Romería de As Pascuillas
A Franqueira, cita con la tradición
Un total de 66 parroquias del sur de la provincia de Pontevedra peregrinaron ayer al santuario de A Franqueira para vivir la romería de As Pascuillas. La cita es, como cada año, un acontecimiento de color, religiosidad y enxebrismo, y una oportunidad para la confraternización entre el vecindario de los distintos pueblos

Anxo Gutiérrez
No había amanecido cuando algunas de las comitivas de peregrinación avanzaban por los caminos que llevan al santuario de A Franqueira y que, a veces, coinciden con carreteras principales y, otras, con senderos de monte muy poco usados.
El popular santuario, en la sierra de A Paradanta, reúne en As Pascuillas a colectivos de todas las aldeas del sur de la provincia, en un evento único que congrega a las imágenes de iglesias y capillas del territorio. Ayer fueron 66 en total.
La celebración ofrece escenas rituales que se han conservado desde hace cientos de años y que antes se utilizaban en otros acontecimientos similares. La salutación de las imágenes cuando se encuentran o cuando las recibe A Franqueira son elementos que sobrepasan la dimensión religiosa.
«Podrían venir muchas más parroquias», afirma una de las peregrinas. «Pero en muchos sitios no hay gente que se comprometa para traer las imágenes», dice. Las tallas, generalmente colocadas en andas que cargan cuatro personas, van acompañadas de la cruz parroquial, el pendón y el estandarte, portados individualmente por vecinos y vecinas. En la salutación, las comitivas se aproximan a la parroquia amiga haciendo varias genuflexiones y reverencias; después continúan juntas el recorrido.
Antes, todas las santas y los santos se llevaban a hombros; ahora, muchas parroquias utilizan tractores adornados o camiones «porque los recorridos son rompepiernas», asegura uno de los romeros de una aldea de Mondariz. «Los de Queimadelos somos de los que más vamos a pie desde más distancia», asegura otro.

Durante la liturgia las santas rodean a los fieles. | ANXO GUTIÉRREZ
Después de la llegada, el acto religioso principal, esta vez presidido por el obispo de Tui-Vigo Antonio José Valín Valdés, se celebra en una gran carpa. Las y los asistentes escuchan misa rodeados de su imaginería y después marchan en procesión hasta el templo. Ayer, las imágenes se quedaron en el entorno de la iglesia durante la comida.
Muchos de los romeros aprovecharon para pasar por debajo de la imagen antigua de A Franqueira, pasar un pañuelo por sus elementos para quedarse con su intercesión o encender una vela de las miles que ayer se prendieron en una zona exterior del atrio «para pedir salud, protección o ayuda ante dificultades». Las colas tanto para encender velas como para pasar por debajo de la imagen fueron enormes en algunos momentos.
Los y las asistentes aprovechan la celebración para comer en grupo, algunos acompañados de gaiteiros. Los colectivos se instalan en un radio de un kilómetro para este momento de confraternización.
Otros utilizan los puestos de feria para comer en el meollo de la fiesta. Las diversas degustaciones propias de fiestas y romerías no dejan con hambre a quien tiene dinero o amigos. El pulpo á feira es uno de los platos más apreciados de la celebración. Las y los pulpeiros agotaron sus raciones a primera hora de la tarde.
Después, el regreso, a pie o en autobús, sobre las 18.00 horas. Al llegar a los distintos pueblos se concluye la fiesta comiendo las sobras de la mañana u organizando sardiñadas. En algunas localidades la jornada es festivo local.
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