De sabor afrutado, a manzana, y con un nivel muy bajo de acidez". Así define José Ramón Conde Torres el vino que elabora, de forma artesanal, con la uva albariña de sus viñedos de Torneiros. La descripción, a su juicio, podría aplicarse también a la mayoría de los caldos que se producen en Porriño, para los que un grupo de viticultores reclaman un certificado de identificación geográfica que les permita dar a conocer el producto, potenciarlo y mejorar su comercialización.

Su idea, que cuenta con el apoyo del ayuntamiento, es conseguir el sello "Viños da terra", una marca que concede la Xunta a zonas excluidas de las tradicionales denominaciones de origen y que se aplica ya, desde hace un año, a los caldos de Barbanza.

Xosé Manuel González, responsable de Sectores Agrarios del Sindicato Labrego Galego (SLG), asesora a los productores porriñeses y al concello sobre los pasos a seguir para lograr su propósito.

El representante del SLG defiende la marca como "una forma de identificar y poner en el mapa esas otras zonas de Galicia con tradición vitivinícola que no aparecen reflejadas en las denominaciones de origen tradicionales" y consideró "legítimo" que los agricultores "pretendan para sus productos el reconocimiento que creen que merecen", apuntó.

González explicó además que lejos de suponer una amenaza para las denominaciones clásicas, como Rías Baixas, la aparición de una pluralidad de sellos de identificación geográfica "beneficia a todos". "Es difícil que una zona vitivinícola con la denominación `Viños da terra´ pueda competir en igualdad con áreas ya consolidadas", apunta, pero "puede abrir nuevas posibilidades en el mercado".

En este sentido, indicó que en Francia, país donde se gestaron las primeras denominaciones de origen, "hay algunas regiones vitivinícolas reconocidas que no cuentan con más de 11 hectáreas de viñedo".

Los productores de uva porriñeses que defienden la denominación apuestan por la "calidad" y confían en que su consecución les permita resolver algunos de los problemas derivados de su exclusión de la Denominación de Origen Rías Baixas.

Además de salvar las dificultades que encuentran a la hora de comercializar sus vinos, consideran que la implantación de la marca ofrecerá al consumidor una garantía sobre su origen y sobre los métodos empleados para su elaboración.

"El proceso será largo y seguramente complicado, pero tenemos la ilusión y el producto", indica José Ramón Conde, que invita a otros productores a unirse a la iniciativa, para lo que pueden ponerse en contacto con el departamento municipal de Medio Ambiente.