04 de septiembre de 2019
04.09.2019

Alertan del envenenamiento de perros en un coto de Tomiño

-Uno murió, otro despareció y dos lograron expulsar la sustancia -Una señal que pone "veneno non" alerta del peligro en la zona

04.09.2019 | 01:39
Señal de tráfico en la que han escrito "Veneno non". // D.B.M.

Lo que se preveía como un domingo de caza cualquiera para un grupo de cazadores aficionados de Tomiño, acabó con cuatro perros perjudicados por los efectos del veneno que supuestamente ingirieron en un coto de cacería localizado en la parroquia tomiñesa de Sobrada. Los cuatro canes vivieron distinto desenlace: uno murió, otro desapareció y otros dos lograron vomitar el veneno y, gracias a eso, salvar la vida. Los hechos ya han sido denunciados ante el Servicio de Protección de la Naturaleza (Seprona) de la Guardia Civil y los dueños de los animales afectados alertan de una situación que no parece desconocida para los vecinos del lugar, pues en una señal de tráfico próxima al coto se pueden leer las palabras escritas a mano "veneno non".

Los hechos sucedieron en la mañana del domingo cuando dos cazadores aficionados realizaban los entrenamientos de cara a la apertura de la veda de caza con escopeta en octubre. Uno de los canes, un podenco portugués, una raza empleada tradicionalmente para la caza de conejo, volvió a junto de su dueño con síntomas de mareo y cayéndose. En menos de una hora murió en el veterinario, donde apuntaron al envenenamiento como causa de la muerte.

Del otro podenco portugués, pese a los esfuerzos de su dueño por localizarlo, no se ha vuelto a saber nada. "Lo hemos buscado noche y día desde el domingo y ni rastro", dice su dueño, destacando que el can llevaba cinco años cazando en la misma zona y que conocía perfectamente Tomiño, "estaba a dos kilómetros de casa". "Seguramente también haya ingerido el veneno y esté muerto", lamenta.

Los otros dos perros corrieron mejor suerte. Ambos, dos cachorros de podenco andaluz, también ingirieron veneno, y, al percatarse, sus dueños les dieron sal y aceite. Gracias a ello pudieron expulsar una substancia espumosa y azulada que les hubiera costado la vida.

El Seprona ya ha sido informado de esta práctica ilegal la cual está penada con hasta dos años de prisión o multa de ocho a veinticuatro meses y, en cualquier caso, la inhabilitación especial para profesión u oficio e inhabilitación especial para el ejercicio del derecho a cazar por un tiempo de uno a tres años.

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