Carmen, la mujer que nació en la “fábrica da lus”
La nonagenaria recuerda su infancia en el edificio y apoya la iniciativa de recuperarla

Carmen Saura enseña una fotografía de su padre, el encargado de la “fábrica da lus”. / Anxo Gutiérrez
Las principales plataformas de Ponteareas que tienen como objetivo potenciar la recuperación de A Freixa y su entorno, CISAC y Tea Vivo, han puesto en marcha el mecanismo para, junto con el Concello, iniciar el proceso para recuperar la antigua “fábrica da lus”, ahora abandonada desde la segunda mitad del siglo XX. Una de las opciones que se baraja es convertir esa infraestructura en un museo etnográfico en el que dar a conocer la historia del municipio y para exponer qué supuso para la localidad la llegada de la luz eléctrica. Eléctrica Pardellas, más conocida entre los vecinos y la vecinas como “fábrica da lus”, comenzó su historia en 1895, según un estudio que publica el antiguo director de la Biblioteca Municipal, Rafael Sánchez, en un número de la revista “Pregón”. Esa “fábrica da lus” alberga otra historia que comienza 34 años después. Y es que en 1929 nace allí, en esa infraestructura pionera para Ponteareas, la hija del hombre que se encargaba del buen funcionamiento de la infraestructura, Carmen Saura.
Ahora, con 93 años, explica para FARO que “me gustaría que se recuperara a fábrica da lus” porque “tiene mucha historia que contar”. Incide Saura en que “sería bonito ver todo aquello acondicionado de nuevo”.
Carmen, a sus 93 años, asegura que la infraestructura "tiene mucha historia que contar”.
Recuerda que “allí vivían mis padres, con mis tres hermanos y conmigo” y “mi padre era el encargado de atender tanto a la fábrica da lus como al molino”. Los ojos de Carmen se vuelven vidriosos al recordar cómo era la vida allí: “El agua venía de un canal, y los molinos cogían el agua de una presa construida en el Tea”. Además, “uno era para moler harina, que en la actualidad es lo que le llaman el refugio de los Pescadores”.
Este molino suponía otra fuente de ingresos para la familia Saura puesto que “mi padre cobraba tanto por atender al molino, que funcionaba mediante la maquía, como por estar pendiente de que todo fuera bien en la fábrica da lus”. La maquía era un sistema de pago en el que el vecino o la vecina que acudía a moler, entregaba parte del producto final, según recuerda.
Carmen Saura dejó su vivienda en la “fábrica da lus”, junto con su familia, cuando ella tenía 6 años. Y luego vino la Guerra Civil que lo cambió todo “y llevaron a mi padre, como prendieron a otros muchos”. El padre de Carmen Saura pudo salvarse del fusilamiento gracias a la intervención “de don Mauricio, que estaba allí y le preguntó al guardia que qué mal había hecho mi padre, Mauricio se movió y consiguió que no lo mataran”.
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