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La intrahistoria de la recuperación

Miguel Román siguió una dieta para no subir de peso en los dos meses que estuvo sin apoyar el pie

El centrocampista miñorano no subió un gramo en un proceso de recuperación que lo llevó a irse de vacaciones una semana más tarde y a regresar una antes que el resto de sus compañeros

El futbolista valmiñorano regresó a los entrenamientos una semana antes que sus compañeros.

El futbolista valmiñorano regresó a los entrenamientos una semana antes que sus compañeros. / Marta G. Brea

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Borja Refojos

Borja Refojos

Vigo

No es ningún secreto que la fractura que Miguel Román sufrió en el quinto metatarsiano de su pie izquierdo allá por marzo fue un golpe duro para él. En aquel momento, volaba sobre el césped. Se había vuelto imprescindible. Pero, tras digerir la situación, el gondomareño se vino arriba. Ya no quedaba ni la sombra de aquel jugador inseguro, que dudaba de sus posibilidades en la élite. Había sido relevado por un deportista lleno de una confianza amparada en el apoyo del cuerpo técnico y de sus compañeros, así como de su propio rendimiento.

Después de que el doctor Cota reparase la dolencia del centrocampista valmiñorano con un tornillo que formará para siempre parte de su cuerpo, era el momento de ponerse manos a la obra. Por delante, Román tenía dos meses en los que no iba a poder apoyar el pie. Por tanto, su gasto energético se iba a ver reducido en comparación con la actividad normal de un futbolista de primer nivel. Por eso, Miguel hizo una dieta especial para mantener su peso.

La receta funcionó a la perfección. Durante ese par de meses y, por extensión, en los cuatro que estuvo sin jugar, Román no subió un solo gramo. Llevó su alimentación con la misma disciplina que los entrenamientos que podía realizar y los descansos necesarios para una correcta evolución. Un plan que le ha permitido llegar a la pretemporada, como mínimo, al nivel de sus compañeros. Lo demostró en los 45 minutos que tuvo contra el Sporting e, incluso, en su reaparición en Braga, con un ratito en el que dejó algún chispazo de su capacidad. Ni rastro de la inactividad ni del lógico miedo que se padece tras recuperarse de una lesión así.

Desde luego, el centrocampista de Gondomar puso de su parte para que así fuera. Además de trabajar con seriedad durante el proceso, mantuvo la actividad en un periodo vacacional que fue menor que el de sus compañeros. Román entrenó una semana más después de que el equipo se fuera de vacaciones y regresó al trabajo siete días antes que los demás. Miguel buscó la mejor recuperación posible. Y el que algo quiere, algo le cuesta.

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