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DESAHUCIO

Una madre con una hija de 10 años en O Porriño: «Llegué del trabajo y vimos que ya no teníamos casa»

La mujer y la menor de edad fueron desahuciadas de su vivienda después de que la expareja y padre de la niña dejase de pagar el alquiler

Tres madres ayudan en la mudanza, el sábado pasado.

Tres madres ayudan en la mudanza, el sábado pasado. / Cedida

L. R. D. —prefiere ocultar su identidad—, vecina de O Porriño, regresó del trabajo acompañada por su hija de 10 años y se encontró en la puerta de su casa un extraño papel. Se trataba de una notificación judicial de desahucio. Para mayor sorpresa todavía, la cerradura había sido ya sustituida. Su expareja y padre de la menor era el responsable del pago de la renta del alquiler, pero este dejó de abonarla desde hacía ya un tiempo y no avisó. Así, desde el martes de la semana pasada, tanto ella como la pequeña han tenido que vivir a caballo entre la casa de una madre del colegio y la de la hermana de esta. Finalmente, este martes se mudarán a una habitación de una pensión situada en el propio municipio porriñés, por la que pagarán 450 euros.

Llegada de Barcelona, L. R. D. se instaló en O Porriño con su pareja y la hija de ambos hace seis años. En enero del 2024, la mujer se separó —no había contraído matrimonio— en una época en la que se encontraba sin empleo. Más tarde ya consiguió uno que ahora mantiene, aunque a media jornada.

«Quedamos en que la custodia de la niña era para mí y que él pagaba los 425 euros del alquiler del piso, que estaba a su nombre»

«Quedamos en que la custodia de la niña era para mí y que él pagaba los 425 euros del alquiler del piso, que estaba a su nombre, y que así no pasaba manutención ni nada a la cría», relata a FARO la madre, todavía en estado de «’shock’».

Para que el acuerdo ofreciese garantías, L. intentó establecer un convenio regulador —contrato que determina las condiciones tras la separación— con su ex a través de un abogado. Logró que lo firmase, pero el hombre nunca acudió a ratificarlo al juzgado. «Daba excusas como que se había quedado dormido o que tenía que ir a no sé dónde…», abunda. 

Con todo, L. confiaba en que su expareja, que continúa morando en O Porriño, iba a cumplir con lo pactado; nada más lejos de la realidad. «Yo no sabía nada de los impagos, lo desconocía absolutamente y al final nos dejó en la calle. Ir a trabajar a las ocho de la mañana, volver a las dos y no tener casa es muy fuerte», confiesa.

El juzgado desconocía que había una menor viviendo

Al día siguiente de conocer la noticia, L. se enteró a través del juzgado de que el varón no había pagado varias mensualidades del alquiler. Para más inri, el tribunal, según la versión de la madre, dictó el desalojo desconociendo que había una menor de edad residiendo en el piso porque el padre, que no ve a su hija desde la separación, «no dijo nada»: «Me confirmaron que la medida del desahucio ahora ya no se puede revocar», subraya.

Según le habrían precisado desde la agencia inmobiliaria, se habían registrado impagos intermitentes desde el año 2021, pero desde mediados del 2025 se interrumpió el abono de la renta por completo.

Se habían registrado impagos de forma irregular desde 2021, pero desde mediados del 2025 se interrumpió el abono de la renta por completo

Esa misma jornada posterior al precinto, L. pudo acceder a la vivienda, bajo vigilancia policial y del dueño del inmueble, para recoger las pertenencias más imprescindibles, como ropa y los libros del colegio de la pequeña, y el sábado, regresó para realizar la mudanza general. No lo hizo sola, sino que acudieron para echarle una mano varias madres y padres de la escuela.

Una madre del colegio las ha acogido en su casa

Ante este panorama, L., que no tiene familia en Galicia, llamó a una «mamá» del colegio al que va su hija, situado en el barrio de Sanguiñeda, quien no dudó en acogerlas en su casa a pesar de conocerse tan solo «desde septiembre». Algún día durmieron también en el piso de la hermana de esta solidaria progenitora.

Entretanto, la mujer ha procurado apoyo en el Concello do Porriño, que ha mediado para lograr una opción de alojamiento que cumpla sus necesidades y las de su pequeña.

«La asistenta social me ofreció una solución a largo plazo: que buscase un piso de máximo 500 euros al mes y el Ayuntamiento me pagaría la fianza, luego solicitaría la ayuda del alquiler; y otra a corto plazo, que finalmente se ha materializado hoy: ha encontrado un cuarto de 450 euros con cocina compartida en una pensión, pero en un lugar más lejano, a unos 40-45 minutos a pie tanto del cole como del trabajo, por lo que necesitaremos un taxi para desplazarnos», resume.

«La demanda en O Porriño es alta» y el ayuntamiento «no dispone de viviendas en propiedad»

Alejandro Lorenzo

— Alcalde de O Porriño

Paralelamente, el alcalde de la localidad, Alejandro Lorenzo, ha manifestado a FARO la dificultad que conlleva en la actualidad hallar una solución de alojamiento, pues el mercado está saturado. «La demanda en O Porriño es alta» y el Ayuntamiento «no dispone de viviendas en propiedad», lamenta.

De cualquier modo, Lorenzo, al igual que la asistenta, se han ofrecido a auxiliar a la mujer a través de una ayuda pública de carácter económico que pueda cubrir parte de la citada renta, siempre y cuando la vecina cumpla con ciertos requisitos que serán analizados estos días.

«’Mamá, ¿cuándo vamos a tener un piso?’»

«La niña está, dentro de lo que cabe, bien porque se entretenía con su amiguito de clase, pero está muy pegada a mí, no me deja sola, me dice que coma. Además, descansa mal por las noches, está cansadita, y en el colegio está como muy pensativa, muy preocupada con sus cosas porque con esto todo se ha quedado un poquito atrasada en los deberes, aunque en la escuela le han dicho que no se agobie, que no los haga por ahora», admite L.

La pequeña, agotada de no poder disponer de sus pertenencias en un lugar fijo, le pregunta a la madre: «'Mamá, ¿cuándo vamos a tener un piso’».

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