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Celta 0 - 2 Athletic Club

El Celta sigue de pretemporada

El equipo vigués pierde con el Athletic de Bilbao en un partido en el que se vio desbordado en un pésimo primer tiempo

La reacción tras el descanso, con cuatro cambios y la entrada de Román y Aspas, mejoró la imagen del equipo

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Juan Carlos Álvarez

Juan Carlos Álvarez

Vigo

El Celta sigue comportándose como un equipo en pretemporada. Como si viviese en aquellos tiempos en los que la Liga comenzaba entrado el mes de septiembre coincidiendo con el curso escolar. Transmite provisionalidad el equipo, como si se hubiese contagiado por este enfermizo final de mercado que parece poner en peligro cualquier planificación. Mientras rivales como el Athletic empiezan a coger vuelo y velocidad el Celta sigue sin enterarse de que es lunes por la mañana, ha terminado el verano, y eso que suena es el despertador.

El equipo bilbaíno se llevó los tres puntos de Vigo gracias a una sonrojante superioridad en el primer tiempo ante un Celta irreconocible, pobre, transparente en defensa y estéril en ataque. Los de Terzic liquidaron el partido con dos goles en dos minutos que dejaron a los vigueses sin respuesta, noqueados por la intensidad del rival y víctimas del desorden y la anarquía. La reacción en el segundo tiempo, con cambio de caras y de sistema, sirvió para adecentar ligeramente su imagen, pero no lo suficiente como para encender una luz de esperanza que evitase un naufragio con mayúsculas.

Hacía tiempo que el Celta no recibía un meneo semejante en Balaídos. El Athletic desnudó sus vergüenzas o al menos las vergüenzas del equipo elegido por Claudio Giráldez. Fue un día de novedades tan importantes como ineficaces. Aparecieron por primera vez en el equipo Hugo González (la sensación de la pretemporada) y el joven Faye; descansaron los habituales Miguel Román y Javi Rueda; y el trío Jutglá-Hugo-Willior compartieron ataque aunque sin que ninguno jugase de salida en su posición más habitual. Todo ello dio como resultado un Celta absolutamente irreconocible. Con y sin la pelota.

Cuesta encontrar el grado justo de responsabilidad entre los defectos de los vigueses y las virtudes de los bilbaínos, pero el resultado de semejante combinación fue un aplastamiento de los de Terzic que le recordaron a Claudio que siguen sin encontrar el remedio a los equipos que van a buscarlo al hombre, que le niegan espacios y que convierten el partido en una sucesión de duelos. De alguna manera fue como volver a los partidos europeos ante los equipos alemanes de la temporada pasada.

El Celta-Athletic, en imágenes

El Celta-Athletic, en imágenes / Jose Lores

El Celta fue desde el comienzo un juguete en manos del Athletic al que solo fue capaz de sorprendender en los primeros minutos en un balón que ganó Jutglá y que Williot falló con todo a favor delante de Unai Simón. Su remate fue lamentable. Fue un fogonazo engañoso. El resto fue un baile que protagonizó por encima de todos Sancet, ignorado por el Celta de manera incomprensible y que reinó a su antojo por una parcela del campo que nadie vigilaba. A partir de ahí y de la superioridad que el Athletic ejercía primero en la recuperación y luego en el medio del campo (Moriba y Febas estaban desbordados) el Athletic comenzó a acumular ocasiones en el área de un Radu bastante inspirado. Pero era como cuando ves aparecer los nubarrones en Cíes. Tarde o temprano llegará la lluvia y el Celta no tenía plan para detener aquella tormenta.

En el minuto veinte Berenguer acertó con un gran remate al palo largo y, con el equipo conmocionado, dos minutos después Navarro amplió la ventaja aprovechando una jugada que fue un ejemplo de circulación bilbaína y de descolocación viguesa. Ambos tantos llegaron tras pérdidas en la salida (Febas sale retratado en uno, Carreira en el otro) y el segundo también retrató a Faye, hecho un flan desde el pitido inicial, como un adolescente que acude a su primera cita. La avería era general, sin un solo futbolista que fuese capar de ganar un duelo, de tener el balón un segundo, de hacer una conducción. El único recurso que el Athletic le ofrecía al Celta era alejar la pelota de cualquier manera, pero como dice el dicho, la medida «solo servía para que volviese más rápido».

El daño en el primer tiempo pudo ser aún mayor, pero un Radu inspirado ante Iñaki Williams y un par de coberturas de Starfelt (que de salida ocupó el sitio de Yoel Lago) evitaron daños mayores. La situación llegó al punto de que Claudio decidió hacer una enmienda a la totalidad de su propia alineación y realizó cuatro cambios en el descanso. Puede que hubiese cambiado a los once en caso de tener la oportunidad.

Una reacción que no llegó pese a los cambios

Desaparecieron Faye, Moriba, Hugo González y Javi Rodríguez. Solo la presencia en el campo de Miguel Román y de Iago Aspas le cambió la cara al Celta. Lo del moañés sigue siendo un hecho extraordinario, pero al tiempo no es una noticia tranquilizadora que el equipo necesite que salga permanentemente un señor de 39 años a poner una idea sobre el campo. Pero sucede para desgracia y alegría de un Celta huérfano de inspiración en ataque. Por su parte, el mediocentro volvió a demostrar que hoy en día es posiblemente el jugador más importante del equipo porque su incidencia en el juego es enorme.

Cambió el partido tras los cambios y con el nuevo sistema ordenado por Claudio, que pasó a jugar con línea de cuatro. El Athletic, que fue perdiendo energía como para mantener el nivel feroz de presión, ya no tuvo tanta presencia en el campo rival y empezó a protegerse en el suyo. Allí se presentó el Celta, con más mordiente por la derecha gracias a Rueda y Aspas generando espacios y asociaciones que hasta el momento no existían.

El Celta dependía de un gol para abrir la pelea por el partido, pero las dos ocasiones que tuvo en ese tiempo las envió al limbo. Un tímido remate de Williot tras encontrarse un balón que dejó muerto Unai Simóin y un cabezazo de Starfelt que se fue a un palmo del palo derecho. Un bagaje muy pobre de todos modos. El Athletic entendió que el partido era mejor ponerlo a buen recaudo y se preocupó por revitalizar el equipo con los cambios.

Y el Celta poco a poco fue bajando la persiana de forma discreta, sin hacer ruido ni molestar en exceso a un Athletic apenas amenazado. Esa fue también otra derrota en una noche para olvidar pero que le recuerda al Celta que sus males recuerdan mucho a los de hace unos meses y que aún no se ve evolución. Ojalá se acabe pronto su verano.

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