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50 años de la «gran familia» de Panxón

De antiguo refugio de los huérfanos del mar, hasta convertirse en un gran centro educativo de Primaria y ESO compartiendo espacios con el Centro de Educación Especial de Panxón. 50 años de historia que merecían ser celebrados entre amigos

La dirección del CPI Arquitecto Palacios junto al alcalde de Nigrán, ediles y responsables de la Consellería de Educación.

La dirección del CPI Arquitecto Palacios junto al alcalde de Nigrán, ediles y responsables de la Consellería de Educación. / Alba Villar

Nigrán

«Este colexio é para min como a miña casa; volvería repetir». Son palabras que guardan recuerdos de una niñez vivida entre las paredes del CPI Arquitecto Palacios y detrás de las mismas, varias generaciones de estudiantes y profesores que quisieron estar ayer presentes en el acto de celebración de los 50 años de este colegio de Panxón, que imparte Educación Primaria y Secundaria y comparte espacios con el Centro de Educación Especial (CEE).

Al frente de este recorrido por medio siglo de historia, hoy se encuentra Antonio García, que abrió el acto. «Somos exemplo de esforzo e compromiso; de educar na tolerencia e na solidaridade. Estas seguen a ser o alicerce das aprendizaxes que aquí se imparten», cuenta García, recordando «a gran familia» que se formó en estas décadas. «Cada xeración deixou unha pegada única. Grazas a todos por seguir formando parte deste centro», concluyó el actual director.

Como hace años le tocó tomar el relevo de Alejandro Rouco, antiguo director, ayer García dio paso a Rouco, que recordó sus casi 20 años como director, el «más afortunado de España». «Siempre lo fui, no tengo mérito ninguno porque con la ayuda que tuve cualquiera la hubiera hecho», bromeó.

Rouco hizo alusión también al cambio pedadógico que han sufrido las aulas en estos años. «Yo recuerdo poder fumar, yo era de los que fumaba y atendíamos a 30 niños en clase sin el menor problema», comentaba, entre risas, el antiguo director.

Como él, Rafael Lores, también anterior director del CEE, no quiso perderse este acto. «Ante unha desgraza do mar, sempre quedaban persoas desamparadas. Recollíamos a estes nenos e acompañabamos no dolo. Entraban traumados pero ahí estaba o noso traballo, tanto dos profesores como educadores.. Esto é unha familia, unha comunidade educativa na que interveñen todos», rememoró Lores, quien destacó la «integración social» más allá de la educativa de esta institución académica.

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