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8-M

Las nueve almas de las parroquias de Porriño

El Concello de Porriño homenajeó con motivo del Día Internacional da Muller a Mujer a nueve vecinas veteranas del municipio a las que definió como las raíces de los árboles: «No siempre se ven, pero sin ellas nada se sostiene»

El alcalde de Porriño, Alejandro Lorenzo, junto a las nueve mujeres homenajeadas por el 8-M.

El alcalde de Porriño, Alejandro Lorenzo, junto a las nueve mujeres homenajeadas por el 8-M.

Porriño

«Cada parroquia tiene un alma y muchas veces esa alma tiene nombre de mujer». Bajo este lema y con motivo del 8-M, el Concello de Porriño homenajeó a nueve mujeres que representan la esencia viva y el motor invisible de las parroquias del municipio: Carmen Alonso, por Chenlo; Adoración Carrera, por O Porriño; Mercedes Besada, por Budiño; Juana Freiría, por Mosende; Fermina Fernández, por Cans; Dolores Codesada, por Atios; Teresa Castro, por el barrio de Carracido; Carmen Míguez, por Pontellas; y Carmen Martínez, por Torneiros.

«Estas nueve mujeres son como las raíces de los árboles: no siempre se ven, pero sin ellas nada se sostiene», definió el alcalde, Alejandro Lorenzo, a las mujeres homenajeadas por el Concello de Porriño por el Día Internacional de la Mujer. «Representan a todas esas mujeres que cuidaron, trabajaron, lucharon y enseñaron sin pedir nada a cambio. Son el pan de cada día: sencillas necesarias e imprescindibles», continuó el regidor durante el acto oficial de reconocimiento a estas veteranas, que contó con la participación de la Escola Municipal de Música do Porriño y con la intervención, además del alcalde, de la concejala de Igualdad, Carolina González Costas, y de las protagonistas.

Carmen Alonso, al frente durante toda su vida de un bar y una tienda en Chenlo, afirmó con humildad que «no vivó la vida» debido a que tenía mucho trabajo, pero su energía sigue intacta, además de trabajar en el campo, participa en clases de pilares y gimnasia de memoria. Su deseo para el futuro es claro y justo: «que el hombre y la mujer sean iguales y sepan hacer de todo».

Otra homenajeada fue Dora Carrera, de O Porriño, que, junto a Carmen Avedaño, fue una pieza fundamental en la fundación de la Asociación Érguete, un grupo de madres que se enfrentaron al narcotráfico, sembraron esperanza y cambiaron el curso de la historia.

Por Torneiros, Carmen Martínez es la viva imagen de que la pasión por el trabajo no entiende de horarios, sino de compromiso. En su peluquería, Carmen representaba a algo más que un oficio, fue confidente y un pilar fundamental en la vida social de Torneiros.

Otro ejemplo con mayúsculas de mujer trabajadora es Carmen Míguez, de Pontellas, que durante 43 años fue la pescadera que llevaba los productos frescos de la ría a las casas de Mos, Porriño y Tui. Con un currículum escrito con madrugones y kilómetros, Carmen reivindicó con firmeza la importancia de la mujer trabajadora en este día tan especial.

La misma filosofía de vida acompañó a Dolores Codesada, de la parroquia de Atios, que fue lechera toda su vida, siendo un vínculo entre la producción de la tierra y la alimentación de las familias de Atios.

En Pontellas, Fermina Fernández tejió su historia con hilo y aguja. De oficio costurera, recordó durante el acto que «la vida de antes no era la de ahora». Eran tiempos de silencio y necesidad, de gente escondida en los montes y de ausencias marcadas por la guerra. En ese contexto, la escuela era un lujo al que solo se iba «cuando se podía», porque las manos hacían falta para el sustento diario.

Teresa Castro, luguesa de nacimiento, porriñesa de adopción y maestra de vocación, dedicó 37 años de su vida a una de las tareas más nobles: cultivar el futuro a través de la enseñanza. Representando al barrio de Carracido, señaló con preocupación que, aunque avanzamos en derechos, el machismo sigue siendo un reto e incluso se perciben retrocesos que nos obligan a no bajar la guardia.

En Budiño, todo el mundo conoce a Mercedes Besada, una de las fundadoras de la Coral de Budiño, donde lleva 29 años cantando y haciendo parroquia. Su vida fue un constante equilibrio entre la entrega a la tierra y la pasión por la música, siendo un ejemplo vivo de como la dureza del trabajo y la belleza del arte pueden caminar de la mano.

Por último, Juana Freiría, de Mosende, es ejemplo de sacrificio y dignidad. Viuda con siete hijos a su cargo, lejos de rendirse, Juana multiplicó los esfuerzos y trabajó de sol a sol para que en su casa no faltase un plato de comida en la mesa. Fue padre y madre, jornalera y guía, levantando a su familia con la única fuerza de sus brazos y una voluntad de hierro.

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