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La pretemporada

Heavy metal en una noche de verano

El Celta sorprendió en Braga con un ritmo frenético, muy superior a lo esperable con una semana de trabajo, y una presión alta que no se vio muchas veces el año pasado

Iago Aspas y Hugo Álvarez se acercan a felicitar a Carlos Domínguez por su gol postrero del domingo.

Iago Aspas y Hugo Álvarez se acercan a felicitar a Carlos Domínguez por su gol postrero del domingo. / RCCv

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Borja Refojos

Borja Refojos

Vigo

El calor se mantuvo al caer el sol aunque la brisa estival lo hiciera todo más agradable. Las guitarras estaban afinadas, el bajo y la batería listos para marcar la pauta y la garganta preparada para rasgarse. El concierto iba a comenzar. Fue enchufar los amplificadores y desatar el heavy metal en una noche de verano en Braga. Así se comportó el Celta, que, con apenas una semana de entrenamientos, empató ante todo un semifinalista de Liga Europa. Sorprendente. Y esperanzador. Aunque la importancia que tiene pertenezca al terreno de lo anecdótico.

Presión a puro fuego

La puesta en escena del Celta en Braga abrió más de una boca. No porque el juego fuera excelso. Ni siquiera por ponerse por delante o ser capaz de igualar contra un colectivo con casi un mes de trabajo, a unos días de disputar la fase previa de la Conference. Lo realmente llamativo fue ver a futbolistas con poco más de una semana de entrenamientos jugando a una velocidad fulgurante. Y de manera totalmente buscada. El equipo vigués lanzó una presión muy alta, con la intensidad de tu cuñado en nochebuena y la agresividad de un depredador en la caza de su presa. Si se cerraban los ojos, podía intuirse al Celta de Eduardo Berizzo apretando a los centrales rivales en la frontal del área contraria.

Arma defensiva y ofensiva

Conviene recordar que no se puede dividir el fútbol en ataque y defensa. Es un todo. Un ciclo continuo de cuatro tiempos relacionados entre sí. Por eso, la presión alta fue el domingo un arma defensiva para cortocircuitar la salida de balón del conjunto portugués y, al mismo tiempo, ofensiva porque tras cada robo en campo contrario, el Celta amenazaba en la transición. En el mismo sentido, el equipo celeste apretó muy bien y con mucha gente cada pérdida porque antes, en el ataque estático, encadenaba ocho o diez pases que permitían juntar en poco espacio a muchos futbolistas, listos para presionar cuando perdían la posesión de la pelota. Efectivo.

El factor Burcio

El domingo jugaron siete futbolistas del Fortuna. Uno de ellos, Hugo González, marcó. Pero la actuación más convincente de todos ellos fue la de Hugo Burcio. Las condiciones del centrocampista de Galapagar se adaptaron como un guante a la propuesta. Con poderío para saltar a la presión y para arrancar con la pelota, cuajó una mezcla gustosa con Febas y brindó un gran pase de gol a Swedberg. También interesantes fueron los minutos de Joel López.

El comodín Hugo Álvarez

De los 24 futbolistas que abrieron el curso en Braga, el rol más sorprendente fue el de Hugo Álvarez. El ourensano arrancó el segundo tiempo formando pareja de centrocampistas con Matías Vecino. Una posición que luego varió cuando Claudio recuperó el 3-3-3-1 del final del curso pasado. Pero una demostración de la virtud táctica del canterano, capaz de jugar en la última línea por fuera o como mediapunta, de carrilero y ahora, si es necesario, también en el centro del campo.

Iván Villar, cruz de la moneda

Dentro de que todavía es muy pronto para sacar conclusiones, el duelo del domingo dejó un mensaje para Iván Villar. El de Aldán fue el único de los 25 citados que se quedó sin participar y vio cómo Coke Carrillo le adelantaba al disputar la segunda parte. Todo esto, unido a que el club busca un guardameta en el mercado, deja al canterano la opción de salir o de acabar su contrato como tercer portero del equipo.

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