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La comparsa más querida de Baiona

Los gigantes y cabezudos vuelven a las calles del casco histórico para animar las Festas da Anunciada ovacionados por cientos de personas

Gigantes y cabezudos ilusionan a los más pequeños de Baiona

Gigantes y cabezudos ilusionan a los más pequeños de Baiona. Cedido / E. M.

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Gigantes y cabezudos ilusionan a los más pequeños de Baiona. Neli Pillado

Una mezcla entre miedo y fascinación es lo que generan desde hace dos siglos entre los más pequeños y los que no lo son tanto. Una mágica sensación difícil de explicar desde dentro y fuera de las armazones que sostienen una de las tradiciones más queridas para los baioneses, que engancha. Tanto a los cientos de personas que ayer acompañaron a los gigantes y cabezudos en su regreso a las calles tras dos años de parón por la pandemia como a los propios integrantes de la comparsa más arraigada de Baiona, que no veían el momento de volver a bailar con más energía que nunca por el casco histórico.

Los gigantes pesan 50 kilos y miden 3 metros de alto

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“Salir del Concello y encontrarte con esas caras de ilusión los niños es indescriptible”, asegura María José Moreira, una de las vecinas que se coloca la cabeza de cartón piedra del personaje del payaso cada año desde hace más de una década. Los esperan como a los Reyes Magos en pleno verano y eso compensa de largo los sudores y el agotamiento que implica meterse en los claustrofóbicos bustos de los cabezudos y bajo la estructura de 3 metros de alto y 50 kilos de peso de los gigantes.

Los cabezudos, rodeados de niños, ayer en la Praza do Concello.

Pasan calor, sensación de asfixia y realizan un gran esfuerzo físico durante dos horas y media cada vez que salen, las mañanas de la Anunciada y en las fiestas del Carmen cuando las hay. Incluso sufren agujetas y dolores varios por todo el cuerpo en los días posteriores a sus divertidos desfiles. “No es tanto la temperatura como la sensación de agobio, solo tienes ventilación por la boca”, explica Guillermo Balboa, que encarna al personaje de la rata. La peor parte se la llevan los reyes gigantes, ya que al sofoco de bailar bajo esas enormes faldas suman el elevado peso y la sensación constante de pérdida del equilibrio.

“No es tanto la fuerza como la maña. Te vas haciendo con los movimientos”, explica Raúl Costas Lafuente, que porta la reina gigante desde hace 15 años

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Todo ello muchas veces en medio de la multitud y sorteando farolas, balcones y cableado. “No es tanto la fuerza como la maña. Te vas haciendo con los movimientos”, indica Raúl Costas Lafuente, que se mete en el personaje de la reina desde niño. Se inició a finales de los ochenta “cuando te pagaban con fichas para los coches de choque” y retomó una costumbre que ha convertido ya en pasión en 2007. Continuará hasta que “el cuerpo aguante”, exactamente igual que prometen sus compañeros, y le gustaría que sus hijos siguieran sus pasos.

Conservar la tradición

Es reducido este grupo de vecinos que no dejan que gigantes y cabezudos falten nunca a su cita anual y el Concello realiza una convocatoria cada verano para completar la cuadrilla. “Cada vez se apunta menos gente y poca repite”, lamenta la concejala de Cultura, Miriam Costas, que anima a los baioneses a ayudar a que no se pierda la tradición.

Los que logran mantenerla por ahora también llaman a las nuevas generaciones a colaborar. Proponen incluso medidas para atraer voluntarios. “Esto es algo de toda Baiona y podríamos llevarlo a todas las fiestas de las parroquias, a la Virgen de la Cela de Baredo, a Santa Mariña... Sería bonito”, plantea Costas.

Anxo Rodríguez Lemos daba esta semana los últimos retoques a su cabezudo de fabricación propia, el rabero de la Danza de Espadas.

Anxo Rodríguez Lemos daba esta semana los últimos retoques a su cabezudo de fabricación propia, el rabero de la Danza de Espadas.

Piensan incluso en la organización de un encuentro de gigantes y cabezudos de toda España en Baiona para confraternizar y “aprender” de otros lugares donde las seculares comparsas se conservan con mayor auge, como en Zaragoza o Valencia. Así lo sugiere Anxo Rodríguez Lemos. Como historiador local empeñado en el estudio de su municipio, también forma parte del grupo. Su dedicación va más allá del recorrido. Hace cinco años que fabricó en casa su propio cabezudo para añadir un personaje típico de Baiona al elenco que forman la rata, el capitán, el “Popeye”, la pareja de negros el demonio. Se trata del rabero, el que cierra, la Danza de Espadas, en la que también participa cada verano. Su cabezón está hecho de un globo de feria con cola, fibra de vidrio y escayola y le ha incorporado unos pequeños ventiladores en el interior para sobrellevar el calor. Los ritos populares no están reñidos con la innovación tecnológica.

Gigantes y cabezudos en la Plaza de la Fruta en los años 30. | // AURELIO ALAR

Una tradición que se remonta al siglo XIX

Además de participar activamente cada año en la “danza” de los gigantes y cabezudos, el historiador local ha estudiado sus orígenes. La primera referencia documental de los gigantes y cabezudos en Baiona se remonta a 1844. Así lo recoge en la tesis doctoral con la que logró hace unos meses el doctorado cum laude, “Religiosidad en el Noroeste de la Península Ibérica: cultos populares y lugares santos. Siglos XVII-XIX”. Aquel año, señala, se organizó una cuestación popular para encargar los gigantes. “Lográronse recadar más de 300 reais entre 66 persoas”, indica. En 1852 se construirían los personajes, finalmente con un gasto de 800 reales, que “incluían desde un carro de barro para as hormas, o almacenamento e amasado e ata a feitura das caras por Domingo de Oliveira. Aquellas figuras, que encarnaban unos reyes moros, permanecieron hasta los años 60 del pasado siglo, cuando se fabricaron los actuales, “que representan os Reis Católicos. Los cabezudos también se renovaron a mediados del siglo pasado y con motivo del V Centenario en 1992. De esa fecha son los actuales, comprados en Zaragoza.


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