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Patrimonio

Covelo celebra el solsticio

En el momento exacto de solsticio de este año, un grupo de personas de Covelo y zonas próximas, accedieron a la cumbre del monte Aldir, para celebrar el día más largo y la noche más corta del año

Un momento de la actividad, celebrada en Covelo. | D.P.

Un momento de la actividad, celebrada en Covelo. | D.P.

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Covelo

El Coto de Aldir volvió a convertirse en escenario de una singular celebración del solsticio de verano, para destacar el patrimonio arqueológico, el paisaje y la memoria ancestral de este enclave de Covelo.

Un grupo de vecinos subió a la cumbre para reivindicar este espacio, considerado por algunos estudiosos como un posible santuario prehistórico vinculado a observaciones astronómicas y comparado incluso con un particular Stonehenge gallego.

En tiempos prehistóricos, este lugar sería, a entender del principal organizador, Maximino Fernández Sendín, y a juzgar por los vestigios existentes, uno de los espacios donde se acudía para «encender hogueras para purificar, proteger los campos y honrar la energía del sol».

A la hora indicada, los vecinos subieron al monte llevando instrumentos básicos de música gallega, como gaitas y percusión. Durante el ascenso y ya en la cumbre, Fernández Sendín compartió sus investigaciones sobre el enclave y explicó las teorías que apuntan a una posible función ritual o ceremonial en tiempos prehistóricos.

Tras interpretar varias canciones y repasar las leyendas del lugar, tuvo lugar el momento central del solsticio, con una representación colectiva. Uno de los asistentes, ataviado como maestro de ceremonias (un druida), recitó varios versos mientras destacaba el valor simbólico del enclave como antiguo lugar de culto pagano.

Las personas asistentes usaron velas falsas para evitar riesgos. Aunque las nubes impidieron ver la puesta de sol, celebraron igualmente el instante en que el astro rey desaparecía del horizonte. Antes de anochecer, descendieron.

La jornada comenzó en la plaza de A Hermida, junto a la Casa Museo Pazo da Cruz. Desde allí, el grupo se desplazó en vehículos hasta la base del monte y completaron a pie el último tramo hasta la cima, donde pudieron observar algunos de los elementos más singulares del lugar.

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