Una historia de emigración
Retorno a Chandebrito 73 años después
Carmen Rial Rodríguez vuelve a la parroquia de Nigrán que la vio nacer y que dejó «con toda la tristeza del mundo» para labrarse un futuro en Montevideo. Recupera dulces recuerdos de su familia y amistades, pero también los amargos de lo «mal que se pasaba en tiempos de Franco»

Carmen Rial ha regresado hace unos meses a su Chandebrito natal después de toda una vida en Montevideo.
Recuerda con detalle cada episodio clave de su vida a sus 92 años. «Mi familia bajamos por las Laxes cantando ‘Adiós mi España querida’, fuimos a Vigo, al barco, que se llamaba Monte Udala, era español... Cuando subo al barco veo a mi tío escondiéndose, pobrecito, con un pañuelo llorando que se le iba la sobrina». El día que Carmen Rial Rodríguez dejó Chandebrito para hacer su vida en Uruguay fue dramático para sus seres queridos de aquí.
Ella iba con los sentimientos contradictorios de la joven que busca su futuro y que deja atrás todo lo que conoce y quiere desde que nació, pero por suerte al otro lado del charco encontró lo que buscaba. Su historia quedará guardada en el Arquivo Histórico Municipal nigranés, en un documental que se estrena este domingo, día 12, a las 19.00 en la Praza do Lavadoiro de la parroquia.
Será en un lugar mágico para Carmen, del que guarda «muy lindo recuerdo». «Veníamos a lavar, y lo pasábamos bien, contábamos cuentos, poníamos la ropa a clarear...». Se olvidaba momentáneamente «del hambre, de lo mal que se pasaba en tiempos de Franco», motivo que la llevó a emigar. No sin antes luchar por salir adelante durante una infancia marcada por la tragedia tras perder a su madre con solo 4 años. «Mi mamá estaba de parto. Recuerdo unos gritos que salieron de la casa y dije ‘qué le hicieron a mamá’, lo recuerdo como si fuera hoy», relata con pasmosa memoria.
Su padre se volvió a casar poco después y perdió también a su querida madrastra. Así que se quedó a los 11 años «a cargo de la casa, con una vaca con la que ni podía», rememora con amarga sonrisa. Se ocupaba de todo como cualquier adulta y pedía a su padre que adquiriese un cerdo «porque si había cerdo en casa había ‘fartura’» pero no lo consiguió. Eso sí, en cuanto su progenitor le tomó la delantera y viajó a Uruguay un año antes que ella, se lo compró.

Una imagen del álbum familiar de Carmen Rial Rodríguez, con su hija Susana en brazos, junto a su marido y otros parientes celebrando el primer cumpleaños de la pequeña. / Cedida
Aunque se las arreglaba sin problemas, «decidí marchar porque todo el mundo quería marchar» a la que fue su «segunda patria». Allí «querían mucho a los emigrantes, nos recibían muy bien», narra. Enseguida encontró un empleo en unos laboratorios farmacéuticos que dejó en cuanto nació su hija «porque entonces no había guarderías». En su tiempo libre frecuentaba centros gallegos, especialmente el «Valle Miñor» y a lo largo de las décadas disfrutó «de una familia maravillosa».
«No me faltaba de nada, tengo unos nietos maravillosos, un yerno que es como un hijo...», cuenta emocionada. Pero su felicidad se quebró recientemente con la muerte de su hija y por eso en octubre hizo las maletas para regresar a la tierra 73 años después. Se siente «muy arropada» y su intención inicial era quedarse ya para siempre, pero finalmente ha decidido retornar con su familia. Vino para abrazar sus raíces pero se ha dado cuenta de que en realidad las había echado en Montevideo.
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