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Hugo Sotelo y Damián Rodríguez: la pareja que pudo haber sido

La salida del primero al Levante, unida a la del mediocentro de Ponteareas, acaba definitivamente con la ensoñación de que ambos canteranos dominasen el centro del campo del Celta

Hugo Sotelo ejecuta una falta a escasa distancia de Damián Rodríguez.

Hugo Sotelo ejecuta una falta a escasa distancia de Damián Rodríguez. / RCCV

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Borja Refojos

Borja Refojos

Vigo

Uno de los muchos tópicos que encierran las comedias románticas es aquel de lo que podríamos haber sido si nos hubiéramos encontrado en otro tiempo o lugar. Puede que esta máxima no sea del todo aplicable a Damián Rodríguez y a Hugo Sotelo porque ellos sí estuvieron en el momento y el sitio exacto, compartiendo equipos, partidos y vivencias en la cantera del Celta como parte de la generación del 2003 -la de Hugo Álvarez y Javi Rodríguez-. Y, sobre todo, compartiendo centro del campo. El binomio deslumbró en el Fortuna y desató la ilusión de trasladar ese rendimiento al primer equipo. Pero los designios del fútbol son inescrutables. Y traicioneros. El ponteareano tuvo que irse cedido el pasado enero y repetirá esta temporada. El vigués seguirá el mismo camino. Ni uno ni otro, al menos en el curso entrante, podrán ser ese motor de la sala de máquinas celeste al que parecían estar predestinados no hace tanto.

Pero nadie sabe lo que es el destino. Caminando, cada uno es lo que es. Y en esa sucesión de pasos, por motivos diversos, ni uno ni otro logró consolidar en el Celta las fantásticas sensaciones que dejaron por momentos. Un punto y aparte que respaldan los datos. Damián y Sotelo tan solo compartieron terreno de juego en siete partidos con el primer equipo. Seis de ellos fueron en la campaña 20024/25 y nunca los 90 minutos -14 frente a Osasuna; 25 contra el Girona; 3 ante el Real Madrid; y 17 con el Leganés a domicilio-. Solo en dos choques figuraron juntos en el once titular: contra el Athletic Club (63) y frente al Leganés, en Balaídos (59).

Curiosamente, ese choque ante los pepineros dejó una actuación sobresaliente de la pareja. Y aun así, esa conexión no se volvió a repetir esa temporada. En el ejercicio que finalizó hace un par de meses, tan solo coincidieron cinco minutos: fue en Zagreb, contra el Dinamo, en la Liga Europa. En la primera ronda de Copa del Rey, ante el Puerto de Vega asturiano, el de O Condado fue sustituido por el de Sárdoma.

La pareja de centrocampistas canteranos de 2003.

La pareja de centrocampistas canteranos de 2003. / RCCV

A estos siete encuentros juntos en el Celta hay que añadir otros 13 en el Fortuna. Los 12 primeros fueron en la temporada 2022/23, la primera de Claudio Giráldez al frente del filial, que se saldó con una clasificación para el play-off. Al año siguiente, solo coincidieron en la jornada 3 porque Sotelo ya se quedó en la primera plantilla que por entonces dirigía Rafa Benítez. En total son 20 partidos en el fútbol sénior compartiendo espacio en el centro del campo. Son muchos más si se contabiliza su etapa de formación en A Madroa.

Una tendencia de más a menos

Esa pareja canterana que pudo haber sido, no lo fue por distintos motivos. La irrupción de Damián en el primer equipo llegó a la vez que la de Claudio. Y fue espectacular. La finura de su pie izquierdo y la capacidad para darle ritmo a la circulación de la pelota fueron claves en la transformación del juego del equipo con la entrada del entrenador porriñés en lugar del destituido Benítez. El ponteareano jugó cinco de los últimos ocho partidos con un rendimiento alto.

La campaña siguiente debía haber sido la de su confirmación y, de hecho, disputó diez de los primeros once encuentros. Pero el duro golpe del fallecimiento de su padre frenó su progresión. Después de aquello, ya nunca recuperó el protagonismo. El pasado enero salió cedido al Racing y en las próximas horas volverá a marcharse a préstamo a la Segunda División.

El caso de Sotelo fue más largo y guadianesco. Precoz en su debut con el primer equipo a las órdenes de un Coudet fascinado con su capacidad de pase, el vigués alternó tramos brillantes con otros mucho más oscuros. El cuerpo técnico trató de espolearlo hace un año al convencerlo de que debía dejar de ser 8 para convertirse en 6. La fórmula funcionó por momentos, pero entre que el canterano nunca terminó de ser regular y la irrupción de Miguel Román, todo se le complicó.

Por eso, está a punto de marcharse cedido al Levante en lo que será el carpetazo a esa pareja de centrocampistas canteranos que pudo haber sido, pero que no fue. Al menos, de momento. Porque las cesiones siempre guardan la esperanza de que la expectativa se convierta en realidad. Que se lo pregunten a Sergio Carreira.

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