A Franqueira contra viento y pandemia
Las danzas blancas y la representación del moro y el cristiano llenan el día grande

El obispo Quinteiro Fiuza durante la misa. | // ANXO GUTIÉRREZ / G. PORTO
Hubo que sacar los paraguas y resguardar la imagen de la Virgen, pero el día grande de la romería de verano en A Franqueira se celebró dando continuidad a uno de los festejos más antiguos de Galicia, el más longevo si se tienen en cuenta los viejos escritos.
Volvieron los bailarines de las famosas danzas blancas de A Franqueira incorporando a sus trajes de fiesta las mascarillas y de nuevo tuvo lugar el drama entre el moro y el cristiano que, en su tiempo, inmortalizó Ramón Cabanillas.
El primer documento escrito que habla de la romería es del año 1300
Es la romería de la Natividad de la Virgen o de verano, un acontecimiento lúdico religioso que se remonta a varios siglos atrás. El primer documento escrito que habla de asistir a esta romaxe es del año 1300, según recuerda el rector del santuario, Javier Alonso Docampo.
Las danzas son uno de los elementos más llamativos. La primera se hace chocando palos, la segunda entrelazando arcos y la tercera y cuarta enlazando cintas, la cuarta además haciéndolas girar sobre un mástil central de madera.

Un momento del drama entre el moro y el cristiano, ayer en A Franqueira. | // ANXO GUTIÉRREZ / G. PORTO
Sobre el drama entre el moro y cristiano, que ayer fue aplaudido por los asistentes, es muy antiguo pero fue adaptado por el poeta Ramón Cabanillas. Es precisamente el texto de este autor el que se recita cada año y describe uno de lo milagros atribuidos a la Virgen de A Franqueira. El cristiano representa a un militar vecino de A Franqueira que en la lucha contra la invasión musulmana fue hecho prisionero. En la prisión, el príncipe moro le ofrece toda clase de riquezas si deja de invocar a la Virgen pero este no lo hace.
La lluvia constante impidió la salida de la procesión este año
Tanto las danzas como el propio drama entre el moro y el cristiano tienen lugar al paso de la procesión. Este año la lluvia, constante a la hora de los actos, impidió la salida de la procesión pero tanto las danzas como la representación del moro y el cristiano tuvieron lugar del mismo modo, ante los devotos que esperaban, no más de 250 personas que se permitía estar en el acto litúrgico, por las restricciones del COVID-19.
Vecinos y vecinas de localidades próximas y otros puntos de Galicia acudieron al santuario para mantener viva la fe en la imagen. La misa solemne estuvo presidida por el obispo de la Diócesis de Tui Vigo, Quinteiro Fiuza, en el exterior de la iglesia donde se instaló una pequeña carpa solamente a modo de parasol para proteger los instrumentos de la liturgia. Los asistentes tenían asientos separados en una zona del atrio y se vieron obligados a la apertura de los paraguas.
La imagen pudo verse en el interior del templo, montada en su carro de vacas, donde devotas y devotos entraron para depositar limosnas. La entrada estuvo permitida pero un cartel pegado a la propia santa avisaba: “Atención. A incidencia da pandemia neste concello é alta. Por favor, cumpran todas as normas estipuladas”. Allí los asistentes pudieron pasar por debajo, una acción que se repite y que busca la protección de la Virgen. El acceso a todo el recinto estuvo controlado, se midió la temperatura a los asistentes y se facilitó gel hidroalcohólico para las manos.
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