El Celta afila el colmillo a tiempo
El equipo vigués saca adelante el compromiso ante el Elche amparado en el buen trabajo defensivo y en la efectividad en los últimos metros | Hugo Alvarez, Iago Aspas y Borja Iglesias anotaron los goles célticos
Allí donde no llega el juego tiene que hacerlo al menos el orgullo. A esa máxima se agarró el Celta para recuperar el resuello de cara a las cuatro últimas jornadas de Liga que encarará en posiciones europeas (sexto) y con un partido de margen sobre su inmediato perseguidor. Un panorama idílico teniendo en cuenta que el equipo de Claudio viene de atravesar el tramo más complicado de la temporada: por los reveses recibidos y por el desgaste físico y emocional sufrido en ese mes de abril que se llevó por delante más de un sueño y dejó heridas que aún tardarán en sanar por completo. Ganar al Elche era una cuestión de necesidad por el riesgo de desconexión que rondaba a un equipo exprimido por una temporada que no le ha concedido un respiro. La victoria cobra ahora un valor esencial porque espanta fantasmas, silencia a los adorables agoreros y reactiva de paso a un grupo que necesitaba una inyección de autoestima y cambiar la dinámica de las últimas semanas.
Todo ello lo consiguió el Celta en un partido áspero, de difícil digestión, en el que tuvo la contundencia que tantas tardes le ha vuelto la espalda. Castigó primero la inocencia del Elche en el gol de Hugo Alvarez y luego encontró la dosis necesaria de talento para liquidar el duelo con los goles de Aspas y el definitivo de Borja Iglesias que coronó la tarde de la mejor manera posible. Pero el partido no correspondió con el modelo clásico del Celta de Giráldez que eligió premeditadamente situar el equipo más cerca de Radu de lo que acostumbra y buscar a Jutglá a la menor oportunidad para que el delantero comprometiese a los centrales ilicitanos como hizo de forma insistente.
La prueba de que el Celta está muy vivo fue el grado de compromiso que mostró en la protección de su área. No es el Elche un equipo cómodo ni previsible. Presiona alto, imprime ritmo al juego y tiene alborotadores como Febas que detectan los desajustes rivales con facilidad. Claudio sabía que era un día para ordenarse y resistir. En otro contexto, con el equipo más liberado, tal vez hubiera optado por otro camino, pero ayer se trataba de sostenerse, de evitar errores en la salida y cerrar caminos. La ausencia de Starfelt y de Marcos Alonso (uno por lesión y el otro por sanción) suponía un problema añadido pero el Celta resistió gracias al buen desempeño del novedoso trío de centrales (Javi Rodríguez, Yoel Lago y Alvaro Núñez, inclinado al perfil donde menos cómodo se siente) y a la implicación de Moriba y Fer López en el medio del campo. Los vigueses consiguieron así que el Elche tuviese un control de la situación que resultaba inocuo. Sin ocasiones y con remates que apenas aceleraban el pulso de Radu.
En ese duelo de errores que suelen ser los partidos de fútbol fue el Elche el primero en equivocarse. Affengruber, su central más solvente, se equivocó al cuarto de hora en una cesión al portero y dejó el balón a merced de Javi Rueda que eligió el momento justo para regalarle el gol a Hugo Alvarez. Un gol que reafirmó las intenciones del Celta y que tuvo su continuidad poco antes de la media hora de juego cuando Jutglá controló un balón delante de los centrales y esperó el momento justo para conectar con Iago Aspas. El moañés, en su vuelta a la titularidad, eligió su pierna «mala» para resolver a la jugada. Un toque visualmente inmejorable a la esquina de la portería que dejó frío a Dituro, su antiguo compañero. Resistencia, orden y dos zarpazos. Era todo lo que había ejecutado el Celta en ese primer tiempo ejemplar. No en lo estético, pero sí desde el punto de vista de la eficacia.
El Celta, cómodo casi siempre en el bloque bajo porque evitaba esfuerzos largos y repetidos en un horario indigesto por múltiples razones, se mantuvo fiel a su plan. La amarilla a Rueda en el tramo final del primer tiempo hizo saltar en el descanso a Manu Fer lo que obligó a reformar la defensa. Pero el equipo mantuvo la misma tónica seria. Sobrios y rehuyendo de las complicaciones con la pelota. Javi Rodríguez y Yoel escenificaron como nadie esa consigna. Tampoco le importó al Celta saltarse a Fer López o a Moriba (mejor todos en el corte que en la construcción). En caso de duda, el camino elegido era el balón en busca de Jutglá que acabó por desesperar a Affengruber hasta que Sarabia lo retiró del campo.
La entrada de Jones, Williot y Borja le dio al equipo una dosis extra de energía, algo que sería determinante no con su entrada sino minutos después. Sucedió ya en el tramo final cuando el Elche se encontró con un penalti por un pisotón algo impetuoso de Manu Fer en el área. André Silva redujo distancias y puso el partido en ese punto inquietante que tanto se le indigesta al Celta que con frecuencia se comporta como el espectador que grita en una película de miedo durante los títulos de crédito. Pero su comportamiento en ese instante fue lo mejor de la tarde. Lejos de esconderse en su área para invocar la tragedia, el equipo se defendió atacando. No había mejor solución. El equipo se fue a buscar al Elche con una decisión que no se había visto hasta el momento, circunstancia para la que le ayudó el empuje de los recién llegados al campo. Fue así como encontró la sentencia. Otra vez Williot en el centro de la escena. El sueco, habitante único de su propio mundo, tiene un don que le convierte en un futbolista tan especial como impredecible, indetectable para los defensas. Un ser de luz. Borja peleó por un balón con entusiasmo y lo buscó en el área con la esperanza de que el sueco le devolviese la pelota en condiciones. Williot transformó la jugada en un prodigio gracias a un taconazo soberbio que puso al santiagués delante del portero y con la defensa dando vueltas preguntándose qué demonios había hecho aquel Mago Pop con el balón. Borja remató cruzado al palo largo para que el esfuerzo de Dituro fuese insuficiente. La sentencia más dulce y hermosa para un partido agrio que el Celta manejó luciendo colmillo en las dos áreas. Era un día para resistir y para madurar.
Suscríbete para seguir leyendo
- Olalla, acogedora de dos hermanos con dedicación exclusiva: «Ni lo haces por ti ni por trabajo o vocación, es una forma de vida»
- Cómo construir un nido artificial para aves urbanas: la recomendación de la la Sociedad Española de Ornitología para convivir con los pájaros
- El metal de Pontevedra cierra un preacuerdo «histórico» con un alza salarial del 15%
- Vuelve la Farola y vuelve el Acrópolis
- Estudiante keniata llega a un pueblo de Ourense para revitalizar el rural con un 'hub' de innovación
- Cuando el marisqueo deja de ser rentable: «Dejo el mar muy a mi pesar porque no hay ingresos, no por madrugar, el frío o el calor»
- El metal se consolida a la vanguardia de toda España en subidas salariales: así pacta la industria en comparación con otros sectores
- ¿Quién se queda con el piso de la vecina en Galicia? La Xunta investiga más de 560 herencias sin testamento en cinco años

