Esther Nande busca un relevo que toque las campanas de la iglesia de Santiago de Parada a mano para evitar que se pierda tan ancestral tradición. Apenas quedan campanarios sin sistema automatizado, y pocos lugareños que sepan descifrar cada tipo de tañido.

Por eso, mientras no cesa la búsqueda de ese relevo que garantice la continuidad de un sistema de comunicación de los abuelos, ha tenido tiempo para ofrecer una master class desde el campanario de la iglesia en la que hace tañer las campanas.

Ha sido ante un más de un centenar de personas que han acudido a la convocatoria del Insitituto de Estudos Miñoráns (IEM) en una nueva cita cultural titulada Paseo fluvial e toque de campás en Parada. Guidaos por el historiador Anxo Rodríguez Lemos, los asistentes han conocido los detalles de la biodiversidad del río Muíños de la mano del biólogo Xosé Ramón García. Después del paseo, se han sentado en el atrio de la iglesia desde la que Esther toca las campanas.

A Esther el "oficio" de campanera le vino añadido al de celadora de la venerada Virgen de la Salud. Su tatarabuelo José Manuel Figueroa fue el primer mayordomo de la imagen que llegó a la parroquia nigranesa en 1802 procedente de Sevilla. y la familia ha continuado a su cuidado y al frente de los preparativos de la multitudinaria romería que se celebra cada primer domingo de agosto desde hace 217 años.

Hace más de cuatro décadas que heredó la tarea de cuidar a la "santiña" y tres que aprendió a tocar la campana. "Hoxe co WhatsApp xa non fai falta nada disto", lamenta la última campanera del Val Miñor. Pero, eso sí, "a xente quere campás cando morre alguén", deja claro.