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Faro de Vigo

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70 años de Miramar

El veterano de los hoteles miñoranos, premiado por su trayectoria en la gala provincial de la hostelería

Bruno y Darío Álvarez, padre e hijo, revisan recuerdos en la terraza del hotel Miramar, con vistas a Praia América y Panxón. MARTA G. BREA

Darío Álvarez recuerda con claridad aquella tarde de 1966. Él solo tenía 14 años, su hermano Pepe 16 y el mayor, Constante, 20. Su padre los reunió a los tres en el salón de casa. “Con el FARO en la mano, nos enseñó la noticia de que se iba a inaugurar la Escuela de Hostelería de Santiago”. Don Constantino Álvarez Martínez había fundado el hotel Miramar en Praia América quince años antes y, además de hacer crecer el negocio, quería garantizarles un futuro. Lo consiguió con creces. El negocio todavía le dio muchas alegrías hasta que falleció en 1999. Y sigue activo celebrando el año del septuagésimo aniversario con la tercera generación de la saga a punto de ponerse al frente. El mérito es de una familia entera que la Federación Provincial de Hostelería ha considerado merecedora del premio honorífico a su trayectoria en su reciente gala en Sanxenxo.

César Ballesteros, presidente de la Federación Provincial de Hosteleros, entregó el premio a la trayectoria a Darío Álvarez en la gala de la hostelería. Jesus del Río Herranz

Fue Pepe el que se mudó a Compostela. Logró terminar los estudios con el número 1 de aquella primera promoción de 1968 y pronto se convirtió en el cocinero que probablemente más bodas ha sacado adelante en la comarca y alrededores. “Llegamos a hacer hasta seis banquetes en un solo fin de semana. Tres el sábado y tres el domingo, con a lo mejor 200 invitados cada uno”, recuerda Darío. Él optó por prepararse para dirigir el hotel. Viajó y aprendió inglés, francés, alemán, italiano y portugués. La saga trató de profesionalizar el sector “para ofrecer un servicio de calidad” cuando el turismo despegaba en la comarca.

El célebre escritor Julio Cortázar se alojó tres semanas en el Miramar en el verano de 1957

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Pero todo había comenzado mucho antes. El fundador lo tuvo más difícil. Nació en Tebra pero se trasladó a Nigrán con solo 9 años para ayudar en la llamada casa del Tío José Benito. Lo que se conocía por aquel entonces como “servir”. A los 16 años empezó a trabajar en la panadería Penisco de Gondomar como repartidor. “Llegaba hasta Saiáns con el carro de caballos y siempre se fijaba en el Pabellón Bleu”, recuerda Darío que le contaba. Aquel era un distinguido hotel, con restaurante y sala de fiestas, integrado en la urbanización que Manuel Lemos, prócer que había hecho fortuna en Argentina, había construido en los años treinta en Praia América con el objetivo de convertirla en centro de veraneo, la Niza gallega.

Digna Rodríguez y Constantino Álvarez, el matrimonio que fundó el hotel Miramar en 1951. MARTA G. BREA

Constantino se casó con Digna Rodríguez, de su misma aldea tomiñesa, y juntos regentaron un bar en la finca donde poco después compraría los terrenos para construir el Miramar. “Empezó a edificarlo en 1949 y lo inauguró en julio de 1951. Empezó con 13 habitaciones, a 8 pesetas la noche con pensión completa”.

El bum de los alemanes

Enseguida empezó a despegar la actividad con “los alemanes”, recuerda su hijo menor. Por aquel entonces, una agencia de viajes trabajaba con los barcos de pasaje que realizaban la ruta Hamburgo- Buenos Aires con escala en Vigo. “En Alemania embarcaban turistas que desembarcaban aquí cuando paraban a recoger emigrantes para América y se quedaban de vacaciones hasta que los barcos regresaban a los 15 días de vuelta a casa” explica Darío. Por aquel entonces, el Miramar alojó a su huésped más ilustre. El escritor Julio Cortázar pasó tres semanas allí en el verano de 1957.

La afluencia de turistas nacionales comenzó a multiplicarse poco después, igual que los banquetes. El edificio fue ganando plantas y alcanzó las 52 habitaciones actuales y la categoría de tres estrellas.

El busto del fundador, Constantino Álvarez, recibe a los huéspedes en la puerta principal del hotel. MARTA G. BREA

Luego llegó el parque empresarial Porto do Molle y el establecimiento también aprovechó el tirón de la construcción de naves y de las actividades industriales en general. Todo marchaba sin apenas sobresaltos hasta que se desató la pandemia. “Resistimos porque mi padre siempre nos enseñó a administrarnos bien, pero fue duro. Tuvimos al personal en ERTE y salimos adelante”, deja claro.

La nueva normalidad también ha traído caras nuevas a la gestión y se ha incorporado su hijo Bruno, licenciado en Derecho y recién colegiado en Vigo. Con solo 25 años, el joven se prepara para asumir el mando con la ayuda de su padre y espera compaginar la abogacía con la dirección del hotel en el futuro. Cumplirá el sueño de su abuelo de poner gente con la más alta formación al frente de uno de los símbolos de Praia América.

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