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Árboles de película en Couso

Dos carballos centenarios descubiertos tras un desbroce atraen visitas y selfis a la parroquia gondomareña por sus extrañas formas

Dos vecinos contemplan uno de los extraños carballos centenarios descubiertos en la parroquia. // Marta G. Brea

El monte se ha convertido en principal espacio de ocio para muchos gracias a la pandemia. Y no solo por huir de las aglomeraciones y por bajarse la mascarilla y respirar aire puro, que también, sino por el espectáculo que ofrece. El natural de los intensos verdes que casi pueden olerse desde que llegó la primavera y el artístico que evocan algunas formas que la vegetación o las rocas ponen en escena sin quererlo. En Couso hay dos de esas extrañas figuras que ya son punto de interés turístico del municipio de Gondomar. Dos carballos centenarios que los comuneros han descubierto tras realizar una limpieza profunda en varias zonas de su territorio atraen decenas de visitantes.

Los comuneros llaman "Falkor" a uno por su parecido con el dragón de "La historia interminable" y "Krusty" al otro por el payaso de "Los Simpson"

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Casi todos se acercan con el móvil en la mano para realizarse los correspondientes selfis. Pero, ojo, aquí más que a tirar de tecnología, los singulares árboles invitan a echar a volar la imaginación o los recuerdos. Más de uno se ha parado ya para repasar su memoria literaria, cinematográfica o televisiva y ha evocado aquellos míticos troncos mágicos de la infancia. Los manzanos de “El mago de Oz”, el árbol endemoniado de “Poltergeist” , la abuela sauce de “Pocahontas” y hasta el sauce boxeador de “Harry Potter” son algunos de los personajes que vienen a la mente ante estos dos viejos ejemplares de roble. Parecidos pueden encontrárseles muchos. Allá la creatividad de cada uno, pero los comuneros ya los han bautizado.

Otro de los carballos singulares descubiertos en Couso. // Marta G. Brea

A uno lo llaman “Falkor”, por su supuesta semejanza al mítico dragón de “La historia interminable”. Está en la zona de O Candal, en medio de una ruta de antiguos molinos de la parroquia que los comuneros han señalizado en los últimos días. “Todo el mundo le encuentra similitud con el personaje de la película”, afirma el presidente de la comunidad de montes, Xosé Antón Araúxo, en plena caminata por este sendero circular que recorre la parroquia de cabo a rabo.

Al otro lo denominan como “Krusty” porque les recuerda al payaso de Los Simpson, señala el representante de los comuneros. Se ubica en el lugar de Padrices, muy cerca de la piscina vecinal que la comunidad abrió el pasado verano. El juego está en descubrir un personaje y otro en los nudos de las retorcidas ramas, como cuando se observan las nubes.

Araúxo y dos vecinos recorren la Ruta dos Muíños. // Marta G. Brea

Premio de la ONU

Los insólitos árboles son nuevos atractivos que los comuneros se han encontrado por casualidad y que se suman a otros muchos que ellos mismos han creado en este rincón natural de Gondomar, siguiendo su filosofía de poner el monte al servicio de comunidad. No en vano la ONU los ha reconocido como modelo mundial de gestión del territorio por la diversificación que hacen del uso de su superficie forestal

Huyen del monocultivo del cuestionado eucalipto y sacan provecho económico al suelo forestal con plantaciones como la de setas shiitake o de frutos rojos, que comercializan en fresco y en mermeladas. Pero también se han empeñado en promover la vertiente lúdica de la superficie forestal y han habilitado lugares para el disfrute, como la piscina en que transformaron el pasado verano una antigua presa de regadío, rutas de senderismo debidamente geolocalizadas, mesas y bancos para descansar o merendar en miradores o zonas de descanso, y hasta un recinto de recogimiento en el que recordar a los seres queridos que ya no están plantando un árbol, el Bosque das Memorias.

Una vecina fotografía uno de los molinos de la ruta. // Marta G. Brea

Ruta dos Muíños de 9,3 km


La nueva ruta circular por los antiguos molinos de agua recorre el río de la parroquia gondomareña a lo largo de 9,3 kilómetros. Son nueve las edificaciones etnográficas en estado ruinoso salpicadas junto al cauce y la comunidad de montes t trabaja ya en un proyecto para recuperar algunos de ellos e instalar paneles informativos que pongan en valor una parte de su historia y de las viejas costumbres de los vecinos. Por el momento, han instalado un total de 18 señales de madera para indicar el camino a los visitantes, pero en los últimos días han tenido que recolocar dos de ellas que ya han sido derribados.

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