolsiña sería fantástico», subraya.

En definitiva, pese a todo ello, Pablo Casal asegura «estar moi orgulloso de ter feito todo esto, pero esto é un tema de moita xente». Él ha cumplido y le gustaría haber contagiado su inquietud a quien lo rodea.

Se queda con lo positivo de la experiencia, "a fermosura da costa que puiden desfrutar cada día e as formacións rochosas que atopei, a xeoloxía da costa é unha marabilla", añade.

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