Procesión del Corpus Christi
El aroma floral inunda Redondela
Los locales vacíos del centro de Redondela han recuperado la vida en las últimas semanas con la labor de las alfombristas, decenas de personas que trabajan a diario durante horas deshojando flores para tener listos los coloridos tapices vegetales que adornarán mañana las calles para la procesión del Corpus

Las alfombristas trabajando en la calle Isidoro Queimaliños, ayer, en el centro de Redondela. / ANTONIO PINACHO

Los redondelanos apuran las últimas horas para dejar listo todo el material para la elaboración de las alfombras florales del Corpus Christi, un intenso trabajo artesanal que teñirá de color el centro para honrar paso de la procesión de la virgen «A Gabacha». Las labores se intensificarán en la jornada de hoy y se prolongarán durante la madrugada para que este jueves, el día grande de las Festas da Coca, las calles amanezcan cubiertas de tapices florales.
«Llevamos muchos días y es un trabajo muy laborioso, pero se disfruta porque hay muy buen ambiente. Estamos todas las tardes varias generaciones, desde niños a personas mayores como yo, y esa convivencia es muy positiva», comenta Pitusa Araújo, de 85 años. Otra compañera, Delia Vilas, de 91 años, lleva casi dos décadas colaborando en estas labores. «Hay que luchar para que esta tradición tan bonita no se pierda. Aquí tenemos a varios niños que nos ayudan todos los días y es una alegría», indica sin parar de preparar el mirto con el que rellenarán el verde de las alfombras. Una de sus preocupaciones es el tiempo, puesto que la previsión da lluvias para la noche de mañana. «Sería una pena después de tanto trabajo porque el agua las estropea, esperemos que no llueva mucho», apunta.

Las pequeñas Laia y Ariadna, ayer, deshojando la flor. / ANTONIO PINACHO
En este grupo, como en la mayoría de los que deshojan y trabajan el material vegetal, los hombres son minoría. Uno de ellos es Iago Iglesias, de 42 años, que se estrena este año. «Llevaba años viendo cómo trabajaban y en esta edición me animé. Es muy recomendable porque conoces a mucha gente, es una labor amena y contribuyes al mantenimiento de la tradición», señala.

Unas personas preparando el material, ayer, en uno de los locales. / ANTONIO PINACHO
A solo unos metros trabajan dos niñas, Ariadna Gómez, de 10 años, y Laia Bouzón, de 9. «Venimos con nuestras madres desde pequeñas y nos gusta mucho, es mucho mejor que quedarse en casa», admiten. Estos días deshojan claveles, pero dicen que en las últimas semanas hicieron de todo. «Lo más duro es trabajar el pampullo», como llaman al disco central de las margaritas, «y lo peor cuando pasa la procesión y ves cómo destrozan las alfombras. Sabemos que se hacen para eso, pero da mucha pena ver destrozado el trabajo de tantos días», comenta Ariadna.
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