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VAL MIÑOR

La única lápida del monasterio de Oia vuelve a su sitio tras décadas en un galpón

Perteneció a Fray Lorenzo, décimo tercer abad del cenobio, fallecido en 1277 -Una vecina la localizó hace siete años en un alpendre y el Concello la devolvió ayer a la iglesia

Operarios desmontan el alpendre para retirar el sepulcro.

Operarios desmontan el alpendre para retirar el sepulcro.

Un total de 139 abades se sucedieron al frente del monasterio de Oia a lo largo de sus 800 años de historia, del siglo XI al XIX, y solo se conserva el sepulcro de uno de ellos, el décimo tercero: Fray Lorenzo, fallecido el 11 de julio de 1277. La única lápida del cenobio cisterciense conocida hasta el momento puede visitarse desde ayer en su sitio originario, la iglesia monacal de Santa María, tras permanecer durante décadas en un galpón ubicado a tan solo doscientos metros, en el barrio de O Arrabal.

La artista local Lorena González encontró la losa por casualidad en 2013. Era el dintel de la puerta del alpendre en cuestión y nadie recuerda en la localidad desde cuándo formaba parte de la rústica construcción. Enseguida se percató de la relevancia de la pieza y alertó al historiador Javier Costas Goberna, que la identificó en cuanto la vio, al comprobar que entre sus grabados figuraba un báculo abacial. Fue la historiadora Ana Paula Leite Rodrigues la que investigó la pieza y le puso nombre, apellidos y fecha tras un laborioso trabajo de recopilación de datos en los legajos del monasterio, ya que al grabado le faltaban letras y números.

Desamortización

Se desconoce el momento en que la lauda pasó a formar parte del cobertizo, pero el estudio apunta a la posibilidad de que fuese reciclada tras los procesos de desamortización de bienes de las órdenes religiosas que se desarrollaron en los siglos XVIII y XIX.

Las propietarias del galpón, las vecinas Joaquina Mariño y Carmen Blanco, donaron la lápida al Concello, que se encargó de solicitar ante la Dirección Xeral de Patrimonio de la Xunta los permisos para su traslado, efectuado ayer,. El deterioro del cobertizo amenazaba con dañar la insólita pieza, por lo que era necesario buscar una nueva localización que garantizase su conservación, según explicó la alcaldesa, Cristina Correa. Se buscó así una solución técnica para mover el elemento patrimonial en condiciones de seguridad.

Operarios especializados la desmontaron a lo largo de la mañana para llevarla a la iglesia parroquial, que forma parte del conjunto monacal declarado Bien de Interés Cultural (BIC) desde 1931. Todo bajo la supervisión de la arqueóloga Elisa Pereira. El párroco, Daniel Goberna, colaboró con la adecuación del espacio donde ha quedado expuesta la lauda, un un lateral de la nave principal del templo.

El nuevo emplazamiento permitirá una mejor visualización de los grabados e inscripciones de la losa, de manera que podrá realizarse un estudio más pormenorizado del elemento patrimonial, destacó la regidora.

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