A Franqueira, multitudinaria cita de fe
Miles de personas asisten a la romería de septiembre en el santuario mariano de A Cañiza
Sentada en primera fila y entre el público asistió impávida a los actos litúrgicos una mujer de más de cien años. Rosa Gómez, con 102, era seguramente la más longeva de las personas que, ayer, cumpliendo una tradición de varios siglos, asistían a la romería de septiembre o de la Natividad de la Virgen. A Franqueira congregó a personas de todas las edades y condición social. Los últimos días del verano llevaron hasta este santuario mariano de A Cañiza algún turista, pero, sobre todo, personas de fe, que en una nueva ocasión ejecutan su rito de subir al monte para ver a la santiña, rezar, participar en la procesión y de paso degustar el pulpo á feira y otras grandezas gastronómicas de las romerías gallegas.
A las once y media de la mañana, el santuario era un hervidero de gente. A las doce algunos coches daban la vuelta porque la retención era importante mientras la Guardia Civil intentaba ordenar el tráfico y con su helicóptero volaba bajo, para tomar medidas. “Este año no cabe un alfiler”, apunta Manolo, que asegura que, cada vez que el 8 de septiembre es domingo, ocurre lo mismo. Los asistentes llegan de todo el sur de la provincia de Pontevedra pero especialmente de zonas marineras como Vilagarcía, Bueu, Marín, Cangas, Nigrán o A Guarda, debido a que siempre se consideró a esta imagen protectora de marineros y navegantes. La fe lleva a muchas personas próximas a zonas de costa a caminar toda la noche o varios días para estar, estos días, en el santuario.
La tradición de varios siglos de esta romería hizo que miles de personas asistieran ayer a la misa mayor, presidida por vez primera por el nuevo obispo de Tui-Vigo, Antonio José Valín Valdés, que acudió también por vez primera a las escenificaciones que forman parte de la romería y acompañó a la procesión. El rector del Santuario, Javier Alonso Docampo, regaló al nuevo obispo una réplica de la imagen de A Franqueira realizada en Sargadelos, al término de la misa.

La lucha entre el moro y el cristiano, con espadas. / Pablo Hernández
Es peculiar la marcha de la imagen seguida de los fieles, ya que en vez de ser llevada en andas, como tradicionalmente se trasladan a los santos y santas de las fiestas gallegas, la organización se vale de un carro del país tirado por animales. “Hace cincuenta años esto era fácil, pues en varias casas de la parroquia había parejas de bueyes o vacas para las labores del campo, pero ahora estos animales son criados exprofeso para esta manifestación religiosa”, apunta un vecino. Junto con la estampa, de los animales tapados con mantones y la imagen de la Virgen en carro del país, también aparecen en esta romería de septiembre las danzas blancas que los vecinos supieron cuidar a lo largo de siglos y fueron pasando de padres a hijos. Los actuales danzantes, muy jóvenes, llevan ensayando dos años y disfrutan del momento en el que, con sus bailes, entrelazan cintas, aros, o tocan los pauciños.
También durante la procesión, y tras la cruz parroquial, el pendón y el estandarte, aparecen las cuatro parejas de danzantes abriendo camino al carro del país que transportaba a la “raiña da fonte”, denominación que también recibe la santa. La leyenda dice que el templo de A Franqueira se construyó donde los bueyes, que llevaban la imagen encontrada entre unas piedras, se detuvieron a beber, tras transportarla con los ojos vendados.

Una de las danzas, ayer, en A Franqueira. / Pablo Hernández
Otro de los momentos buscados en esta romería fue la lucha entre el moro y el cristiano, un pequeño sainete, cuyo texto fue recuperado por el poeta Ramón Cabanillas hace casi cien años, en la que el moro termina rindiéndose y decide venerar a la virgen de A Franqueira: “Son cristiano dende agora, i ó pé deste santo tempro, que garda a Virxen da Fonte, quero vivir; i os meus erros, choraréi beira da Nai que ten en brazos un Neno, verdadeiro Pai dos homes, único Dios verdadeiro”. En más de una ocasión, el rector recordó que se trata de una pieza histórica y que se escenifica desde el respeto a todas las religiones.
Pasadas las 14.00 horas y cuando la imagen queda de nuevo en su templo, la fiesta continua en los puestos donde tras la degustación de pulpo, las personas asistentes dan buena cuenta de churrasco, carne o caldeiro, con rosquillas de Gondomar o Ponteareas y vino del Condado.
La romería termina hoy, aunque siendo lunes se espera menos gente. Con todo los romeros seguirán llegando durante todo el mes de septiembre, porque cualquier día es bueno para rezar, si hay fe.
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