Los incendios forestales asolan por segundo día consecutivo la comarca del Val Miñor, donde a última hora de ayer permanecían activos varios focos. El más importante afecta a Peitieiros, en el municipio de Gondomar, donde el viento recrudeció la situación de los fuegos iniciados el viernes, al igual que en la zona de Baíña y en Baredo, ambos en Baiona. Los servicios de extinción, sin embargo, lograron extinguir por la tarde otro en la zona de Pedornes, en Santa María de Oia, que arrasó durante la jornada unas cien hectáreas de monte arbolado.

En Gondomar trabajan sin descanso un hidroavión, un helicóptero, tres cuadrillas y tres palas excavadoras, aún así los medios son insuficientes para sofocar los quince fuegos en activo, avivados por el viento. El alcalde de Gondomar, Carlos Silva, lamentó la falta de medios, aunque se mostró comprensivo "puesto que hay que acudir a muchos sitios al tiempo". El regidor local resaltó la colaboración vecinal, decisiva en el caso concreto de Chaín y Donas, donde las llamas amenazaban las casas. Se combate el fuego como se puede, con cierto matiz de resignación: "Estamos como ayer, pero peor; la situación es más cruda". Transcurren tres jornadas de mirar al monte como bien preciado, más que nunca.

En Santa María de Oia se han perdido cien hectáreas de monte arbolado lindando con el monasterio, siniestro afortunadamente extinguido, aunque no se levante la guardia.

Los medios de extinción luchaban ayer con un repunte del fuego iniciado el viernes en Baíña, donde se puso a salvo el amenazado pueblo de San Cosme, pero donde la escasez de medios, por lo dispersos, no pudo impedir la pérdida de unas 90 hectáreas de monte.

Otro centro de preocupación es el renacido fuego de Baredo. En principio fueron dos incendios, pero tras controlarlos, uno se reavivó por la tarde. Las llamas, en este último caso, se situaron hasta sólo un kilómetro del foco de Baíña, aunque a última hora pudo ser extinguido.

Por último, a última hora comenzó otro incendio en el monte de O Galiñeiro, en Gondomar, cerca del límite con Vigo.

Con el paso del tiempo, la zozobra es mayor. Da paso a la incertidumbre de si las casas permanecerán a salvo, por encima del espectáculo de las hogueras grandes que el viento aviva, del humo. Los comuneros del monte se han volcado, insisten que con limitados medios, y se mira al cielo por si lloviera y se contiene el suspiro para que el viento amaine y no se agrave la situación.