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Homenaje

Las agrietadas arrugas del mar

Eumelio Goce y Josefa González recibirán un homenaje por parte de la Cofradía de Baiona por toda una vida dedicada al mar. De Goce se dice que su vida no se cuenta en años, sino en barcos, tras enrolarse con diez años. Josefa convirtió el marisqueo no solo en un medio de vida, sino también en una pasión y en una forma de relación social

Eumelio Goce y Josefa González en el puerto de Baiona.

Eumelio Goce y Josefa González en el puerto de Baiona. / PEDRO MINA

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Baiona

A Eumelio Goce Marcote (Baiona, 1936) la vida le pasó entre mareas y, aunque posiblemente su nombre no tendrá un capítulo en los libros de historia, sería muy difícil contabilizar las millas náuticas recorridas a lo largo de su trayectoria. El relato de Josefa González Álvarez (A Ramallosa, 1938) forma parte de un diploma a la supervivencia, con una niñez marcada por los duros años de la posguerra y la necesidad de hacer magia con las manos para llevar comida a casa.

Ambos serán homenajeados este año por la Cofradía de Pescadores de Baiona con motivo de las fiestas de la Virgen del Carmen. Eumelio es el marinero más veterano y Josefa, la mariscadora con mayor trayectoria.

Eumelio salió a la mar muy joven, «cando en Baiona había moitos barcos de pesca», asegura. Su estancia en la mar fue aprovechada tanto como cocinero como pescador, a veces compaginando ambas labores en el mismo barco. «Con tempo malo e bo, cando no mar había peixe, e as mulleres agardaban a chegada do barco no porto».

Hijo de José Ramón, al que conocían como «Carrero», y de Liberata, «A Xurela», nació en el seno de una familia humilde y numerosa, «das de antes, onde nunca sobraba nada, pero tampouco faltaban o traballo, o esforzo e o respecto. Fun o décimo de trece irmáns».

Tras perder a su padre cuando solo contaba con nueve años, «tiven que marchar ao mar».

Comenzó en el Motor de Cadilla, cuando el patrón era Pepe Cadilla. «Eran outros tempos. En Baiona había máis de corenta barcos pescando á ardora, e todos eramos xente do pobo: veciños, amigos, familias enteiras vivindo do mar».

Dice su familia que la vida de Eumelio no se mide en años. «Se mide en barcos, en mareas, en madrugadas y en regresos a puerto. Se mide por los nombres escritos en las proas», asegura su nieto. Del mar recuerda alegrías y también momentos duros, llegando a estar a punto de naufragar en dos ocasiones. «E en momentos difíciles sempre me acordei da Virxe do Carme. Cando o mar se pon complicado, agárraste ao que levas dentro: experiencia, fe e ganas de volver á casa».

Josefa no pescó mar adentro, pero sus dedos conocen las diferentes temperaturas del agua. «En la familia donde nací aprendí desde pequeña que en la vida nada se consigue sin esfuerzo».

Comenzó de niña a servir en una familia de Vigo cuando apenas tenía diez años, trabajo que abandonó tras una caída en el mercado en la que rompió una botella de aceite. «Y me quedé sin salario».

«Mi padre trabajaba en el campo, pero también salía a la mar embarcado en un barco de Baiona. Recuerdo bien aquellos años. Mi hermano y yo recorríamos muchas veces el camino hasta Baiona para llevarle la comida», asegura.

El marisqueo fue, además de su trabajo, su gran pasión. «Marisqué durante muchos años en A Foz y hasta la desembocadura de A Ladeira. Trabajé capturando almeja fina, almeja babosa y otras especies que aprendí a conocer como la palma de mi mano. Para mí, el mar nunca fue solo trabajo. También fue compañerismo».

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