La víctima del crimen machista de Gondomar dejó constancia por escrito de la terrible situación de maltrato que vivía. “Dejó escrita una carta con todos los malos tratos que venía sufriendo, como si supiera lo que iba a pasar”, confirmó ayer Puri, la hermana de Soledad Rey Valverde, durante la concentración de repulsa convocada ante el Concello contra el asesinato de la vecina de 59 años a manos presuntamente de su marido, Valentín Alonso Becerra, de 64, en el domicilio familiar, en la parroquia de Mañufe.

La cuadragésimo segunda mujer asesinada a manos de su pareja en lo que va de año en España contó a través de esas letras un intento previo de su marido de acabar con su vida. “La agarró por el cuello el día de su cumpleaños del año pasado, en mayo, cuando ella estaba en el sofá, e intentó asfixiarla”, explicó rota de dolor y rodeada de familiares y vecinos.

“Somos tontas. ¿Tanto aguantar para qué? Le dio cinco puñaladas cuando ella estaba en el sofá y no podía defenderse"

La familia de Soledad está destrozada por lo ocurrido y Puri sacó fuerzas para asistir al acto de protesta. Quería mostrar el dolor que genera la violencia machista y hacer un llamamiento a denunciar siempre. “Somos tontas. ¿Tanto aguantar para qué? Le dio cinco puñaladas cuando ella estaba en el sofá y no podía defenderse. ¿Por qué no se matan ellos primero y dejan a las mujeres y a sus hijos? Mi hermana no merecía esto, era una santa y está en el cielo, pero está muerta y no tenía por qué estarlo”, manifestó.

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Insistió Puri con su desgarrador testimonio en la necesidad de acudir a las fuerzas de seguridad. La agresión de la que ahora se entera la familia a través de la carta generó a Soledad unas marcas en la cara y en el cuello que ella justificó. “Nos dijo que se había atragantado, porque ella vivía para su hijo, un niño con síndrome de Down y autista”. El joven quedó al cuidado de su hermano mayor tras conocerse el homicidio.

El crimen ha destrozado al entorno de Soledad. “Somos una familia muy unida. Ella era discapacitada, tenía muchos dolores y no podía moverse mucho, pero se levantaba hasta tres veces cada noche para comprobar que su hijo estuviera bien. A nosotros, como no podía salir, nos llamaba siempre por teléfono para asegurarse de que estuviéramos bien y hacernos reír”, recordó.

La concentración de repulsa contra el crimen machista, ayer en Gondomar JOSE LORES

“¡Basta ya!”

La sociedad gallega ha respondido con contundencia al brutal crimen. Pese a las restricciones de la pandemia, doscientas personas participaban ayer en el acto convocado en Gondomar para guardar un minuto de silencio en memoria de Soledad y para clamar contra la violencia.

“O crime de Soledad Rey Valverde demóstranos que non debemos baixar a garda, que non podemos, como cidadás e cidadáns, permanecer impasibles ante esta violencia terrible contra as mulleres que ataca directamente a saúde dunha sociedade que quere ser realmente democrática e igualitaria”. Son las palabras del manifiesto contra la violencia machista que leyó la presidenta de la Diputación, Carmela Silva, durante la concentración silenciosa, a la que acudió también la subdelegada del Gobierno, Maica Larriba, y toda la Corporación municipal. Decenas de personas condenaron también la violencia machista en sendas protestas convocadas en los municipios vecinos de Baiona y Nigrán. Hoy están previstos numerosas concentraciones en todo el territorio gallego con la misma intención. La del Val Miñor, convocada por los colectivos feministas Ghichas Comando y Area Loura, tendrá lugar en la rotonda de A Ramallosa a las 20.00. En Vigo, la cita es a las 20.30 ante el MARCO.

“Me dijo: llama a la Guardia Civil que maté a mi mujer”

“En 14 años de profesión jamás había vivido nada parecido. He trabajado mucho de noche y ves de todo... gente violenta, faltas de respeto, situaciones extrañas, pero esto...”. El taxista que descubrió el crimen machista de Gondomar todavía no acaba de creerse el desenlace del servicio del miércoles. Además de trabajar en la ciudad de Vigo, ofrece transporte escolar para centros de educación especial. Desde hace dos años, recoge cada día de lunes a viernes al hijo menor del matrimonio a las 8.30 para llevarlo al colegio y lo deja de vuelta en casa a las 16.30. “Jamás había visto nada raro en todo este tiempo, nunca sospeché nada. A mí siempre me trataron muy amablemente”, cuenta.

La mañana del miércoles “todo quedaba normal, como siempre, cuando marchamos para Vigo de mañana”. Fue al volver cuando le “llamó la atención que nadie estuviera en la puerta esperando al chico”. Tocó el timbre varias veces. Como nadie contestaba, llamó a los teléfonos móviles del padre y de la madre. “Fue a la quinta o a la sexta llamada cuando me respondió él, con la voz muy apagada. Me dijo: llama a la Guardia Civil que maté a mi mujer y me estoy muriendo”. Acto seguido telefoneó al 112, que le puso en contacto con el cuartel de Baiona y salió a buscar ayuda de algún vecino para que indicase a los agentes cómo llegar hasta allí. En unos minutos, habían llegado las patrullas del instituto armado, la Policía Local y hasta los bomberos para abrir la puerta. “Estaba todo cerrado a cal y canto. Los guardias saltaron por una verja y tuvieron que abrir desde dentro”, comenta el taxista.

Una vez dentro, los agentes no pudieron hacer ya nada por salvar la vida de Soledad y a su marido, que se había realizado cortes en las muñecas se lo llevó una ambulancia al hospital Povisa de Vigo, donde al cierre de esta edición continuaba grave. Dado su delicado estado de salud no se prevé que preste declaración ante el juez en los próximos días.