Frente a las denuncias de carencias en la atención a los usuarios de la residencia de Salvaterra do Miño, que han llevado a que la Fiscalía inicie una investigación, la propietaria del centro ha salido hoy a la palestra. Lo ha hecho a través de dos cartas, una firmada por las familias de 22 de los usuarios -el total se acerca al centenar- y otra por casi 60 empleados -de unos 80-, en la que se critican las "calumnias" sobre el estado de las instalaciones y de los servicios. Ambas misivas llegaron en un correo electrónico remitido por Residencia Salvatierra S. L..

"Las familias de la residencia de mayores de Salvaterra de Miño queremos expresar nuestra indignación y nuestro profundo pesar ante la información que se ha vertido sobre la atención y el cuidado de nuestras familias. Estas calumnias y falsas acusaciones nos han provocado un dolor innecesario sumado al que ya padecemos por no poder estar con nuestras familias en este momento tan delicado. No se ha pensado en ningún momento en nuestros sentimientos", arranca el texto firmado por los familiares de 22 residentes. Hasta el momento han fallecido por coronavirus 22 mayores que vivían en el centro, seis de ellos en las últimas horas.

En la carta se expresa el malestar sobre la supuesta acusación de que tienen abandonados a sus mayores y de que no se preocupan por la calidad de sus cuidados. También se señala que siempre han podido realizar visitas sin visita previa -salvo durante los momentos en los que las restricciones obligatorias lo vetaban-, por lo que descartan que solo se prepare a los usuarios para estos momentos. "En todo momento estaban perfectos, cuidados, limpios y en muy buenas condiciones, al igual que las instalaciones", afirman.

También destacan la labor de los trabajadores, a los que muestran su "apoyo incondicional": "El trato recibido por el personal es inmejorable, con demostraciones continuas de cariño y respeto".

Empleados

La carta de los empleados va en una línea similar. Expresan su "tristeza e indignación" por la imagen del geriátrico que se ha trasladado, cuando los usuarios "se convierten casi en miembros de la familia". En ese sentido, aseguran que "cualquier residencia, hospital o centro de día puede ser víctima de fotos malintencionadas", como las que se difundieron del centro. Apuntan que la residencia abrió en 1998 el paso del tiempo "ha dejado su huella", pero afirman que eso no implica que esté "sucia" o en condiciones "inhumanas".