La familia de Manuela Barbosa recurre el archivo: «Merece un mínimo de justicia»
Denuncian negligencias en la investigación, primero por desaparición y luego por presunto homicidio, de la redondelana: «Se podía haber hecho mucho más, pero no interesaba»

Manuela Barbosa. / FDV
«Fue todo una chapuza, desde el principio hasta el final». Así resume Raquel Barbosa, la hija de Manuela Barbosa, la vecina de Redondela de 66 años desaparecida en 2021 y cuyos restos mortales aparecieron en verano del año pasado, la investigación policial y judicial que, cuatro años después, se cierra provisionalmente sin saber qué le pasó a Manuela la tarde en la que se le perdió la pista de manera misteriosa. Solo hay dos cosas claras, que fue víctima de una muerte violenta y que el autor o autores del presunto homicidio han esquivado a la justicia.
El Juzgado de Primera Instancia número 2 de Redondela decretó recientemente el sobreseimiento provisional de la causa que seguía la muerte violenta de Manuela Barbosa, aunque la familia de la mujer ya ha presentado hasta tres recursos para evitar el archivo del caso.
Su hija, en representación de la familia, reclama justicia y denuncia una serie de negligencias durante el proceso de búsqueda de su madre, que han propiciado que, cuatro años después de que Manuela saliera de su casa para visitar a su otra hija, no haya el más mínimo indicio que apunte a un presunto responsable del homicidio de la redondelana. «Aunque entre la gente de a pie todo son habladurías, que hacen más daño a nuestra familia», se queja Raquel.
«Se podía haber hecho mucho más y con más celeridad, pues en estos casos las primeras 48 horas son fundamentales», lamenta Barbosa, valorando que, al no ser la desaparición de su madre un caso mediático, por su edad, 66 años, y por sus problemas de salud mental, «no interesaba». «Si en lugar de mi madre la desaparecida hubiera sido una mujer joven, no habrían descansado hasta encontrarla», valora Raquel Barbosa, explicando que, durante los tres primeros años, el caso lo llevó la Unidad de Desparecidos de la Policía Nacional, donde le llegaron a reconocer que se habían hecho mal las cosas. «Pusieron el foco donde no tenían que ponerlo», reclama la hija de la víctima, recordando que, las semanas siguientes a la desaparición de Manuela, todo el peso de la búsqueda recayó en la familia, que organizó batidas y empapeló media provincia con la cara de su madre.
«Trajeron unos perros para rastrear la zona que ni siquiera eran los perros policiales adiestrados para estos casos y que desviaron el rastro de mi madre, agregando más confusión», lamenta la familia, contando que incluso se borraron las imágenes de la cámara de la entidad bancaria donde se vio por última vez a Manuela.
Ese día había cogido un taxi de Redondela a Arcade para ir a visitar a una de sus hijas, pero pidió al taxista que la dejase a la altura de un restaurante para hacer el resto del trayecto paseando. Es por ello que la hipótesis inicial de la Policía apuntaba a que la mujer se podía haber desorientado, pero sus hijas siempre defendieron que, en ese caso, no podría haber llegado muy lejos, pues tenía problemas de movilidad.
Tres años después de la tarde en la que se le perdió la pista, su cadáver apareció en una finca de Arcade, cerca de la casa de una de sus hijas, a la que fue a visitar el día de su desaparición. Entonces el caso se traspasó a la Policía Judicial de la Guardia Civil, una vez que el estudio antropológico de sus restos apuntó a una muerte violenta, y la pesadilla volvió a empezar para la familia de Manuela.
Con el caso en manos de la Guardia Civil, «volvieron a poner el foco donde no tenían que ponerlo y fue todo más hermético y sin sentido», lamenta Raquel Barbosa, que se enteró de que la muerte de su madre había sido un homicidio a través de los medios de comunicación.
«La mataron de forma muy violenta. Fueron cuatro golpes. ¿Nadie escuchó nada? Tuvo que gritar ¿A nadie le olió todo el tiempo que estuvo allí su cadáver?», se pregunta la hija de la víctima, indicando que la investigación apunta a que el cuerpo de Manuela siempre estuvo en la finca donde aparecieron sus restos el verano pasado; una finca que está cerca de la casa de una de las hijas de Manuela, que tiene que vivir a diario con esa angustia.
«Destrozaron para siempre nuestra familia», valora Raquel Barbosa, que acoge con frustración el archivo del caso sobre la muerte violenta de su madre. «Merece un mínimo de justicia», reclama su hija.
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