El Celta recupera sensaciones
El Celta, pese a la derrota ajustada encajada en el Camp Nou, vuelve a dar señales de vitalidad tras la pobre imagen ofrecida contra el Friburgo y las vengonzantes derrotas sufridas en Balaídos frente al Alavés y al Oviedo. Los celestes recuperan sensaciones.

Ilaix Moriba conduce la pelota rodeado de Olmo, Koundé y Cancelo durante el encuentro disputado ayer por el Celta en el Camp Nou. / LOF

Los síntomas de agotamiento que el conjunto celeste había dado en el último mes de competición, desde que puso patas arriba el Groupama Stadium eliminando al Olympique de Lyon, desaparecieron ayer en el campo del Barcelona, terreno históricamente vedado, donde los celestes ofrecieron su mejor versión colectiva en mucho tiempo para plantar cara y por momentos poner en bastantes apuros a un rival que no ha cedido un solo punto como local en lo que se lleva disputado de campeonato.
Tras esta cuarta (y de algún modo esperada) derrota consecutiva, el grupo de Giráldez se queda provisionalmente fuera de los puestos de Europa League en beneficio del Getafe, pero da muestras de vitalidad para afrontar con esperanza un tramo final de temporada tan exigente como vibrante. Hansi Flick tuvo que echar mano del genio de Lamine Yamal para desequilibrar un primer tiempo vibrante, en el que el Celta fue mejor que el Barça con la pelota, y ejerció en la segunda, a medida que los celestes fueron perdiendo energía, un férreo control de la pelota que le permitió gestionar sin grandes atrancos su parca ventaja.
Un arranque de vértigo
Apenas tres cambios introdujo Giráldez con respecto al duelo frente el Friburgo en un once que saltó al césped del Camp Nou con siete canteranos. Pablo Durán suplió a Borja Iglesias, Carreira entró por Mingueza y Hugo Álvarez relevó a Vecino en un arranque de partido vertiginoso, que deparó ocasiones por ambos bandos en un primer minuto cargado de electricidad.
Un Celta valiente, enérgico y desinhibido que fue a buscar al coloso azulgrana en su campo y cortejó pronto el gol con dos remates envenenados de Pablo Durán que Joan García despejó con lucimiento y un tiro alto de Jutglà tras magnifico pase filtrado por Hugo Álvarez al corazón del área.
El Barça, con un solo cambio, el de Eric García por Fermín, con respecto al equipo eliminado el pasado jueves por el Atlético de Madrid en la Liga de Campeones se encomendó a Lamine Yamal, casi siempre bien sujetado por Carreira con la ayuda de Hugo. El crack de Rocafonda, no obstante, se las apañó para generar las mejores ocasiones azulgranas y puso a prueba a Radu antes de forzar el penalti que abrió el marcador y lesionarse. Hasta ese momento, los celestes plantaron cara al líder en igualdad de condiciones.
Penalti con lesión
El primer tiempo, aunque atractivo en las formas y limpio en el juego, resultó de lo más accidentado por la temprana lesión de Cancelo y los 20 minutos que tuvo que prolongar el árbitro por un incidente (una mujer que se sintió indispuesta y tuvo que ser trasladada al hospital) en la grada.
Pero acaso lo más sorprendente fue la lesión sufrida por Lamine Yamal lanzar y anotar el penalti que abrió el marcador y él mismo había forzado. Yoel Lago, que hasta ese momento había realizado un partido correcto, sin errores pese a la exigencia, se pasó de frenada y se llevó por delante a la estrella azulgrana en uno de esos nocivos arranques de ímpetu que tan a menudo le penalizan. Giráldez sigue sin encontrar un relevo de garantías para Starfelt. Tras recibir tarjeta en el segundo tiempo, el técnico lo cambió por Mingueza y puso a Carreira de central derecho.
Un Celta más trabado
Paradójicamente, la baja de Lamine mejoró al resto de los jugadores del Barça, que reclamaron la pelota y empujaron a los celestes contra el portal de Radu, aunque sin claridad en el último pase, más allá del gol anulado por milímetros a Ferran tras colocar Pedri con maestría una perfecta asistencia entre los centrales celestes.
La entrada de Williot por Hugo Álvarez y de Borja Iglesias por el combativo Pablo Durán no mejoraron las prestaciones ofensivas del cuadro vigués, al que se le vio demasiado cansando y un tanto falto de ideas frente a un Barcelona que, al compás de Pedri, gobernó con facilidad la pelota.
La última baza
Viendo que su equipo no carburaba y el Barcelona no acababa de matar el partido, Giráldez se jugó la última baza: Aspas y Sotelo por Jutglà buscando energía en el medio campo y finura en el último pase. Estuvo lejos de conseguirlo, pues Iago no encontró resquicio para operar su magia y Sotelo, al igual que antes Borja, no fue capaz de proporcionar al equipo ese plus de vitalidad necesario para poner a prueba los a Joan García.
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