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La concentración parcelaria deja a una vecina de Tomiño atrapada sin acceso a su vivienda

Rosa Pereira muestra el muro que tendría que saltar para entrar en casa. | // ANXO GUTIÉRREZ

Para entrar en su casa, Rosa Pereira tendría que saltar regatos, recorrer un campo embarrado de 600 metros y trepar un muro de siete metros. No, no es una habitante de un país subdesarrollado ni de una aldea perdida en medio de las montañas. Rosa es una vecina de Figueiró (Tomiño) a la que la concentración parcelaria le ha negado cualquier otra vía de acceso. Actualmente, para poder llegar hasta su casa, utiliza un camino estrecho en pendiente propiedad de una vecina con la que está enemistada. Pero esta concesión tiene fecha de caducidad: cinco meses.

“Me dio seis meses para pasar por ahí, ya pasó uno, ¿luego por donde voy a entrar?”, se pregunta Rosa, que en vísperas de Navidad vio como la vecina en cuestión levantaba un muro en el acceso que utilizaba ella para llegar a su casa. “El pasado 24 de diciembre, la colindante empezó con las obras de cierre, por lo que tuve que llamar a la Policía, y se formó una trifulca tremenda en mi propiedad, pues ella pretendía cerrar y si lo hacía yo no puedo acceder ni salir de mi vivienda”, le contó Rosa a la Valedora do Pobo, lamentando que “mucho me temo que si esto sigue así podría suceder alguna desgracia”. Ante esto, la Valedora ha abierto un expediente y requerido información a la Consellería de Medio Rural hasta en dos ocasiones.

El calvario de esta tomiñesa comenzó en 2006, cuando tras un proceso de agrupación de parcelas para fomentar el aprovechamiento del campo, Medio Rural le quitó sus antiguos accesos y le otorgó uno a más de 600 metros de la casa matriz, desde Estás, otra parroquia de Tomiño. Desde entonces, el caso está judicializado y no hay semana que Juan Carlos Ferreiro, abogado de Rosa, no llame al departamento de concentración parcelaria para exigir soluciones, pero “nos dan largas”. “No solo le han quitado las entradas, sino que la que le han proyectado para poder dársela no se la ejecutan”, explica Ferreiro.

Los argumentos de Medio Rural para retrasar durante 15 años la ejecución de un acceso digno al domicilio pasan por decir que Rosa construyó un muro de siete metros para complicar dicho cumplimiento. “No tiene ningún sentido, el muro se levantó en 1998 y el agrupamiento de tierras se hizo en 2006”, asegura el abogado.

“El coche lo guardo en la casa de un vecino”, cuenta Rosa, que vive con su madre y su tía, dos personas mayores de 90 años y dependientes. “El otro día volvió mi tía del hospital e hicieron falta cuatro personas para meterla en casa”, asegura la tomiñesa, lamentando que “antes mi madre aún salía a dar un paseo o a visitar a algún vecino, pero desde que nos levantaron un muro en el antiguo acceso, lleva más de un mes atrapada en casa”.

La desesperación le ha quitado el sueño. Necesita que concentración parcelaria ejecute de inmediato un acceso a su vivienda, pues “cualquier día me levantan otro muro en el camino de cabras por el que me dejan pasar”, lamenta Rosa, que a sus 60 años está pendiente de que la llamen para una operación que afectará a su movilidad. “¿Por donde voy a entrar en casa luego?”, se pregunta.

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