Memoria Histórica
Salceda cose dos heridas del 36
El Concello de Salceda y la Comisión pola Recuperación da Memoria Histórica hicieron ayer un acto de justicia democrática con la entrega de los restos de dos tudenses asesinados durante la Guerra Civil a sus familiares

Carlos Domínguez y María Marta Fernández antes de recibir las cajas con los restos de sus familiares, junto a Helena Pousa, Fernando Serrulla, Loli Castiñeira, Abel Losada y Enrique Cabaleiro, entre otras personas. / ANXO GUTIÉRREZ
Salceda de Caselas celebró ayer un acto de reparación y dignificación de la memoria de dos víctimas de la represión franquista, Antonio Dalmiro Domínguez González y Manuel Fernández Diz, entregando sus restos a sus familiares. «Poco sabemos de estos dos jóvenes, pero podemos afirmar que sus muertes no fueron justas», destacó Helena Pousa, presidenta de la Comisión pola Recuperación da Memoria Histórica do Baixo Miño, O Condado e A Louriña, entidad que, junto al Concello de Salceda, promovió la exhumación de una fosa en el atrio de la iglesia de Soutelo, en la que se encontraron los cuerpos de estos dos tudenses asesinados en septiembre de 1936.
La emoción, el recuerdo y los agradecimientos fueron el hilo conductor de un acto que sirvió para cerrar una etapa y curar heridas. En el atrio de la iglesia de Soutelo, entregaron los restos de Antonio Dalmiro a su sobrino, Carlos Domínguez; y de Manuel a su sobrina nieta, María Marta Fernández, que viajó desde Argentina para recogerlos. Especialmente revelador fue su relato, haciendo alusión al silencio que se instaló en las familias represaliadas tras la Guerra Civil, y recordando como su abuelo Joaquín «se escapó de España y estuvo escondido en un campo de estiércol para luego tomar un barco como polizón a Argentina». Por otro lado, aunque desconocía la existencia de su tío abuelo Manuel, gracias a unas notas y a «cosas mágicas que suceden en la vida», pudo reconstruir su árbol genealógico.
El análisis de ADN de los restos óseos de los dos cuerpos hallados en la fosa de Soutelo fueron coincidentes con las muestras tomadas a sus familiares; un trabajo en el que fue fundamental la labor del antropólogo forense Fernando Serrulla, también presente ayer. Serrulla reveló que es la primera vez en España que se realiza una entrega de personas desaparecidas asesinadas en la Guerra Civil española desde la dirección de un Fiscal de Memoria Democrática y Derechos Humanos, figura que apenas existe en España desde finales de 2024. «Es un acto de simple y llana humanidad», recalcó el forense, que fue un guía para la Comisión promotora de esta exhumación.
Otras personas y entidades que contribuyeron a curar estas heridas, fueron la familia de Severo Boente, otro de los represaliados desaparecidos, con cuya búsqueda comenzó esta exhumación; el Concello de Salceda, que buscó la financiación para hacerla posible, con cargo a fondos de la Federación Española de Municipios y Provincias, a través del Ministerio de Memoria Histórica; y el historiador Xosé Ramón Paz Antón, que lleva años recabando información. En este sentido, el subdelegado del Gobierno en Pontevedra, Abel Losada, también presente ayer, junto al alcalde de Tui, Enrique Cabaleiro, felicitó «a quien está dirigiendo este tipo de procesos, que no son los gobiernos, son las Comisiones por la Memoria Histórica como esta del Baixo Miño, Condado y A Louriña».
Por último, cerró el acto la alcaldesa de Salceda, Loli Castiñeira, que hizo hincapié en la necesidad de reparar estas heridas y darles difusión. «Olvidar no es una opción, porque cuando olvidamos abrimos la puerta a repetir», concluyó la regidora, que ya tiene sobre el despacho una segunda fase de esta exhumación en el atrio de la iglesia de Soutelo, que comenzará en abril para tratar de localizar a otros siete vecinos asesinados en 1936.
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