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VAL MIÑOR

Mascarillas para sordos en el Val Miñor

Las nuevas creaciones del grupo #yomepongoacoser permiten leer los labios

Las mascarillas ya no serán obstáculo para la comunicación en el Val Miñor. Vecinas de Nigrán y Gondomar elaboran una remesa con plástico transparente que deja ver la sonrisa y permite leer los labios a las personas con dificultades auditivas. A partir de hoy mismo se distribuirán entre la comunidad sorda de la comarca para facilitar su vida cotidiana en casa con la familia y, en los próximos días, llegarán a los servicios públicos y negocios con el mismo fin.

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Innovadoras mascarillas para sordos en el Val Miñor

La idea parte del grupo #yomepongoacoser, que une a dieciocho vecinas, modistas o no, en la confección de material contra el contagio el coronavirus. En un mes de confinamiento han elaborado más de 6.500 mascarillas de algodón y tela quirúrgica. Y ahora se lanzan a las de plástico transparente, inspiradas en iniciativas inclusivas como las mochilas vibratorias que adquirió el pasado verano el Concello nigranés para que las personas sordas disfruten de los conciertos. El gobierno municipal, que promueve el proyecto "Un Nigrán para todos" para eliminar barreras en los todos los ámbitos sociales se ha comprometido a suministrarles la materia prima y a distribuir las piezas.

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La primera que puso su máquina a coser al servicio del grupo fue Nieves Comesaña, nigranesa propietaria de la mercería Barrosiña de Gondomar, con taller de confección. El estado de alarma la obligó a cerrar el negocio. "El primer día lloré todo lo que tenía que llorar y el segundo me dije que había que hacer algo y a ello me puse", explica.

A su llamada de ayuda a través de Facebook acudió enseguida la pareja gondomareña formada por Gemma Valverde y David Ledo, peluquera ella y músico y productor de eventos él, también afectados por el cese forzoso de actividad y con muchas ganas de aportar su "granito de arena". Le propusieron optimizar el reparto del trabajo con un grupo e WhatsApp. De las primeras mascarillas de algodón pasaron a las de paño quirúrgico y a las batas. David se encarga de llevar material a las costureras y de recoger las piezas ya terminadas para entregar a distintos servicios, "a la gente que está cara al público", señala.

La iniciativa corría como la pólvora y empezaron a recibir pedidos. El que más los sobrecogió fue el de un enfermero. "Es tremendo que el personal sanitario se vea obligado a pedir ayuda casi a escondidas para evitar problemas", comentan. Comenzaron así a elaborar manguitos y mandilones con bolsas de basura para los héroes de la salud. LLevan un centernar de trajes y 150 pares de mangas.

Poco a poco se fueron uniendo más manos "y cada día sigue apuntándose gente", señalan. La estructura funciona ya "casi como una fábrica" con "una capacidad de producción alta", explican. Podrían aproximarse a un millar de mascarillas al día, algo menos de la mitad si son las que destapan sonrisas, ya que la confección es más laboriosa.

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