"¿Todo esto es por mí? Se me saltan las lágrimas". Delmiro Touza Senra recibió ayer un merecido homenaje al cumplir un siglo de vida. Rodeado de su familia y amigos, sopló las velas en la residencia Stella Maris de Panxón, donde descansa después de una intensa existencia de lucha.

Su longevidad no es casual. "Tengo un don que Nuestro Señor me ofreció y no fumo ni bebo", argumenta cuando se le pregunta por el secreto de su salud y lucidez. Quizá esa virtud resida en el instinto de supervivencia que le ha acompañado desde su nacimiento en la localidad ourensana de Castrelo de Miño, donde residió hasta que sus hijos lo trajeron a Nigrán.

Con solo 5 años de edad se quedó huérfano y enseguida se tuvo que buscar el sustento. A los 12 años, comenzó a trabajar como criado "por la cama y la comida". A los 21 días de casarse con "Consuelito", su mujer fallecida hace tres años, fue reclutado por el bando nacional para acudir a la guerra en varios frentes, otro episodio que prefiere olvidar. "Dios nos libre de aquellos tiempos. Se hizo mucho daño", lamenta. Al volver a Castrelo, trabajó toda su vida como labrador "con gran esfuerzo". La época actual es complicada para él aunque, a su modo de ver, tiene claras causas y soluciones. "¿Crisis? Lo que hay es mucho vicio. El que tiene un coche quiere dos y el que tiene una casa quiere otra mejor. Lo que tienen que hacer los gobernantes es meternos en cintura". Así se lo explicó al alcalde de Nigrán, Alberto Valverde -que lo visitó ayer- cuando fue personalmente al Concello para invitarle a su cumpleaños. "Al principio me pareció muy joven, pero después de hablar con él, veo que tiene cabeza", bromea. Y es que el sentido del humor es otra de las virtudes de Delmiro.