Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Cultura

Redondela pierde a sus campaneros: «Encamiñámonos a ser un deserto sonoro»

El toque manual de campanas fue declarado por la Unesco en 2022 como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad, pero en Redondela esta tradición está a punto de desaparecer por la instalación de sistemas automáticos

Curso de campanero impartido el pasado año en la iglesia parroquial de Reboreda.

Curso de campanero impartido el pasado año en la iglesia parroquial de Reboreda. / JOSE LORES

¿Ya nos sigues?Márcanos como medio preferente
Añádenos en Google
Antonio Pinacho

Antonio Pinacho

Redondela

Las campanas de las iglesias no solo han sido a lo largo de la historia el principal reclamo para la misa, sino que también se utilizaban para informar a la parroquia de distintos acontecimientos como entierros, nacimientos, bodas, bautizos e incluso de situaciones de emergencias. Los campaneros eran capaces de expresar sentimientos como el dolor o la alegría, marcando la vida religiosa y social del pueblo con su código de toques, cadencias y sonidos. Este arte fue declarado en 2022 por la Unesco como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad, pero a pesar de ello, esta tradición está desapareciendo poco a poco por el uso de medios tecnológicos.

El investigador y divulgador cultural redondelano Xosé Couñago, lamenta esta pérdida cultural en las parroquias de la comarca, de la que tan solo resiste Cedeira. «O toque manual é unha linguaxe viva que traduce os sentimentos dunha comunidade. O campaneiro non preme un botón; el sabe se dobra por un home, unha muller ou unha criatura, compartindo o pesar ou a alegría coa veciñanza. É un trato humano que ningunha máquina de silicio poderá imitar», explica.

En su opinión, la situación no tiene que ver con una falta de relevo generacional, y pone como ejemplo la labor del colectivo Sinos de Bronce o la asociación cultural Campaneiros de Galicia, que en agosto del pasado año impartió un curso en la parroquia de Reboreda que reunió a decenas de personas, muchas de ellas jóvenes, con disposición para aprender. «Hai mans e hai ganas; o problema é institucional», apunta.

Participantes en un curso de campaneros en Reboreda el pasado año.

Participantes en un curso de campaneros en Reboreda el pasado año. / JOSÉ LORES

Couñago considera contradictorio que sean los propios sacerdotes los que eliminen este patrimonio. «Tras Soutomaior ou Nespereira, e a recente baixa en Cesantes, Redondela encamiñase a ser un deserto sonoro onde só resiste Cedeira. Tras esta mecanización agóchase unha sospeita económica: ao prescindir do campaneiro, os honorarios pasan a ser xestionados directamente pola parroquia. Converter un Ben de Interese Cultural nun servizo mecanizado para aumentar a recadación é unha traizón ética», subraya.

Ante esta situación apela al Obispado a proteger este legado. «A automatización debe ser o último recurso, non a vía para a comodidade ou o lucro. Se as campás deixan de ser tocadas por mans humanas, a nosa historia quedará muda», concluye.

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents