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Todo sobre A Doca de Baiona

Su historia, su evolución social, los elementos patrimoniales a su alrededor, el contexto socioeconómico baionés, los conflictos a su alrededor... El estudio sobre el espigón baionés previo a que Lula Goce iniciase sobre él el mural más grande de España ofrece información desconocida sobre este espacio público tan emblemático

Una pareja pasea en traje de baño por A Doca, junto a unas nasas, en el año 1963.

Una pareja pasea en traje de baño por A Doca, junto a unas nasas, en el año 1963. / Macarena Lorenzo Curbera (Facebook Jaime S. Leyenda)

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Baiona

¿De dónde procede el topónimo A Doca? Por semejanza, siempre se ha pensado en Baiona que su espigón toma el nombre de la palabra anglosajona «dock», muelle en castellano. Pero no es así, proviene del país vecino. En el Dicionário Priberam da Língua Portuguesa, doca significa «dársena con varios muelles, dentro de un puerto para cargar, descargar o abrigar embarcaciones» o «lugar donde se construyen o reparan embarcaciones (astillero)» o «zona de un puerto donde se descargan o almacenan mercancías para su carga». En la villa real también se utiliza el término luso «cais» para referirse al entorno portuario y no existen referencias históricas de una gran relación de la localidad con los marineros ingleses.

La eterna duda sobre el nombre del malecón la resuelve el estudio previo a la intervención de que Lula Goce para ponerlo en valor como uno de los símbolos de la identidad local. El proyecto cultural que impulsan Portos de Galicia, el Concello de Baiona y la Fundación Sabadell comenzó meses antes de que la artista internacional iniciase el mural más grande de España en el murallón.

Lo cierto es que poco se sabía en Baiona sobre este espacio público que forma parte de la memoria colectiva y de la rutina diaria de cientos de personas en el municipio. De ahí que la iniciativa artística comenzase por un estudio detallado encargado a las cooperativas ZEMOS98, de gestión cultural, y Ergosfera, de investigación urbana.

Una imagen de ayer de A Doca, con el pintado del mural en marcha.

Una imagen de ayer de A Doca, con el pintado del mural en marcha. / Alba Villar

Se trataba de promover la participación de asociaciones y particulares para trasladar a la artista sensaciones que la inspirasen y para ello se realizaron horas y horas de entrevistas individuales y colectivas, pero también se indagó en diversos archivos y hemerotecas.

Construcción en 1940

El informe final se titula «A Doca de Baiona: xeografía, infraestrutura e espazo urbano» y está disponible en la web ergosfera.org/gl. Aunque la construcción arrancó en 1940, la historia de esta gran escollera de 350 metros de largo comenzó mucho antes. Según el estudio, la idea de crear una estructura de abrigo en la bahía partiendo de la Torre de la Tenaza figura en varios planos y mapas del siglo XVIII, aunque no se materializó hasta el siglo XX.

En 1913 un grupo de «industriales, propietarios, comerciantes, patrones y marineros pescadores» de la villa envían una instancia al Ministerio de Fomento solicitándole la construcción de un espigón de unos 200 metros «cuyas obras convertirían este puerto en un verdadero puerto de refugio toda vez que en dicho espigón y el muelle que hoy existe quedaría una hermosa dársena donde podrían fondear toda clase de embarcaciones con completa seguridad». Veinte años después se puso en marcha el proyecto y el inicio de las obras estaba previsto en agosto de 1936, pero el golpe militar y la posterior guerra civil lo impidieron.

Finalmente los trabajos comenzaron en junio de 1940 y no acabarían del todo hasta 1952, entre otras cosas, dice el informe, porque siendo una obra en mar abierto solo se podía operar cuando este lo permitía. La primera reforma tuvo lugar entre 1959 y 1963 y en 1969 se hizo una ampliación que se prolongó hasta 1972. Fue en aquel año cuando alcanzó la longitud actual. El trabajo relata todas las reparaciones y reformas desarrolladas hasta la actualidad, tanto en la propia Doca como en sus aledaños.

En barca hasta los 70

Una de las mejoras del entorno que más afectó al uso del espigón fue la construcción del paseo que rodea Monte Boi, entre 1995 y 1997, ya que quedó por fin conectado con la villa de manera completamente accesible. Esta vía de acceso resultó importantísima porque durante muchos años la fortaleza estuvo cerrada al paso, por lo que el acceso a la Doca solo se podía hacer bordeando la península, por un camino en mal estado, principalmente por el crecimiento de la vegetación, que utilizaban hasta 1976 los trabajadores de las cetáreas existentes en las proximidades, y que en los 80 solo usaban parejas en busca de intimidad o individuos para consumir heroína.

También era habitual llegar a bordo de las embarcaciones que comunicaban las playas de A Ribeira y A Barbeira entre los años 40 y los 70 del siglo pasado. «Os barqueiros son unha figura moi marcada na memoria popular de Baiona, sendo aínda recordados os seus nomes (Antonio, Eugenio e Angelito) ou os berros cos que anunciaban a partida dos botes: Quen se vén?'», relata el trabajo. Por aquel entonces, eran numerosas las familias que llegan por vía marítima o terrestre los fines de semana para disfrutar de picnics, sardiñadas o churrascadas en el entorno de A Doca. Este tipo de reuniones salieron en buena parte de las conversaciones con las baionesas y baioneses más veteranos.

Con el paso de los años y la accesibilidad, el malecón se convirtió en un lugar habitual para el paseo, para la pesca, para el baño, para el descanso y, por supuesto, para pintar grafitis. El estudio recoge además la evolución de su decoración, que ahora culmina con la gran obra de Lula Goce.

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