Bodegas Pentecostés, la historia de Val Miñor y la DO Rías Baixas en una botella de vino artesanal
Recupera y honra el legado de los pioneros del sector vitivinícola en Gondomar, creando vinos «elegantes y llenos de personalidad»
Se sustenta en dos pazos, de los siglos XIII y XVII, para elaborar caldos con mínimo intervencionismo y máximo respeto al terruño

La fiesta de presentación de los vinos y el proyecto vitivinícola de Bodegas Pentecostés, en Gondomar. / FdV

Con diez hectáreas de viñedo, en un 75% dedicado a la uva albariño, reservando la superficie restante para variedades como caíño, godello, treixadura y loureira, Bodegas Pentecostés contribuye a la proyección nacional e internacional de la Denominación de Origen Rías Baixas.
Lo hace a partir de una colección de vinos artesanales que está dando ahora a conocer y presenta como «una referencia emergente para quienes buscan experiencias auténticas y de gran carácter en nuestra Denominación de Origen», resaltan Almudena Rodríguez y Alberto Cabaco, los propietarios de la bodega.
Así lo destacaron hace días en el transcurso de una fiesta celebrada en la llamativa parcela que ocupa la bodega, en Gondomar, donde más de doscientos invitados pudieron visitar las instalaciones, recorrer los viñedos, escuchar música en directo y degustar las distintas referencias de Pentecostés guiados por los enólogos Laura Montero Rodil y Dominique Roujou de Boube.
De este modo Pentecostés reafirma su compromiso con «una filosofía basada en el mínimo intervencionismo y el máximo respeto al terruño», reforzando la elaboración de vinos artesanales en Val Miñor y el conjunto de Rías Baixas a partir de la identidad atlántica que caracteriza a esta DO.

La fiesta ofrecida para presentar los vinos de Pentecostés. / FdV
Y además lo hace con una vertiente histórica y pasional, como se refleja en la clara apuesta por preservar el legado vitivinícola del Gondomar del siglo XVII que da como resultado «vinos elegantes y llenos de personalidad» que destacan por su «elegancia», cautivando paladares «con una vibrante mineralidad y la frescura propia del Val Miñor».
Para lograrlo y «reflejar fielmente el terroir de Gondomar dentro de la DO Rías Baixas», la bodega ha marcado en una hoja de ruta inspirada en «la elaboración respetuosa y artesanal».
De este modo, y «mimando el producto desde la cepa hasta la botella», el trabajo de Pentecostés sirve también para dar continuidad a la labor de los pioneros del sector vitivinícola en la comarca, con una referencia clara en la figura de Diego Sarmiento de Acuña, Conde de Gondomar.
Situada entre los históricos pazos Barreiro y Moldes, localizados en las dos únicas parroquias de Gondomar que integran la DO Rías Baixas, como son Mañufe y Villaza, la bodega trata, por tanto, de «recuperar y honrar el legado de aquellas tierras que ya en el siglo XVII producían preciados vinos, incluso en la corte británica».
Unos caldos que no solo se diferencian por su artesanal elaboración, sino también por su crianza en diferentes materiales con los que obtener matices únicos, como sucede con los foudres o fudres, los llamativos recipientes o barricas de madera, generalmente con capacidades superiores a los mil litros, utilizados en la elaboración y almacenamiento del vino.
Sin dejar de lado a las ánforas de cerámica ni a las de cristal, que comparten protagonismo con los tanques de acero inoxidable y brinda a la empresa una variedad de recipientes a través de los que «expresar con pureza y de manera cuidadosa y selectiva» las características de cada variedad y el terruño.
En definitiva, que Bodegas Pentecostés presume de haber nacido «de un pacto entre el hombre y la tierra» y de «rendir homenaje a la historia vitivinícola de Gondomar transmitiendo a través del vino la autenticidad de nuestro entorno», destacan desde la empresa de Almudena Rodríguez y Alberto Cabaco.
Historia, por cierto, como la que encierra el Pazo Barreiro (Vilaza), construido a finales del siglo XVII y que se asienta en lo alto de un terreno semicircular en el que dan fruto más de 10.000 cepas que, protegidas por el Monte Castelo, descienden de forma escalonada por la pronunciada pendiente de este predio con 3,7 hectáreas de superficie y una tierra y un clima ideales para la obtención de vino.
Aunque si se habla de historia tampoco hay que olvidarse del pazo hermano de Moldes, también llamado Pousa de San Blas y cuya historia se remonta al siglo XIII. Una casa señorial que se alza sobre un terreno de 3,4 hectáreas que completa el conjunto arquitectónico en el que se ubica la bodega e incluye una capilla en honor a San Blas y el escudo de armas de los Suárez de Deza.
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