Aquello que nuestros antepasados de inicios del siglo XX compraban en la Feira dos Remedios como utensilios de primera necesidad se adquirió ayer en Ponteareas como objetos de decoración. Aperos del campo, lecheras de latón, faroles o zuecos con suelo de madera fueron algunos de los artilugios que hasta hace un siglo eran de uso diario y ahora pasan a adornar en medio del jardín.

Sin ir más lejos, las sonadas calabazas de la anual Feira dos Remedios se vendieron ayer como objeto de decoración, barnizado incluso, mientras que antaño se adquirían como recipientes básicos.

A pesar de que se les pinchó una rueda del remolque, llegaron a tiempo. Los jubilados asturianos de la Asociación Cultural de San Tirso de Abres volvieron a exhibir su artesanía entre la calle Oriente y Esperanza haciendo a mano aperos del campo tan tradicionales como los yugos del arado para unir los bueyes. Son herramientas que estos artesanos pueden hacer en un solo día partiendo de un patrón. "Facémolas para que se conserven, para que a xente nova as coñeza pero agora xa ninguén as encarga para utilizalas no campo", explica José Álvarez que acude a la fiesta por segundo año.

"Fiando" utilizando la roca y el fuso estuvo en la feria Paula de la Universidade Rural Galega para explicar cómo se trabajaba la lana de la oveja; se lavaba, se clareaba y después de cardarla se transformaba en hilo. "Queremos colaborar na recuperación e difusión dos saberes tradicionais do medio rural", apunta.

A mediodía se dejaron ver por la feria los personajes más simpáticos y esperados. Servando "el Bardo Abelardo" en el papel de ciego, Ilda como "a ceguiña das Cortellas", el humor de Ricardo da Pisca y Flora da Pisca en su papel de "peixeira" ingeniándoselas para vender el pescado. "Este ano fixen unha patela máis grande pero puiden bailar solto igual sen que me caisen os xurelos da cabeza" comenta Flora.

El latonero Fernando Reboredo hizo envases a ojos de todos los curiosos; el zoqueiro Tango demostró que aún se pueden hacer "tamancas" como las del siglo pasado; y desde Meder, la alfarería Añón revivió otro oficio en extinción.

En la parte gastronómica el rey fue el pulpo regado con vino, aunque también hubo rosquillas, chocolate artesano, licores y productos de la huerta.