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Faro de Vigo

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Medio siglo de la segunda arribada a Baiona

El Monte Real Club de Yates conmemora la celebración de la Regata del Descubrimiento, que replicó la travesía de “La Pinta” con 48 barcos

El muelle del Monte Real Club de Yates durante la regata en 1972. // D.P.

“Maltrecha la nao por los temporales, pero no los corazones”. Así describen los documentos históricos la arribada, el 1 de marzo de 1493, de la carabela La Pinta de Martín Alonso Pinzón al puerto de Baiona con una de las noticias más importantes de la historia de la humanidad: el descubrimiento de América. 479 años después de ese capítulo, el Monte Real Club de Yates de Baiona impulsó en su honor la regata más importante de la época, una competición de más de 3.200 millas en la que los participantes replicarían el recorrido de la carabela a través del Atlántico. Una hazaña de la que se cumplen hoy 50 años.

Tripulantes del ‘Dora’, barco en el que navegaba el único español. // D.P.

La llamaron la Regata del Descubrimiento, Discovery Race o BB (por Bermudas-Baiona), y en su organización colaboraron mano a mano con el Monte Real, el New York Yacht Club, el Royal Bermuda Yacht Club y The Cruising Club of America.

Fue una regata que se cocinó a fuego lento durante nada más y nada menos que 10 años, desde el 1962, cuando se empezó a hablar de su celebración; hasta 1972 cuando finalmente se disputó. Entre medias, el proyecto se presentó formalmente al por aquel entonces Ministro de Información y Turismo español, Manuel Fraga Iribarne, que acabaría aprobando su patrocinio.

Las previsiones de participación, no muy elevadas en sus comienzos, acabaron superando todas las expectativas y la Regata del Descubrimiento contó finalmente con un total de 57 inscritos (de los que acabaron partiendo 48), convirtiéndose en la regata más importante de las celebradas hasta la fecha, con el número de participantes más elevado de todos los tiempos.

Entre todos los inscritos solo había un español: el reconocido industrial vigués y experimentado regatista Alfredo Lagos, hijo del fundador y director durante más de 50 años de Astilleros Lagos, una de las empresas con más prestigio a nivel mundial por sus trabajos en la construcción y restauración de barcos clásicos de madera. Con su presencia como tripulante a bordo del Dora, Lagos ayudó a acallar los comentarios de la prensa de la época, que tildó de “poco aventureros” a los regatistas españoles por no querer participar en la travesía.

Richard “Dick” S. Nyeón del ‘Carina’, barco ganador de la regata.  // D.P.

Richard “Dick” S. Nyeón del ‘Carina’, barco ganador de la regata. // D.P.

La Regata del Descubrimiento tenía fijada su salida el 28 de junio de 1972 desde el histórico golfo de Las Flechas, pero por razones técnicas acabaron zarpando un día después desde el puerto de Hamilton. Por delante, los 500 participantes a bordo de 48 barcos de 35 clubes de 11 países, tenían una singladura de 3.200 millas náuticas, aunque todos esperaban que fuesen más por los vientos y corrientes que influirían en su periplo. Y lo cierto es que la meteorología acabó afectando, y mucho, a la prueba.

Cuando se dirigían desde Nueva York a Bermudas para la salida de la prueba, algunos barcos sufrieron los efectos de un tifón, lo que obligó a cuatro de ellos a abandonar la competición y a retrasar un día la salida para que el resto pudiesen hacer algunas reparaciones. Después, una vez iniciada la travesía, el mal estado del mar dificultó la navegación, lo que repercutió en un considerable retraso en la culminación de la prueba.

Aunque estaba previsto que los barcos de la Regata del Descubrimiento llegasen a Baiona el día 14 de julio, no fue hasta el día 18, a las 12:15 cuando el Blackfin (de bandera norteamericana), cruzó la línea de llegada. Pero el ganador de la Regata del Descubrimiento Bermudas-Baiona de 1972, tras la compensación de tiempos, fue el Carina, de la clase B, patroneado por Richard “Dick” S. Nye, con 391 horas, 52 minutos y 39 segundos.

Medio siglo después de su celebración, en el Monte Real Club de Yates de Baiona, germen de la competición, la rememoran como algo histórico, como uno de esos eventos merecedores de haber pasado a la historia de la vela mundial junto a otros hitos del club como el desafío a la Copa América de Vela. Y al igual que “la noble villa de Baiona, antigua erizana céltica, tuvo la honra de ser la primera en anunciar, para asombro del mundo, el milagro del descubrimiento de las Américas”, el Monte Real Club de Yates tuvo la honra de ser el primero en organizar una regata en su honor, la más importante de la época y una de esas que siempre permanecerán en el recuerdo.

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