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Cándido, 97 años: “Tengo la ilusión de que la vacuna nos saque de esto”

Este vecino de Guláns espera llegar a los 100 y sobrevivir al virus

Cándido Porto, uno de los vecinos más longevos de Guláns.   | // ANXO GUTIÉRREZ

Cándido Porto, uno de los vecinos más longevos de Guláns. | // ANXO GUTIÉRREZ

Abrigado con un gabán y una boina “porque va algo de fresco”, Cándido Porto llega al jardín gracias al apoyo de su bastón, que es un regalo de un compañero de Milladoiro. Se sienta en el banco de piedra y justo enfrente, en la mesa también de piedra, tiene el periódico del día abierto, las cartas todavía sin recoger y la libreta en la que apunta los “tantos” de esas partidas de tute que juega con su hijo por las tardes. Esta es su rutina en este último año marcado por el COVID-19. Una pandemia que le ha generado incertidumbre y miedo “porque no sabíamos lo que iba a pasar”. Una sensación que espera olvidar gracias a la vacuna en la que confía “nos saque de esto”.

Nació en plena dictadura de Primo de Rivera, escuchó a la banda de música de Guláns tocar, calle a calle, justo en el momento en el que se proclamó la Segunda República, vio como su madre lloraba con el estallido de la Guerra Civil en el 36 y se enteró en Buenos Aires de que el teniente coronel Tejero intentó perpetrar un golpe de estado. Pocas cosas le quedaban por vivir a este vecino de la parroquia de Guláns que cumplirá 98 años en julio. Acaba de recibir la segunda dosis de la vacuna contra la COVID-19. Reconoce que “estaba deseando que me la pusieran”. Se encuentra bien y no ha sufrido ningún efecto secundario “incluso ahora tengo más apetito y como mejor”, se alegra el nonagenario, quien asegura que “me animó mucho que me pusieran ya la vacuna contra el virus”.

Repartidor de bombonas de butano y corresponsal de prensa fueron dos de sus oficios

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“Al principio tuve miedo, claro, no sabíamos cómo iba a acabar esto”, explica así para FARO cómo se sintió cuando se enteró de que no podría salir de su casa porque “había un tal coronavirus que era peligroso”, y que afectaba especialmente a las personas mayores. En ese momento, se acordó el señor Porto del “mal de la moda, que le llamaban en los años 20 cuando murió muchísima gente y no se sabía por qué”. La pandemia, además de condicionar la rutina de Cándido, también impide que pueda ver a sus familiares como antes hacía. “Es una tristeza andar con la mascarilla y encima sin poder ver a los nietos y a los hijos”, lamenta Cándido Porto, quien espera que con las vacunas “se acomode todo esto” y pueda volver al contacto con las personas más allegadas.

Echando la vista atrás, a Cándido aún se le iluminan los ojos cuando se acuerda de su mujer, “que hace diez años que se murió”, al recordar las vivencias que compartieron en la aldea en la que se conocieron y en los viajes al extranjero que disfrutaron “porque pasear, paseamos mucho” y recuerda, con los ojos más pequeños y la cara apoyada en su mano izquierda, que “era una mujer que sabía lo que hacía, trabajó mucho y me ayudó mucho también en los negocios que tuvimos”. Desde repartidor de butano hasta, incluso, corresponsal de periódico fueron solo dos de los muchos oficios que llevó a cabo Porto, junto a su esposa, para sacar adelante a su familia.

Ahora, en medio de una pandemia, y ya con la pauta completa de la vacuna contra la COVID-19, Cándido Porto espera cumplir su meta: llegar a los 100 años, “porque dos años pronto corren y es mi ilusión”. Mientras, la libreta del tute seguirá abierta bajo el árbol de su jardín, el bastón seguirá atesorado por su piel arrugada, “y que vayan pasando los días”.

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