18 de noviembre de 2011
18.11.2011
CONDADO-PARADANTA

El imperio gaitero de los Gil

Los artesanos ponteareanos tienen una lista de espera de un año

19.09.2011 | 08:30
Los hermanos Gil Rodríguez posan con un puntero sintético de polímero técnico. // D.P.

Todo empezó hace ya 25 años. En ese momento, José Manuel Gil Fernández contaba tan solo 16 primaveras cuando decidió ingresar en la Escuela de Artes y Oficios de Vigo, en el Taller de Instrumentos Musicales Populares Gallegos. Siempre lo tuvo claro. Se quería dedicar a la fabricación de instrumentos. Esa era su obsesión. Su sueño. Un sueño que se cumplió después de 5 años de formación a cargo del maestro Antón Corral.
José Manuel abrió su primer y humilde taller por aquel entonces, que nada tenía que ver con lo que es hoy el Obradoiro Gil. Y es que el negocio no ha parado de crecer, sobre todo gracias al prestigio que le ha aportado a estas gaitas una generación de artistas muy buena que compartieron banda, Xarabal, con el artesano. Carlos Núñez, Budiño o Mercedes Peón son algunos de esos músicos de primer nivel que han ayudado a que las gaitas ponteareanas sean conocidas incluso en la esfera internacional.
El negocio fue creciendo y evolucionando en cuando a maquinaria, materiales y técnicas. Alfonso Gil Rodríguez también se quiso sumar al carro, tras recibir una cátedra acelerada de su hermano, para constituir lo que actualmente es el obradoiro.
Estos dos hermanos no sólo fabrican gaitas. No son partidarios de "quedarse en lo tradicional". Continuamente experimentan y buscan nuevas formas de realizar este arte artesanal. Prefieren innovar. De este modo, José Manuel confiesa que desde hace algún tiempo están incorporando a las palletas y pallones de sus gaitas un nuevo material sintético: el polímero técnico.
Y es que hacer gaitas es un arte que los hermanos Gil ponen en práctica con gran calidad, por lo que hoy en día tienen una lista de espera de casi un año y encargos de toda la geografía mundial: de España, de diferentes puntos de Europa y América e, incluso, de países como China o Japón. Todo ello aun a pesar del momento de incertidumbre económica y crisis que vive la sociedad actual. Todo ello a pesar de que una gaita es un artículo de lujo. La más sencilla supone una inversión de 1.200 euros. Un precio que se corresponde con lo costoso que es un proceso de producción en que se trabaja con un material tan delicado como es la madera.
Pero el esfuerzo y la dedicación de un trabajo bien hecho tienen su recompensa. El negocio de los Gil ha ido ampliando sus horizontes. La apuesta por una maquinaria óptima, además del cuidado individualizado de cada instrumento, es una de las principales bazas con las que cuentan estos hermanos, ya que priorizan, ante todo, la calidad. Así, el imperio gaitero ponteareano continúa su expansión y el mundo entero continúa tiñéndose con las notas de sus maravillas artesanales.

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