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Entroido de Verán

Jolgorio sin fin en Redondela

Un año más, Redondela se convirtió en el epicentro festivo de la comarca en pleno agosto con la celebración de su emblemático Entroido de Verán, una cita multitudinaria donde la música, el colorido de los disfraces y los reencuentros entre amigos marcaron una jornada unica.

Redondela se convirtió en el epicentro festivo en pleno agosto con la celebración de su emblemático Entroido de Verán

Pedro Mina

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A medida que pasaba el día, las calles del centro de Redondela pasaban a ser un lleno absoluto. La música, los DJs, los puestos de comida e incluso las discomóviles de algunos de los asistentes animaban una jornada marcada por el jolgorio y el disfrute del festival.

Al bajar hacia la alameda, el impacto visual fue inmediato: una marea de disfraces invadía cada rincón del municipio. Las aparatosas vestimentas no entendían de edades, uniendo en una misma celebración la espontaneidad de los niños y la participación, en buena medida, de los adultos. Las calles se llenaron de color y risas, creando un ambiente festivo único en la localidad.

Caminar por las calles principales del pueblo se convirtió rápidamente en un avance lento. Se respiraba esa atmósfera inconfundible donde la fiesta masiva se juntaba con la intimidad de una reunión de pueblo. Bastaba con mirar a cualquier lado para ver grupos de amigos abrazándose, bailando —con cuidado de no derramar la copa— o sentados charlando mientras esperaban a algún rezagado.

A medida que la masa avanzaba hacia las zonas con más ambiente, las conversaciones cruzadas dejaban ver la dualidad de opiniones con la que se vivía esta fecha. Para muchos, «la mejor fiesta del año», encandilados por la abundancia de disfraces diferentes, la variedad de DJs y un despliegue festivo que se superaba con creces año tras año. En cambio, para otros, «solo es buena fiesta si eres de Redondela». Pero más allá de procedencias, esa identidad tan propia era justo el ingrediente secreto que hacía vibrar al municipio. El orgullo de los vecinos por enseñar su gran día se fusionaba con las ganas de diversión de la marea de visitantes. De plaza en plaza, entre la música ininterrumpida y los disfraces compartidos, la tarde fluía envuelta en una euforia colectiva donde la única premisa era pasarlo en grande juntos.

Los bares y las terrazas del municipio trabajaban a pleno rendimiento, desbordados por una clientela dispuesta a alargar el tardeo. Con la caída de la noche, el centro de la localidad terminó por transformarse en una gran pista de baile al aire libre. Nadie miraba el reloj; la energía no decaía y el flujo de gente continuaba moviéndose de plaza en plaza a la caza del siguiente tema para cantar a pleno pulmón. Ni el calor ni el cansancio acumulado tras horas de caminata conseguían dar tregua a una masa festiva que tomó cada rincón del centro urbano, convirtiendo aceras, plazas y callejones en un único y vibrante escenario común.

Al final, este Entroido de Verán volvió a demostrar por qué se ha convertido en una fecha marcada en rojo en el calendario festivo: una jornada donde la alegría desbordada se convirtió en el verdadero sello de identidad de Redondela.

Entre reencuentros improvisados, disfraces que aguantaban a duras penas el paso de las horas y el retumbo constante de los bajos chocando contra las fachadas, el sentir general se terminó sintetizando en un grito espontáneo que resonó en plena multitud y que resumía la jornada mejor que cualquier crónica: «¡Viva Redondela y viva la madre que la parió!».

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