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Celta-Friburgo

El primer gol es desde el patio: los colegios de Vigo se conjuran por el Celta

Cientos de escolares de la ciudad confían en la remontada este jueves en Balaídos

La nueva generación de celtistas, «fillos dunha paixón» y de Oliveira, afronta su primera gran noche

Los colegios de Vigo animan al Celta para afrontrar la remontada en la Europa League

Marta G. Brea / Pedro Mina / Gabriela Barreiro / Víctor P. Currás / Pedro Fernández

Vigo

La infantería está lista para la batalla. «El que no crea que no venga», desafió Giráldez el domingo, y vaya si han creído. Decenas de profesores y cientos de estudiantes de Vigo han acudido este miércoles a las aulas con camisetas, chaquetas y bufandas del Celta demostrando que confían en la remontada ante el Friburgo. De Teis a Navia, de la costa a Beade, todos ellos —Barreiro, Bouza Brey, Pintor Laxeiro, Possumus, Monterrey, Amor de Dios, Javier Sensat...— han querido aportar su pequeño empujón de cara al partido del jueves a las 18.45 horas.

El llamamiento del Decano a través de FARO Educa a los centros escolares ha provocado una ola de apoyo casi inédita al club. No porque la ciudad nunca lo hubiera hecho, sino por la juventud de su fuerza. Equipaciones de casi todos los colores, temporadas y «Afouteza», el nombre del club o un premonitorio «4-0» fueron algunas de las leyendas que dibujaron en sus patios de recreo, desde donde ha seguido el camino para darle la vuelta a estos cuartos de final de Europa League.

El primer paso llegó el pasado viernes cuando la herida del 3-0 en el Europa Park aún estaba fresca. Como si de una armadura se tratase, decenas de estudiantes y trabajadores salieron a la calle con la camiseta del Celta. Era su forma de reafirmarse incluso en un momento algo complicado que, tras la derrota del domingo ante el colista, fue peor. «Para mí ser del Celta era un acto subversivo. He tenido que gritar que era del Celta todo el rato.

Con el himno quería transmitir una forma de vivir el celtismo activa. Para mí es un acto de militancia, pasará con más clubes, pero este es el mío. Ser del Celta está muy guapo», resumía C.Tangana cuando en julio de 2023 se presentó como Antón Álvarez Alfaro, el hijo de un vigués que creció en Madrid imitando los goles de Mostovoi.

Aquella obra polifónica junto a Keltoi, la Coral Casablanca o las Lagharteiras se ha convertido en una de las primeras melodías que han memorizado cientos de jóvenes vigueses. La misma que suena en bodas, gimnasios y discotecas se corea en las clases desde los cursos de infantil a las graduaciones de Bachillerato. Unas raíces de plata que ya muestran brotes fuertes, de los «fillos dunha paixón» que han nacido y crecido sin conocer la Segunda División.

Los nervios del día anterior

Los más afortunados estarán desde las cinco a orillas del Lagares recibiendo al equipo en Balaídos. Otros, beneficiados por el infame horario de la UEFA, lo podrán ver antes de irse a dormir por televisión. En el peor de los casos saldrán de alguna actividad extraescolar preguntando por un resultado que, digan lo que digan los más agoreros, aún no está escrito.

Si cada generación de gallegos quedaba marcada por un petrolero que se hundía frente a sus costas, las de los celtistas sufre su propio naufragio. En ellos se ven los mismos ojos de ilusión que tuvieron sus mayores -hermanos, padres y madres, profesorado...- antes en el Calderón, La Cartuja, Los Cármenes y Old Trafford.

También en un Balaídos que como ellos, rejuvenece su sabia. Este miércoles viven su víspera de Reyes particular: la noche en la que todos los deseos pueden cumplirse. Estos meses se han portado bien y esperan que Melchor, Gaspar y Baltasar traigan cada uno un gol contra el Friburgo. El primero de todos ya lo han marcado ellos desde el patio. Es la ilusión de toda una generación.

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