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Bienvenida República sopla 95 velas

Justo un día antes de aquel 14 de abril de 1931, nacía en Priegue una niña que traía a su familia tanta ilusión como lo hacía el gran cambio social y político que ponía fin a la monarquía. La bautizaron como se merecía la ocasión, pero el segundo nombre tuvo que ocultarlo durante las cuatro décadas de dictadura

Bienvenida República González Penas, con su tarta de cumpleaños en su casa de Priegue.

Bienvenida República González Penas, con su tarta de cumpleaños en su casa de Priegue.

Nigrán

Los partidos republicanos habían derrotado a los monárquicos en las elecciones municipales del 12 de abril de 1931 y ya se respiraban aires de cambio en todo el Estado. Al día siguiente, mientras el rey Alfonso XIII pensaba ya en huir mientras sondeaba los escasos apoyos que le quedaban en el propio Gobierno y en las fuerzas armadas, venía al mundo en la parroquia nigranesa de Priegue Bienvenida República González Penas. Sobra explicar las grandes esperanzas que sus padres, Manuel y Dolores, albergaban en el momento político, aunque su quinta y última hija no llegase luego a conocer el aperturismo que prometía el nuevo régimen democrático.

En la fiesta de su 95 cumpleaños, repasa las memorias de una mujer marcada por el nombre durante cuatro décadas de dictadura franquista. Por lo que pudiera suceder, lo escondía. «Sempre firmei Bienvenida, como moito poñía Bienvenida R.», explica, tal y como atestigua su rúbrica en el DNI. La Guerra Civil estalló cuando contaba solo 5 años y el amargo recuerdo que guarda de aquel tiempo es la separación de su querido padre. Aunque nunca llegó a hablar abiertamente de política con él, entendió pasados los años que «escapou dos falanxistas que andaban a buscar escapados por aquí». En la capital argentina ya había trabajado años antes y allí había conocido a su madre, hija de emigrantes coruñeses. Se casaron y volvieron a la tierra para formar una familia en la misma casa donde ahora Bienvenida República sopla las velas.

Fueron cuatro largos años los que la familia siguió adelante sin el progenitor, que temió por su vida justo antes de regresar. Cayó enfermo poco antes de tomar el barco y llegó a enviar fotografías a cada hijo con cartas de despedida en el reverso para despedirse. Bienvenida conserva la suya como un tesoro y todavía se emociona cuando la lee. En el texto le dice «lo mucho que sufrí y sufro por no estar a vuestro lado todo este tiempo» y le pide que, en caso de que no pueda regresar, «seas buena, honesta y cariñosa para mamá y tus hermanas y que me tengas siempre presente por lo mucho que te he querido. Te abraza cariñosamente. Tu padre», remata el escrito. «Era moi cariñoso», comenta orgullosa la hija.

Finalmente logró volver al lado de los suyos en 1940 y se ocupó del molino familiar, además de fundar poco después la fábrica de gaseosas «La Ideal» que todavía recuerdan numerosos vecinos y que Manuel puso en marcha para dar un porvenir a sus hijas «e para non tiveramos que ir servir».

Ella le sigue agradecida por ello y rememora lo que vino después con mucha ternura. Sobre todo a su marido, «moi bo e moi guapo», y disfruta ahora de sus tres hijos , sus nietos y sus bisnietas. No duda en mostrar gratitud al Concello de Nigrán por «acordarse de min» en su aniversario. El alcalde, Juan González, la visitó para felicitarla una vez más y reconocer el valor histórico de su testimonio.

Así lo hizo constar en una charla que ofreció ayer en el IES Escolas Proval con motivo de la conmemoración del 95 aniversario de la II República. Como historiador experto en la Guerra Civil, González dejó claro a los alumnos que «quen vos diga que con Franco se vivía mellor estavos enganando. Ningunha guerra trae nada bo, máxime se é unha Guerra Civil, esa é a peor de todas porque as feridas entre irmáns tardan moito en curar».

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