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Veinte familias son las primeras en recibir las ayudas a la natalidad de Oia

El Concello renovará en 2026 el apoyo económico para nacimientos y adopciones ante la caída de los alumbramientos

El municipio afronta un fuerte envejecimiento poblacional

Foto de archivo de un recién nacido.

Foto de archivo de un recién nacido. / FdV

Oia

El Concello de Oia ha hecho balance de su primera convocatoria de ayudas a la natalidad, puesta en marcha este año, con el objetivo de respaldar a las familias del municipio y frenar la pérdida de población. En total, veinte hogares se beneficiaron de las subvenciones, que alcanzaron a 21 nacimientos o adopciones registradas a lo largo de 2024. Cada unidad familiar recibió 200 euros por menor, lo que elevó la inversión municipal a 4.200 euros.

La iniciativa, pionera en Oia, fue bien acogida por la ciudadanía, en un contexto en el que la caída de la natalidad es una de las principales preocupaciones de los pequeños municipios de la provincia. Las ayudas están diseñadas no solo como un apoyo económico directo, sino también como un revulsivo para el comercio local, ya que el importe debe gastarse en establecimientos del municipio.

El gobierno local ya ha avanzado que esta línea de apoyo tendrá continuidad. En los presupuestos de 2026, actualmente en fase de elaboración, se incluirá una nueva partida destinada a los nacimientos y adopciones que se produzcan durante 2025. Con ello, el ejecutivo municipal aspira a consolidar un programa que, según señalan, contribuye a favorecer la conciliación y reforzar la cohesión social.

Desde el gobierno local destacan que el envejecimiento de la población y la marcha de jóvenes hacia otros núcleos siguen siendo retos importantes para Oia. Aunque el número de beneficiarios es reducido, consideran que este tipo de medidas pueden ayudar a fijar población si se mantienen en el tiempo y se complementan con otras políticas de vivienda y servicios básicos.

El caso de Oia se suma al de otros concellos de la comarca del Baixo Miño que en los últimos años han impulsado iniciativas similares para combatir la despoblación, desde ayudas directas a familias hasta bonificaciones fiscales o programas de apoyo educativo. La evolución demográfica de los próximos años dirá si estos incentivos logran revertir una tendencia que afecta a buena parte del rural gallego.

El envejecimiento poblacional es especialmente acusado en los municipios costeros del Baixo Miño, donde la proporción de personas mayores de 65 años supera ampliamente la media gallega. En Oia, como en otros concellos de tamaño similar, el peso de la población sénior condiciona la oferta de servicios y aumenta la presión sobre recursos sociosanitarios, lo que obliga a los ayuntamientos a redoblar esfuerzos en políticas de atención y dependencia.

A ello se suma la escasez de relevo generacional. La falta de oportunidades laborales estables y la dificultad de acceso a la vivienda empujan a muchos jóvenes a instalarse en áreas urbanas, dejando atrás parroquias cada vez más envejecidas. Expertos en demografía advierten de que, sin un incremento sostenido de nacimientos y un retorno de población joven, municipios como Oia podrían ver comprometida la sostenibilidad de su tejido social y económico en las próximas décadas.

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